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HISTORIA DE LOS LANCEROS DE VERACRUZ Y SU CUARTEL EN LA ANTIGUA


lancero01por Mario Jesús Gaspar Cobarruvias
Una producción de Mario Jesús Gaspar Cobarrubias, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Una investigación de Mario Jesús Gaspar Cobarrubias, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

La defensa de la costa veracruzana durante los tres siglos de gobierno virreinal recayó no solo en las fortificaciones como San Juan de Ulúa, los baluartes de la Nueva Veracruz y las diversas baterías de cañones construidas en las puntas costeras (Coatzacoalcos, Alvarado, Antón Lizardo, Mocambo, Hornos y Punta Gorda), pues estas constituían un dispositivo fijo que debía complementarse con tropas móviles. Estas, a su vez, debían ser nativas de la insalubre región, estar aclimatadas, disponer de sus propios caballos y armas, conocer lo mejor posible la región en que operarían y responder ante la autoridad española.

Desde 1550 se forman las primeras milicias provinciales con pardos y morenos libres, en 1599 se integran las primeras compañías de lanceros. Siglos más tarde, la captura del puerto de La Hábana por la flota inglesa en 1762, pone en alarma completa a la corona española, pues este hecho revela, entre otras muchas cosas, la incapacidad del real ejército por proteger territorios tan extensos, aun estando fortificados. Así pues, se instaura el servicio militar profesional y a partir de noviembre de 1764 llegan a Veracruz nuevos ingenieros y regimientos de infantería que se agregan a las compañías ya existentes y milicias costeñas, aumentando gradualmente sus efectivos en las décadas siguientes.
Una de esas milicias provinciales que mayor éxito tuvo, fue el batallón de los Lanceros de Veracruz. Los antecedentes de este cuerpo de caballería se remontan a la aplicación de la real cédula emitida por el rey Felipe III el 30 de noviembre de 1599 ordenando la creación de milicias para las ciudades, integrando a los vecinos. Por ello, se ordenó hacer alardes o revistas tres veces al año para contar a los hombres, armas y caballos de que se podía disponer.

Diseño de uniformes de las Compañías de Milicias Urbanas de Blancos, Pardos y Morenos de Veracruz en 1767 (Fuente: Archivo General de la Nación)

También las milicias surgen por la necesidad española de combatir a los bandoleros cimarrones en su propio terreno y establecer una vigilancia policíaca urbana y rural; así como a la precaución de no integrar contingentes de indígenas armados que podrían rebelarse ante una población española aun sensiblemente minoritaria.

Los lanceros eran unidades de caballería cuya arma principal era una lanza de cerca de 3 metros de largo. Cargaban contra el enemigo en escuadrón compacto sin romper filas y dando el mayor alcance de la lanza sobre las bayonetas, podían romper cuadros de infantería. La caballería en el siglo XVIII se dividía en estas categorías:
Caballería/Dragones (Término genérico para todos los jinetes)
1. Caballeria ligera -Lanceros (lanza) -Carabineros (carabina) -Cazadores (pistola y sable) -Presidiales (lanzas)
2. Caballería Pesada -Coraceros (coraza, pistola y sable) -Húsares (carabina, pistola, lanza y sable)
Aunque desde la Edad Antigua (3000 a.C.-476 d.C.) han existido cuerpos de combatientes a caballo armados con lanzas, esta arma ya estaba superada en el siglo XVIII por el desarrollo ininterrumpido de los cañones, mosquetes y pistolas desde el siglo XII. Por lo que el concepto europeo moderno del lancero se remonta a los combatientes polacos, quienes complementaban su arsenal con un sable, dos pistolas y una carabina. En caso de quedar desmontados, podían integrarse enseguida a la batalla como soldados de infantería.
En la Nueva España, y particularmente en el accidentado terreno veracruzano, el poseer un caballo y armas propias daban extraordinaria movilidad a los propietarios de ranchos y haciendas, que aunado a su conocimiento del terreno, les hacían temibles adversarios y excelentes exploradores para el ejército regular. La lanza no solo servía como elemento de choque, sino como arma punzante con gran variedad de usos, irresistible durante una persecución. Por lo que no fue extraño que durante la Guerra de Independencia (1810-1821), en las haciendas se armaran grupos de lanceros comandados por sus propietarios o dependientes y se sumaran a las fuerzas regulares realistas.
Pese a su caducidad ante las bocas de fuego, el uso de la lanza perduró hasta la década de 1940, siendo los regimientos de caballería polaca al inicio de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) los últimos en usarla en cantidad. Las armas de repetición en el disparo y sobre todo, la invención de la ametralladora en 1862, sentenciaron a muerte las heroicas pero suicidas cargas de caballería. La última que se conoce en México, sucedió el 8 de mayo de 1920 en los llanos de Apizaco, Tlaxcala, protagonizada por los dragones del Regimiento General Ignacio Allende defendiendo al presidente Venustiano Carranza, del ataque de las fuerzas insurrectas al mando del General Álvaro Obregón.

