LA ARQUITECTURA MILITAR MONTALEMBERT EN VERACRUZ


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La torre de Mortella, destruida por los ingleses en 1794.

Fotografías  y Texto de  Mario Jesús Gaspar Cobarruvias

 

Una vez que nuestros visitantes reconocen que en el Estado de Veracruz tenemos en cuanto a edificios militares defensivos coloniales, una gran diversidad de tipos (fortalezas, baluartes, fortines y baterías de cañones), seguramente les llamará la atención que básicamente ven dos formas muy reconocibles: estructuras poligonales muy grandes, con gruesos muros en ángulos y dotados de cañones. Y otra que son torres altas, de tres pisos, con numerosas ventanas y tienen una base poligonal o semicircular.

 

Las primeras son las enormes fortalezas con baluartes en sus esquinas, orgullo de todas las ciudades que mantienen una en su suelo, con una historia arquitectónica que data desde el siglo XV pero que se desarrolló en plenitud en los siglos XVII y XVIII, gracias a la aportación de numerosos ingenieros militares y arquitectos al servicio de los reyes, construyendo prácticamente un continente de piedra en América y Europa. El mejor conocido y más famoso por sus aportaciones es el francés Sebastién Le Preste, marqués de Vauban (1633-1707) al servicio del rey Luis XIV. Él y sus discípulos en Francia y España levantaron y perfeccionaron numerosas fortalezas abaluartadas. En Veracruz podemos ver dos de ellas que contienen parte de sus ideas arquitectónicas para la guerra: San Juan de Ulúa y San Carlos en Perote.

 

Estas obras monumentales constituyen la expresión del poder del rey para defender sus intereses, en una época en que el imperio colonial español alcanzó su máxima extensión y la riqueza del Nuevo Mundo se empleó, entre otras cosas, para construir defensas contra sus enemigos más constantes: los piratas, los contrabandistas y las devastaciones de las armadas británica y francesa en el siglo XVIII. Sin embargo, para el siglo XIX, las constantes guerras europeas, los movimientos de independencia y la invasión de España por el ejército de Napoleón, aunado a una ineficiente burocracia y corrupción administrativa, propiciaron la decadencia económica en España y poco a poco, se dejaron de construir grandes fortalezas abaluartadas.

 

Estas requerían una enorme inversión en construcción, cañones, guarnición, aprovisionamientos y tiempo para estar listas (Ulúa tardó varios siglos en tener su aspecto actual y San Carlos 9 años para estar totalmente artillado). La política internacional española era muy desafortunada. En esa época, el jurista e historiador alemán Samuel von Pufendorf mencionaba que en aprovechamiento de las de riquezas americanas:

 

“España mantenía la vaca pero el resto de Europa se bebía la leche.”

 Marc-René de Montalembert_Mario_Jesús_Gaspar_Cobarrubias

Por ello, desde la segunda mitad del siglo XVIII, se buscaron soluciones más económicas para defender las ciudades y puntos estratégicos. Al principio se pretendía complementar las fortalezas, pero ya avanzado el siglo XIX, se trató de hallar un modelo diferente que fuera económico, rápido de construir y resistente. A la arquitectura abaluartada de Vauban, se sucedió la perpendicular o poligonal inspirada en las ideas del general francés Marc-René de Montalembert (1714-1800). Consistía básicamente en volver a usar el concepto de torre como centro de la defensa y darle el papel relevante que tenían los baluartes. No eran las torres altas y delgadas de los castillos medievales, diseñadas para soportar impactos de flechas y piedras lanzadas por catapultas, sino torres compactas a prueba de bombas capaces de resistir fuertes ataques con un número mínimo de soldados y cañones. Levantadas en pocos meses en sitios muy estudiados y altos de preferencia.

 

¿Qué factores motivaron el abandono gradual de los baluartes, además del enorme gasto económico? El más importante fue la evolución de la artillería y las armas de fuego. Entre los siglos XV y XVIII, las fortalezas eran atacadas con grandes cañones que lanzaban pesadas bolas de piedra que impactaban en las murallas, para abrir brechas donde la infantería pudiera penetrar y tomarlas por asalto. Vauban perfeccionó esta técnica llamándola fuego ricochet o de rebote.