Plano del cuartel de Lanceros de Veracruz en La Antigua, trazado por el ingeniero Manuel Agustín Mascaró en 1803 (Fuente: Archivo General de la Nación)

MILICIA PROVINCIAL DE CABALLERÍA
No se ha conservado la fecha exacta de creación de la milicia provincial de Lanceros de Veracruz, pero aparecen registrados en el informe titulado ESTADO QUE MANIFIESTA EN QUE SE HALLAN LOS CUERPOS DE INFANTERÍA, DRAGONES Y COMPAÑÍAS SUELTAS QUE HAY EN EL REINO DE LA NUEVA ESPAÑA con fecha del 7 de septiembre de 1758, en la categoría de unidades de milicia no urbanas, junto con dos compañías de pardos y morenos de Veracruz. Al detallar las fuerzas que se organizaron para la defensa de la costa en previsión de una invasión inglesa durante la Guerra de Siete Años (1756-1763), por el virrey Joaquín Juan de Montserrat y Cruïlles entre 1764 y 1765, el historiador Manuel Rivera Cambas señala una fecha diferente en su obra HISTORIA ANTIGUA Y MODERNA DE JALAPA Y DE LAS REVOLUCIONES DEL ESTADO DE VERACRUZ publicada en 1869:
“Ademas, para las costas del Norte y del Sur fueron creadas diez y ocho compañías de pardos libres en 1777, en las cuales se contaban los lanceros de Veracruz de los que hablaremos adelante.”
Después, escribe que:
“La falta de población en las costas, dió motivo de diversos proyectos, que les fueron propuestos á los vireyes para cubrir las bajas del cuerpo de caballería Lanceros de Veracruz, creado en 1767, compuesto de siete escuadras, cuya fuerza total ascendió nominalmente en 1806 mil hombres, siendo entonces du comandante el teniente coronel D. José Manuel Panes.”
Otras razones fueron el aumento de esclavos cimarrones cerca de la Nueva Veracruz, consecuencia de la aplicación de reformas económicas que aumentaban significativamente el número de esclavos negros.
Para 1799 ya tenían 1000 milicianos divididos en siete escuadras que habitaban afuera de la ciudad y 140 ranchos, la mayoría en el mayorazgo de Santa Fé, sembrando maíz, plátano, calabaza y frijol cuando no estaban en servicio. Su composición viene detallada en el volumen 47 del Indiferente de Guerra del año 1799 (Archivo General de la Nación):
Primera escuadra: 100 hombres situados a extramuros de la ciudad, en el campo próximo a la iglesia del Cristo del Buen Viaje (1 alférez, 2 sargentos, 1 tambor, 4 cabos y 93 jinetes rasos).
Informa Rivera Cambas que esta escuadra tomaba los reemplazos quc necesitaba, en el distrito comprendido desde Veracruz y la Tejería hasta Paso Tolome y Acazónica, abarcando la zona poblada entre los ríos de San Juan y la Antigua.
Segunda escuadra: 150 hombres en la villa de Medellín (1 capitán, 1 alférez, 2 sargentos, 1 tambor, 4 cabos y 143 jinetes rasos).
Sus efectivos provenían de las poblaciones situadas desde Boca del Rio hasta Ia laguna de Mandinga y Mata do Pita, comprendiendo a los pueblos de Medellín y Xamapa.
Tercera escuadra: 150 hombres en Xamapa (1 teniente, 1 alférez, 2 sargentos, 1 tambor, 4 cabos y 143 jinetes rasos).
Tenia asignado el espacio circunscrito por Xamapa y Cotaxtla hasta cerca de Huatusco, pasando por la Aguardientería, y colindando con la Primera Escuadra por medio del río San Juan.
Cuarta escuadra: 150 hombres en Tlalixcoyan (1 capitán, 1 alférez, 2 sargentos, 1 tambor, 4 cabos y 143 jinetes rasos).
Sus hombres custodiaban el territorio que se extiende desde Joluca hasta Moyota, comprendiendo el pueblo de Tlalixcoyan.
Quinta escuadra: 150 hombres en Estanzuela (1 capitán, 1 alférez, 2 sargentos, 1 tambor, 4 cabos y 143 jinetes rasos).
Esta tropa tenia la vigilancia más occidental de la división central de las costas veracruzanas, comprendía las rancherías de Concepción, Santa Rita y Mata la India, teniendo por cabecera el pueblo de la Estanzuela.
Sexta escuadra: 150 hombres en Veracruz La Antigua (1 capitán, 1 alférez, 2 sargentos, 1 tambor, 4 cabos y 143 jinetes rasos).
Tomaba sus reemplazos de La Antigua y San Carlos, y de las rancherías situadas hasta Santa Rosa, Paso Naranjo, La Laja, Pueblo Viejo, Rinconada, Paso Gallina y Carretas, entre otras muchas otras.
Séptima escuadra: 150 hombres en Actopan (1 teniente, 1 alférez, 2 sargentos, 1 tambor, 4 cabos y 143 jinetes rasos).
Les estaban asignadas las poblaciones que cubren el largo espacio que hay desde Tortugas hasta Plan del Río y Cerro Gordo.
Esta distribución está reflejada fielmente en el MAPA CHOROGRAFICO DEL TERRITORIO QUE ABRAZA LA DEMARCACION DEL CUERPO DE CAVALLERIA DE LANCEROS DE VERACRUZ que envía el comandante de lanceros, Nicolás de Monteagudo, al virrey Juan José de Azanza el 31 de enero de 1799 y para su aprobación. Este mapa indica los sitios donde hay un pueblo que es cabecera para la compañía o escuadra ahí alojada (como La Antigua), donde está una hacienda (como Buena Vista), un pueblo común (como Santiago Guatuzco) o un rancho (como Ventorrillos).
En 1810, con un millar de efectivos constituían el mayor de los cinco regimientos de caballería provincial en la Nueva España, aunque dispersos en un área geográfica muy grande. Abajo de ellos, estaban los regimientos de Querétaro y del Príncipe, estacionados en El Bajío con 367 hombres cada uno, además de los de Puebla, San Luis y San Carlos. Otras fuerzas existentes eran la caballería de Sierra Gorda, los dragones de San Luis, Colotlan y los del Nuevo Santander.
Se menciona la existencia de este cuerpo en la relación que don Carlos María de Bustamante hace de las fuerzas armadas del virreinato en 1816 en su obra CUADRO HISTÓRICO DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA. Los Lanceros de Veracruz combatieron contra los insurgentes estando clasificados como fuerza de caballería ligera provincial.

Explicación de los componentes del cuartel de Lanceros de Veracruz en La Antigua, en el plano trazado por el ingeniero Manuel Agustín Mascaró en 1803 (Fuente: Archivo General de la Nación

UNIFORMES Y FUNCIONES
Inicialmente estaban uniformados según las exigencias del clima: con pieles de venado, fresco, liviano y resistente a los golpes, muy acertado para las inclemencias de la región. Sin embargo, el Inspector de Caballería Francisco Douché, tras una revisión propuso un nuevo vestuario, más a la moda europea que a lo que el clima exigía. En 1769 se les impuso una casaca azul, aunque forrada de lienzo blanco por lo ardiente del clima, eliminando de las ordenanzas las pieles de venado.
Armados con fusil o carabina, pistolas, sables, lanzas y montados en sus propios caballos, los integrantes de este cuerpo desempeñaban las siguientes funciones:
1. Perseguían a los bandidos, protegiendo las haciendas y fincas.
2. Patrullaban la costa en tiempos de guerra.
3. En tiempos de paz hacían labores de escolta a los forzados destinados a las obras públicas, correos, bienes y funcionarios del gobierno.
4. Apresaban a los contrabandistas, desertores o de negros huidos.
5. También eran guardafronteras que aseguraban el control de los caminos reales y en caso de guerra, la primera linea de la defensa militar.
6. Servían como guardias de los virreyes, acompañándolos en ocasiones y ceremonias excepcionales. Lo normal es que escoltaran al virrey a su paso entre la Nueva Veracruz y Puebla.
7. En forma general las milicias debían preservar el orden en su región. Lo mantenían por medio de patrullas o la simple observación de los vecinos. Ante un peligro común, como bandoleros, piratas o una revuelta, daban la alarma y formaban el cuerpo, integrándose en un punto conocido.
8. En otros casos, bajo la solicitud del alcalde o cacique, se formaban y marchaban a poner el orden. Debían aportar sus propias armas, cabalgaduras y uniformes. Estos podían ser aportados por un personaje acaudalado de la región, con lo cual podía obtener un alto cargo que le permitía portar uniformes e insignias, distinguiéndole en la sociedad monárquica de la época.
9. En el aspecto militar estaban obligados a una asamblea por lo menos una vez al año, donde tomaban lecciones para conocer los rudimentos de la disciplina militar, además de pasar revista a las armas y enseres necesarios. En algunas ocasiones estas asambleas eran supervisadas por personal militar veterano, quien instruía la tropa y a la oficialía.
En su mayoría eran terratenientes, la élite de la provincia, como la caballería villana de la Castilla Medieval. Igual que el ejército territorial, se organizaban bajo oficiales peninsulares. Eran los milicianos de más prestigio y solera del Virreinato de Nueva España. Según el Censo Militar de 1793, sus miembros pertenecían a las castas sociales de blancos, mestizos, pardos y morenos libres.
Su principal valor como fuerza armada radicaba en que estaban acostumbrados al clima y enfermedades de la costa veracruzana, podían trabajar en una zona que resultaba difícil y hasta mortal para las personas provenientes de otras zonas del virreinato y de Europa.
Se entrenaban por su cuenta en la caza, utilizando la media libra de pólvora y municiones que se les proporcionó a iniciativa del ingeniero Matías de Armona a partir de 1781. Tras constatar su alto grado de autonomía y rebeldía a las ordenanzas, así como su apego a la defensa de sus familias, tierras y ganados, que a su vez proporcionaban alimentos a la Nueva Veracruz y otras poblaciones, por lo que convenía no exasperarles.
Armona determinó también abandonar el uso de manuales de instrucción, no acuartelarles pues la idea del servicio militar era altamente aborrecible, y solo reunirlos en días de fiestas, a fin de no incomodarles; pues ante la inexistencia de grandes ejércitos regulares -que representaban un gran costo a la Real Hacienda-, la defensa novohispana dependía mucho de estos jinetes y sus capacidades como exploradores, guías, cazadores expertos por desenvolverse en el mismo terreno donde vivían.

Proyección bidimensional del Cuartel de Lanceros de Veracruz sobre mediciones realizadas el 6 de mayo de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