 

Montalembert pensó en las balas explosivas que desmantelaban las fortalezas. Su defensa usaba cañones para atacar a distancia y conforme el enemigo se aproximara, sería detenido por el fuego mortal de los fusiles, que también se habían perfeccionado. Se inspiró en las baterías de cañones en fila que traían los grandes buques de tres puentes de su época, cuyo fuego concentrado igual batía naves que ciudades.

 

Sus torres tendrían esas baterías en casamatas resistentes y en la terraza, podrían colocarse cañones. Además, serían poligonales con más de cuatro lados, a fin de cubrir el mayor espacio posible con su fuego y vigilancia. El número de lados dependería de los accidentes del terreno donde fuera edificada la construcción, no tendrían que ser idénticos y podían asegurarse con sistemas de trincheras alrededor.

 

El diseño de Montalembert no fue aceptado en Francia, que prefirió seguir el sistema abaluartado. Pero el 7 de febrero de 1794 sucedió un episodio bélico que devolvió su validez a la torre como elemento eficiente de defensa. Ante el ataque de los buques de guerra ingleses HMS Fortaleza e HMS Juno (con 74 y 32 cañones respectivamente), la guarnición francesa en la isla de Corcega, se replegó a una vieja torre medieval en Mortella y se trabó un intenso combate que duró dos días. Los ingleses desembarcaron y terminaron dando cuenta del edificio.

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Diseño propuesto para la batería de Punta Mocambo en 1782.

 

Se asombraron al constatar que apenas 38 hombres y 3 cañones habían resistido tanto a decenas de cañones. Estas torres tenían tres grandes ventajas sobre los navíos:

  • El balanceo del mar hacia impreciso el fuego desde a bordo (por ello se decía que un cañón terrestre valía por tres navales).
  • Tenían que ser tomadas por asalto con infantería.
  • Podían aprovecharse adaptarse las robustas torres del recién inaugurado telégrafo óptico dotándolas de cañones y personal militar.

Tras retirarse y volar la torre con explosivos, copiaron el modelo arquitectónico y fortificaron sus costas con cientos de torres llamadas Martello para resistir la invasión de Napoleón a Inglaterra, prevista en 1805 y que nunca se llevó a cabo.

 

Por su parte, los españoles ya habían experimentado con torres-baterías de cañones para economizar en la defensa de las costas hispanas en el siglo XVI y de los extensos litorales mexicanos en los años posteriores. Un ejemplo fue el diseño propuesto en 1782 para la ya desaparecida batería de cañones en Punta Mocambo, en Boca del Río Veracruz. La nueva forma sería cilíndrica, resguardada por 30 soldados y montando 8 cañones.

 

La arquitectura poligonal propiamente dicha podemos verla ya en las atalayas de 8 lados del Cerro del Fortín en Soledad de Doblado y del Paso del Macho; estructuras que restauradas en 1989 y 1935 respectivamente, aun pueden visitarse.

 

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Fortín de Órdenes Militares construido entre 1815 y 1816.

Pero el mejor ejemplo del diseño de Montalembert en el Estado de Veracruz,  se encuentra en la cadena de fortines del Camino Real Veracruz-Jalapa que a partir de 1815, mandó a levantar el brigadier venezolano Fernando Miyares y Mancebo, en puntos importantes como la hacienda El Lencero, Cerro Gordo, Plan del Río, Puente Nacional y La Antigua.

La mejor de todas ellas es el Fortín de Órdenes Militares en la tercera de esas poblaciones.