DOS PRIVILEGIOS DECISIVOS
También se les concedió desde el reinado de Felipe V (1700-1746) el privilegio del fuero militar y el no pagar oficialmente tributos a cambio de jurar lealtad al rey y cuidar sus dominios en peligro. Estos privilegios fueron instituidos intencionalmente para atraerlos al reclutamiento.
El más codiciado era el fuero militar, pues sus poseedores quedaban sustraídos del derecho civil para ciertas cosas que le son naturales como, por ejemplo, matar a otra persona, apropiarse de bienes, restringir la circulación y poseer armas. Por lo que sus acciones solo pueden ser enjuiciadas bajo el derecho militar y bajo las leyes que lo regulan. Este privilegio era dado a los integrantes de la milicia pero solo durante su servicio, Sin embargo, muchos lo tomaban como un derecho permanente, lo que en muchas ocasiones creó problemas entre las autoridades civiles y militares, ya que los milicianos amparaban acciones criminales en el fuero de guerra. Por esta razón, la Real Orden del 4 de febrero de 1778 reglamentó su pertenencia a la jurisdicción castrense solo mientras estuviesen en campaña.
Participar en la milicia obligaba a los milicianos a distraerse de sus ocupaciones económicas habituales, por lo que era muy utilizado como excusa para no cumplir con el servicio, ya que al no trabajar y no recibir un salario por su servicio, no podían pagar los impuestos que debían cubrir ni en muchos casos alimentar a sus familias. Esto obligó al gobierno a emitir reglas para exceptuar del pago de impuestos y alcabalas a los integrantes de las milicias durante el tiempo de su servicio. Pero como solo producían cuando estaban fuera de él, el gobierno virreinal debió exceptuarlos todo el tiempo que pertenecieran a la milicia, estuvieran o no de servicio, e incluso como recompensa luego de dejar el servicio.
Este privilegio creó un problema, ya que pueblos enteros estaban enrolados en la milicia por lo que dejaban de pagar los impuestos necesarios para el gobierno, por lo que el gobierno organizó a varios pueblos como milicias dejando a muchas otras fuera del servicio, sobre todo en la zona costera donde las milicias de pardos podían dar un mejor servicio al rey que el ejército regular. El privilegio era dejado patente por los milicianos mediante algún distintivo. Si este era encontrado en una persona ajena al servicio podía ser duramente castigado.
Además, en tiempos de guerra, los gastos generales del cuerpo eran a costas del erario público, por lo que pueblos, ranchos y haciendas debían proporcionarles medios para sus funciones, tales como forrajes, alimentos, caballos, soldados, etc.
Tal era su importancia como defensores de las costas y caminos, que en 1799 al ser conminados por don Mateo Antonio de Zárate, dueño del Mayorazgo de Santa Fé, a que abandonaran sus ranchos, los lanceros acudieron con el gobernador de Veracruz. Éste, por instrucciones reales y en reconocimiento a sus muchos años de servicios prestados en la tanto en la paz como en la guerra, falló a favor de ellos otorgándoles el reconocimiento de propiedad de las tierras que tradicionalmente ocupaban.
EL CONCEPTO DE CUARTEL MILITAR
Las características del edificio corresponden a la arquitectura militar de principios del siglo XIX pero muy desarrollada en el siglo XVIII en Europa y América, paralelamente a la fortificación abaluartada, polvorines, hospitales y baterías de cañones. Su tipología es la de cuarteles militares. En su obra GLOSARIO ILUSTRADO DE TÉRMINOS DEL PATRIMONIO MILITAR publicada en 2000, la licenciada en historia del arte Tamara Blanes Martin (Universidad de La Habana), define que es un CUARTEL:
“Alojamiento de los oficiales y la tropa colocado en una de las bóvedas de la fortaleza o en otro tipo de construcción más ligera situada en la plaza de armas. A partir del siglo XIX el cuartel comienza a tener relevancia como obra independiente y su tipología se caracteriza por su amplitud y solidez. En América se utiliza para la artillería, caballería e infantería.”
El cuartel es la expresión material del concepto de ejército permanente de base nacional, que evolucionó desde el siglo XVII y se asentó firmemente en el XVIII, unido a la creación del Real Cuerpo de Ingenieros en 1711. Fue la solución oficial para alojar apropiadamente a un grupo numeroso de hombres armados, sin sobrecargar la economía de los pueblos y ciudades, además de alterar su paz pública, alojando a los oficiales y soldados en casas particulares, mesones y edificios abandonados. Por ello, se trataba de edificios especializados que guardaban características arquitectónicas básicas en común y a veces solo se diferenciaban por el tamaño y la ornamentación. Se desarrollaron dos grandes tipos de cuarteles en Francia y España, que describe José Antonio Sebastián Maestre en su PLANIMETRÍA DEL CUARTEL ESPAÑOL DEL SIGLO XIX publicado en 1992:
“El primer tipo conocido, tanto en España como en la mayoría de los países europeos, se debe al mariscal francés Vauban, quien construyó acuartelamientos aprovechando antiguas construcciones en las murallas. Se trataba de unos edificios longitudinales recorridos por un muro medianero y por una serie de tabiques transversales. Los cuales originaban aposentos en los que se agrupaban de diez a doce soldados, en comunicación con la calle mediante una escalera que servía para cada cuatro habitaciones. En los extremos de estos se situaban los pabellones de oficiales: y las cuadras en espacios independientes.

Vista del cuartel desde el sureste de la avenida La Estación Poniente, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

El segundo modelo, propuesto por Bernard Forest de Bélidor, tendrá validez hasta mediados del siglo XIX, innovando el cuartel de Vauban. Agrupaba cuatro cuerpos, igual a los anteriores, en tomo a un patio central para facilitar luz a las habitaciones y lugar de ejercicios para la tropa. Se trataba de edificios urbanos especialmente apropiados para el tiempo de paz y no sólo de guerra. El nuevo tipo de cuartel planteado por Bélidor contó con la aprobación del propio Vauban.
Respecto a la legislación correspondiente a este período. en relación a los cuarteles. hay dos Reglamentos de suma importancia redactados en el año 1718: uno de ellos aprobado el 8 de Abril. fue mandado redactar por el monarca al Ingeniero General de sus Ejércitos, Jorge Próspero Verbom. A este Reglamento. conocido como el «Proyecto General Impreso». acompaña un plano; ambos se mandan distribuir por todas las provincias para que los cuarteles de nueva planta que en ellas se hagan se ajusten a este modelo. El 7 de Abril se redacta el segundo de ellos, un Real Reglamento «Para establecer cuarteles en España, Islas y Presidios, correspondientes al alojamiento de la Infantería, Caballería, Y Dragones»; en el que se da noticia de la labor que ha de desempeñar el ingeniero dentro del proceso de construcción de estos edificios. También se deja en él reglamentada la competencia profesional, los requisitos de los proyectos y las reglas de actuación de los ingenieros. Estos dos Reglamentos determinaron tanto el tipo de construcción cuartelaria a realizar como la función y el desenvolvimiento del ingeniero militar en su profesión; y en consecuencia la importancia de esta institución.”
Hacia 1740 los proyectos para edificar cuarteles militares fueron uno de las temáticas más frecuentes en los ingenieros militares españoles. Pese a sus esfuerzos por hacerlos cómodamente habitables para la tropa, hay que destacar que la repugnancia que tenían los Lanceros de Veracruz a la vida de cuartel estaba bien justificada, como señala José Omar Moncada Maya, del Instituto de Geografía UNAM en México, en su ponencia EL CUARTEL COMO VIVIENDA COLECTIVA EN ESPAÑA Y SUS POSESIONES DURANTE EL SIGLO XVIII:
“La vida en los cuarteles, en cualquier caso, no era sencilla ni fácil. Existían claras diferencias entre las condiciones de vida de los soldados y los oficiales, y aun entre los propios soldados. Así, por ejemplo, a los cadetes o soldados distinguidos o de primera, “no se les permitía familiaridad con la tropa y solo debía tener tratos con los oficiales, aunque debía obediencia a los cabos y sargentos. Con estos últimos compartía rancho aparte… tanto unos como otros, dormían en habitación separada o pernoctaban fuera del cuartel en casa de su familia, en caso de que ésta residiera en la misma localidad”. Pero en el caso de habitar en el cuartel, las condiciones eran realmente difíciles. En el último tercio del siglo, solo existía una cama para cada dos soldados, que se turnaban para su uso; además, en el dormitorio, por cada 20 soldados, había una mesa, dos bancos, un baúl, una jofaina y una lámpara de aceite. Hasta 1766, se le daba una única comida a la tropa. Ello lo señalaba el inspector de infantería:
De veinte años a esta parte ha subido tanto el precio de los comestibles, que en los años en que más abundan las cosechas, come infelizmente el soldado: dos onzas de tocino, quatro de arroz, o el equivalente en menestras, algunos menudos o despojos en lugar de tocino, es todo su sustento al mediodía.
Como consecuencia de informe de O’Reilly, se incrementó el prest de la tropa, lo que permitió darle dos comidas diarias, aunque su alimento principal era el pan:
Minuta 1:
Tocino 60 gramos. Arroz 120 gramos. Pan 700 gramos.
Minuta 2:
Menestra 60 gramos. Despojos 120 gramos. Pan 700 gramos.
La vida al interior de los cuarteles era bastante monótona. Dado que los soldados estaban casi siempre en servicio, debido a la falta de efectivos, tenía poco momentos de ocio. Sus momentos de descanso correspondían “a las horas que mediaban entre la lista de la tarde y la retreta. Durante ellas y después del rosario, cuyo rezo era obligatorio en los cuarteles, el soldado podía pasear fuera del cuartel. Era relativamente común que los soldados ejercieran en esos momentos algún oficio artesanal, para ganarse unas monedas que complementaras sus exiguos ingresos.”
Este último aspecto de ingresos económicos, lo practicaban extensamente los milicianos que residían a extramuros, dedicándose a la agricultura o a oficios artesanales en los tiempos libres de guardias.
En el territorio veracruzano destacan los cuarteles militares de infantería y caballería construidos en las poblaciones principales de Nueva Veracruz, Xalapa, Perote y el de La Antigua queda como ejemplo de los edificados en las poblaciones pequeñas con menos de 1.000 habitantes. El más grande fue el gran complejo en la Nueva Veracruz que podía alojar a 3 batallones de infantería, 1 escuadrón de dragones y 500 forzados en la galera, abarcando dos grandes cuadras enteras integrado a la muralla sureste durante su existencia entre 1792 y 1945.
EL CUARTEL EN LA ANTIGUA
La Sexta Escuadra con 150 hombres situados en La Antigua, cubría no solo esta población, sino también las haciendas de Paso de Varas que tenia 35 habitantes, La Ventilla con 119, La Rinconada con 147, la del Farallón con 7 y 27 rancherías más, habitadas por 330 españoles, 739 mestizos y 1187 pardos y morenos. Debido a la enorme extensión geográfica de sus deberes, que incluían el camino real Veracruz-México por la ruta de Xalapa-Perote pasando por La Antigua, y a la gran alerta por el nuevo estado de guerra con Inglaterra debido al rompimiento del Tratado de Amiens en 1803, los Lanceros de Veracruz se movilizaron junto a grandes fuerzas procedentes de diversas regiones del virreinato.
Se tiene constancia en diversos planos de proyectos para unir al pueblo de La Antigua con la orilla opuesta a la altura de la confluencia del río San Juan con un gran puente de barcas, de la referencia a unos cuarteles de caballería divididos en cuatro secciones, atrás de la parroquia del Cristo del Buen Viaje, casi en la misma ubicación que los actuales pero coincidiendo con el camino que desde el puente llevaría al centro del pueblo. El plano se enfoca al puente y no específica si tales cuarteles ya existían o eran parte del proyecto a construir como complemento del puente. Si ya existían o se hicieron años después, es de presumirse que se trataba de barracones de madera con techo de palma -adecuadas al clima tórrido- y no de obras de mampostería. Uno de esos proyectos que señaliza los cuarteles por su nombre, es el PLANO DE PARTE DE EL LUGAR DE LA ANTIGUA, CINCO LEGUAS DE LA PLAZA DE VERACRUZ DONDE SE MANIFIESTA PONER UN UN PUENTE, cuyo autor fue el ingeniero militar Agustín López de la Cámara Alta, posiblemente hacia 1762.
Por lo estratégico del área que custodiaban desde décadas antes combatiendo a los bandidos y contrabandistas marítimos, se tomó la decisión de construirles un cuartel de caballería permanente y mejor diseñado, cuyo plano fue trazado en 1803 por el ingeniero militar Manuel Agustín Mascaró en el documento titulado PLANTA Y ELEVACIÓN DEL CUARTEL EN ANTIGUA VERACRUZ, mismo que se halla actualmente en el Archivo General de la Nación.
El ingeniero Mascaró nació en 1747 en la ciudad de Barcelona e ingresa en 1766 a la Academia de Matemáticas de la misma ciudad, egresando en 1769 como subteniente de infantería y ayudante de ingeniero. Tras prestar servicios en Figueras, Orán, Barcelona, Cartagena, en 1776 asciende a ingeniero extraordinario. En 1778 desembarca en Veracruz. Desarrolló una gran actividad en el trazo de planos en la Ciudad de México, así como en la nueva población del Real de Minas de El Oro. Su obra magna fue el proyecto y hechura del camino real de México a Toluca, de 1791 a 1795, como primer director. A partir de este último año trabajó extensamente en el territorio veracruzano, alcanzando el grado de coronel en 1804, en que solicitó su relevo pero al no efectuarse, se mantuvo tres años más.