 

Viendo que la guerra con los insurgentes de Guadalupe Victoria estaba dejando sin recursos económicos a la  a la metropoli por la apropiación de los caudales de la Real Hacienda, y en común acuerdo con el virrey Félix Calleja, Miyares hizo un estudio de la zona y determinó utilizar las fortalezas de San Juan de Ulúa y San Carlos como cuarteles generales en ambos extremos del Camino Real y establecer puntos de apoyo edificados en el menor tiempo posible (la expedición de Miyares a la Nueva España fue financiada por los comerciantes de Cádiz y tenía instrucciones terminantes de liberar la ruta, para ello se le dio el mando de tropas bien entrenadas y atribuciones especiales para gobernar  la parte de la provincia de Veracruz que abarcaba las villas más prósperas como Jalapa, Córdoba y Orizaba).

 

Ante semejante presión que esperaba rápidos resultados, eligió edificar torres y no baluartes. Según sus palabras:

 

“Propuse que los fuertes se construyesen bajo este sistema que prescribe el general Montalemberg, por considerarlos yo los más a propósito para la especie de guerra que se hace en este país.”

 

Todas las ventajas prescritas para este sistema defensivo que tanto justificaba en sus cartas al virrey, Fernando Miyares las hizo realidad en Plan del Río:

  • El fuerte de 9 metros de altura lo construyó con ayuda de los hermanos Manuel Joaquín y José Antonio Rincón Calcáneo en tan solo dos meses y medio (de diciembre de 1815 al 18 de febrero de 1816) a un costo de 2.600 pesos de la época.
  • Adaptó las dimensiones al desigual terreno, las medidas de los 7 lados son: oeste/este (3.42 metros), sur/sureste/suroeste (8.30), noreste (9.80) y noroeste (9.60) formando un polígono armonioso.
  • El eje central del edifio lo constituye un robusto pilar pensado para sostener la viga de un telégrafo óptico.

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    Plataforma de cañones en el fortín de Órdenes Militares.
  • La terraza admite cañones en 5 de sus 7 lados. Inicialmente fue armado con un obús* para proyectiles con peso de 4 libras y un cañón de 6. Pero podían subirse incluso las pesadas piezas de a 12 libras. Las cortas piezas llamadas obuses disparaban municiones explosivas con metralla en ángulos elevados, logrando un alcance de entre 450 y 1.600 metros desde la altura de 70.26 metros en que se halla el fortín; construido a propósito en la cresta de un cerro con 3 de sus 4 lados inaccesibles para subir. Con estas ventajas no precisaba de montar decenas de cañones como los baluartes y podía controlar visualmente tanto las calzadas como puentes del Camino Real situados más abajo.
  • Además le hizo aberturas suficientes para recibir con nutrido fuego de fusiles desde lo alto, a los atacantes que superando las bien situadas trincheras exteriores, se aproximaran a la entrada, situada en el segundo de los tres niveles.
  • También logró economizar el pago de un gran número de soldados (los baluartes requerían cientos). Mencionaba que 80 eran la estimación de hombres que podía contener el fuerte, pero que con 20 y 1 oficial estaba igualmente seguro sin descuidar la defensa.
  • El almacén tenía víveres para 4 meses y municiones para un largo asedio. Hasta donde se sabe, el fortín nunca fue tomado por asalto ni bombardeado.

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    Poblado de Plan del Río desde una cañonera del fortín.

El sistema poligonal se impuso gradualmente en Europa después de 1850, construyéndose cientos de torres. Su aplicación se puede rastrear hasta la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en los emplazamientos de artillería DCA (defensa contra avión) en Berlín.

 

El Estado de Veracruz puede estar orgulloso de mostrar a sus visitantes un esplendido ejemplar Montalembert de principios del siglo XIX muy bien conservado. En 2007 fue restaurado por el arquitecto Alfonso García y García de la Universidad Veracruzana y actualmente está abierto para su visita al público en Plan del Río.

 

* obús.

(Del fr. obus, este del alemán Haubitze, y este del checo hofnice, máquina de lanzar piedras).

La palabra obús hace referencia a diferentes piezas de artillería y a sus municiones.

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Modelo de un obus español de a 4 libras (82 mm de calibre)

DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA – Vigésima segunda edición