Vista frontal del cuartel de Lanceros de Veracruz (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

En 1808 trabajó en restauración y construyendo un aljibe en la fortaleza de San Diego, Acapulco. Mermada su salud, regresó a la Nueva Veracruz y fue nombrado brigadier subinspector de ingenieros en 1809, de este año datan sus últimos trabajos en Nueva España. Se considera, ante la falta de referencias firmes en los archivos del Real Cuerpo de Ingenieros, que entre 1810 y 1812 regresó a Barcelona y fue se le distinguió con el ascenso al grado de sargento mayor agregado al Regimiento de Infantería de Baza y sargento mayor de Infantería de los Leales Marquesados, uniéndose a la lucha contra los ejércitos napoleónicos. Falleció en su ciudad natal hacia 1818.
El ingeniero Mascaró edificó también otros tres cuarteles militares: el de Milicias en Veracruz (1798), el de alojamiento de tropas en Xalapa (1803) y la llamada Galería de Guano (palma) para la Primera Escuadra de los Lanceros de Veracruz a extramuros (1805).
El edificio actual, contrario a la tradición oral del pueblo de La Antigua, a lo que se publica en muchos sitios de internet o mencionan el gobierno del Estado de Veracruz y muchos guías de turistas, no fue caballeriza de Hernán Cortés, ni edificado en el siglo XVII ni obra de Antonio López de Santa Anna. La estructura corresponde casi integramente a la proyectada en los planos del ingeniero Mascaró en 1803 y fue construida antes del inicio de la Guerra de Independencia.
En 1815 se efectúo la victoriosa campaña militar del brigadier Fernando Miyares y Mancebo, para expulsar a los insurgentes del camino real entre Perote, Xalapa y Veracruz. El 8 y 13 de diciembre captura los fortines insurgentes en Puente del Rey y el río La Antigua, abandonados por los líderes Guadalupe Victoria y el Chino Claudio respectivamente. Es recompensado con el puesto de gobernador interino de la Nueva Veracruz y encargó un informe detallado del estado de defensa de la ciudad y zonas aledañas al teniente-coronel de ingenieros Juan Camargo. La RELACIÓN CIRCUNSTANCIADA DEL ESTADO DE LAS FORTIFICACIONES EXISTENTES EN LA PLAZA DE VERACRUZ, SUS COSTAS Y REAL FUERZA DE SAN JUAN DE ULÚA EN FIN DEL AÑO DE 1815 es entregada por Camargo el 1 de enero de 1816. Al describir las estructuras militares en la costa a barlovento de la ciudad, menciona que:
“Costa de Barlovento de la plaza de Veracruz. En toda esta costa no hay abrigo ni cala de consideración para embarcaciones mayores, pero desde el baluarte de Concepción a Punta Gorda, que dista poco más de media legua, se forma una ensenada toda [de] playa corrida, donde pueden hacer desembarco con lanchas cualquiera número de gente con inmediaciones al recinto de la plaza. En el centro de la referida distancia, cuyo terreno llaman Vergara, estaba un barracón con destino al cuerpo de guardia de dragones y lanceros que patrullaban la costa. Desde la dicha plaza de Veracruz al pueblo y río de La Antigua hay 5 leguas de playa; la barra de este río es variable, no pudiendo entrar por ella más que piraguas de 12 a 14 toneladas. En el pueblo dicho se construyó de cal y canto un cuartel para la tropa de lanceros que allí asistía en tiempo de paz y en el de guerra con sus separaciones correspondientes, capaz para 70 hombres con sus caballos.”
El cuartel que el ingeniero Mascaró diseñó para los Lanceros de Veracruz en La Antigua -hoy conocido como Cuartel o Caballerizas de Santa Anna- se ubica a espaldas de la iglesia parroquial del Cristo del Buen Viaje, en la actual Avenida La Estación Poniente y casi esquina con Ruíz Cortines, que conduce al centro del pueblo. También se halla a un costado de la vieja Casa de Contratación llamada “Casa de Cortés” sin fundamento histórico alguno, la Plaza Pública y la Casa del Cabildo, que junto con la parroquia, conforman el conjunto central de cuatro cuadras que albergaron a la mayoría de la población española en el siglo XVI.

Vista del cuartel desde el noroeste de la avenida La Estación Poniente, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

El conjunto completo original tenia una longitud aproximada de 124.20 metros y una anchura de 87.92, alineado en eje noroeste-sureste, ocupando el ancho de una cuadra completa, con un área de 10.919.66 metros cuadrados. Sus muros fueron construidos con cal y canto, sus acabados con mortero de cal y arena. El cuartel se halla actualmente sin uso y en un lamentable estado de conservación, con muros derribados, sin techos, marcos en sus ventanales, sin puertas y sus acabados desprendidos. El descuido de las autoridades y el vandalismo vecinal para llevarse material para construcción, han permitido que la vegetación invada los recintos y desarrolle fuertes raíces sobre los muros, mismos que presentan ya grietas, fisuras y desplomes, así como un constante proceso de degradación por las condiciones ambientales de alta humedad y exposición a los fuertes vientos y lluvias característicos de la zona subtropical húmeda en la que está asentada La Antigua, Veracruz.
Consta de dos grandes galeras paralelas para alojamiento de los milicianos, con dos laterales destinadas al cuerpo de guardia y a la cocina, cuya posición está a la inversa de la mostrada en el plano de 1803. El cuerpo de guardia presenta aún 6 troneras abocinadas para disparo de fusilería y está orientado hacia la entrada a la población.
Dispone de un gran patio interior, cuyo espacio servía para instalar corrales para los caballos, protegidos por una barda perimetral dotada de una salida en el lado noroeste. Frente a las galeras, se encontraba el recinto de las caballerizas con depósitos de zacate, maíz y capacidad para 70 animales; esta sección ha desaparecido completamente, quedando solo vestigios de los cimientos y es el limite señalado con una alambrada, con un terreno particular. Los pisos interiores, probablemente de ladrillo, han desaparecido completamente, al igual que la viguería, la tablazón y tejas.
El tamaño del edificio sugiere que no se tenia la idea de acuartelar a toda la escuadra de 150 hombres destinados a La Antigua, pero sí a la mitad, lo que sugiere un plan rotatorio que turnos para ocupar alojamientos. Dada la lejanía geográfica de las rancherías y el mal estado de los caminos durante el siglo XVIII, es poco probable que se reunieran todos los milicianos al mismo tiempo saturando los servicios del cuartel.
La fachada constaba de dos entradas laterales que flanquean 6 ventanales y estos al pórtico central. La arquería frontal constaba de 9 arcos de medio punto peraltados, siendo el central el de mayor tamaño y correspondiendo a la entrada principal. Actualmente solo quedan vestigios de los zócalos en la banqueta y de la parte superior de los remates para los arcos de acceso lateral por la calle.
El ingeniero Mascaró trazó dos planos casi idénticos del cuartel, siendo la mayor diferencia que el espacio de las caballerizas sería ocupado por una gran cocina para presidiarios, que también ocuparían el espacio exterior y los alojamientos internos, junto a los guardias encargados de su custodia.
Es muy posible que se diera doble uso al cuartel, sirviendo como alojamiento a los presidiarios en las reparaciones que el Consulado de Veracruz hizo al camino real que salía de la Nueva Veracruz hacia Xalapa por el rumbo de La Antigua en esa década. Anteriormente, entre 1781 y 1783, el ingeniero militar Alfonso Sánchez Ochando habia trabajado en el allanamiento y composición de ese camino abierto por don Francisco Burgos y en la vieja calzada que desde La Antigua llevaba a La Rinconada. Simultáneamente, el ingeniero Pedro Ponce realizaba las mismas tareas en el gran tramo desde Perote hasta La Rinconada, particularmente en los malos pasos de Lucas Martin y Plan del Río, antes de dirigir las obras de Puebla hasta Perote.
El diseño del plano del cuartel en 1803, coincide con el inicio de las obras que el Consulado de Veracruz realiza para modernizar la ruta desde la Nueva Veracruz hasta Perote, abriendo además una nueva desde La Ventilla hasta Río Enmedio pasando por la región de Paso de Ovejas.
EL ALTO PRECIO DE LA LIBERTAD
La Antigua alojó en el periodo de 1525 a 1599 a la ciudad de la Villa Rica de la Vera Cruz después de su segundo traslado desde la fortaleza construida en 1519 frente al pueblo totonaco de Quiahuiztlán (hoy Villa Rica, municipio de Actopan). Al trasladarse por orden del rey Felipe III la mayor parte de la población española y dividirse en dos el cabildo para proveer los puestos del nuevo cabildo en la Nueva Veracruz fundada en 1600, este pueblo que ostentaba titulo de ciudad desde 1527 y es considerado actualmente el segundo ayuntamiento de la América Continental, tras Santa María de la Antigua del Darién fundada en 1510, terminó su primera época de esplendor.

Interior de la primer galera del cuartel, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

Si bien, contrariamente a lo comúnmente se piensa, nunca fue despoblado totalmente y poco a poco fue reponiendo su población, manteniéndose como punto de escala obligado para los viajeros del primer camino real entre Veracruz y México, con la Casa de Contratación trabajando con un activo comercio terrestre hasta la segunda década del siglo XIX. Ostentó la categoría de cabecera de muchos pueblos dentro de una jurisdicción entre el río Grande y La Ventilla (hoy Puente Nacional), también fue alcaldía mayor hasta su extinción en 1786 por la aplicación de la Real Ordenanza de Intendentes, siendo sus pueblos y La Antigua misma, anexados como parte de la nueva Intendencia de Veracruz.
La Guerra de Independencia inició en la provincia de Veracruz en 1811, siendo los caminos reales el conducto para el transporte de las mercancías y riquezas de comerciantes, mineros y la Real Hacienda, no tardaron en convertirse en uno de los escenarios de guerra predilectos por los insurgentes, para proveerse de recursos monetarios, y de los realistas, para mantener abiertas las vías de comunicación que sostenían la vida del comercio novohispano, la recepción de los productos y noticias de Europa, así como el auxilio a la Península Ibérica en guerra con Napoleón I entre los años de 1808 a 1814. La guerra por el camino real entre la Nueva Veracruz y Xalapa se dividió en tres sectores estratégicos condicionados por la red de vías de comunicación existente:
1) El camino real viejo que cruzando el río Huitizilapan pasaba por el pueblo de Veracruz La Antigua y por la calzada de San Francisco se conectaba con La Ventilla y Rinconada. Este tenia un ramal hacia La Ventilla por la orilla opuesta frente al pueblo.
2) El camino real nuevo que el Consulado de Veracruz acababa de construir entre 1803 y 1812, permitiendo el cruce del gran río a través del Puente del Rey y llegando a la costa por el rumbo de Paso de Ovejas, Tolome, Santa Fé y Río Enmedio.
3) Estas dos rutas estaban interconectadas por un camino secundario de 12 kilómetros que siguiendo el curso desde la confluencia del Huitzilapan con el río San Juan frente a La Antigua, pasa por los terrenos de Manga de Clavo (hoy Vargas) y desemboca a medio kilómetro del gran puente de tres arcos inaugurado en 1809 por el Consulado de Veracruz para el cruce del río San Juan. Otro ramal que sale de Vargas, se extiende 4.29 kilómetros hasta llegar a Santa Fé.
Muchos pobladores de esta región se unieron a la causa insurgente, liderada por caudillos destacados como Nicolás Bravo y por una multitud de cabecillas, que en ocasiones practicaban el bandidaje o luchaban entre ellos mismos debilitando los esfuerzos contra el ejército realista, cuya represalía devastó muchas poblaciones y rancherías.
Fieles a los cometidos de su formación, los Lanceros de Veracruz combatieron por el lado realista escoltando los numerosos convoyes del camino real y persiguiendo a los insurgentes, a quienes muchos jefes realistas consideraban simples bandidos y no patriotas de alguna causa digna de mencionarse. No faltaron, como sucedió con otras fuerzas realistas, desertores y quienes combatieron por el bando contrario. Durante el duro periodo de 1811 a 1815, los lanceros trabajaron activamente con las tropas regulares, entre ellas el Batallón Fijo que custodiaba permanentemente a la Nueva Veracruz, desde sus cuarteles edificados a partir de 1792; además del nuevo cuerpo de húsares de Veracruz y los regimientos expedicionarios que llegaron desde España entre 1812 y 1817.
La aclimatación fue un factor decisivo para que el cuerpo de lanceros fuera tan utilizado. El virrey Félix María Calleja del Rey forma el plan del Camino Militar, donde el camino real será custodiado por contingentes ubicados en poblaciones selectas y apoyados por fortificaciones estratégicamente situadas. Ante la falta de comunicación entre Xalapa y Veracruz, Calleja recomienda a los lanceros al ministro de guerra en su informe del 31 de mayo de 1813:
“Y a fin de que por parte del gobernador no haya dificultad de situar en los dos únicos puntos que le he mandado cubrir entre Xalapa y aquella plaza, un cuerpo de doscientos hombres de infantería y cien de caballos, prevengo al referido general haga regresar a ella todas las tropas de su regimiento fijo, batallón de Campeche y lanceros de la costa, que por ser aclimatadas no están expuestas a sufrir el grande estrago que ha hecho y continúa haciendo aquel funesto clima en nuestros cuerpos europeos, razón porque insto e instaré al mismo gobernador para que se reduzca en cuanto sea dable a las indicadas tropas, ofreciéndole no obstante, como lo hago en esta fecha, auxiliarle eficazmente para que pueda atender todos sus objetos, conciliándolos en lo posible con lo urgentísimo que tiene sobre sí este gobierno.”
Este año fue especialmente trágico para los pueblos veracruzanos inmersos en la guerra y que sufrirían la represalia realista ante el fracaso de las medidas ordinarias para someter a los rebeldes. El 5 febrero de 1813, el coronel Juan José Olazábal, comandante del regimiento expedicionario América, logra llegar a la Nueva Veracruz desde Xalapa tras 11 días de penosa marcha. En el puerto se reforzó con algunos piquetes de la infantería de Zamora, Castilla, Lobera y Fernando VII y con cien dragones recién venidos de España, saliendo el día 9 hacia Xalapa, desde donde envío la correspondencia europea a la Ciudad de México. Pero antes, ejerció represalia sobre los asentamientos que habían apoyado a los rebeldes, como señala Rivera Cambas:
“Al regresar Olazabal do Veracruz, envió desde Santa Fe una partida para que “destruyera el caserío que tenían establecido los insurgentes en el punto de San Bernardo,” tambien hizo salir del Puente del Rey 300 hombres, y un obus las ordenes de D. José Santa Marina, para que atacasen a los insurgentes que estaban en la Antigua, los cuales fueron dispersos, y se les tomaron 5 cañones y algunos fusiles, y en seguida “considerando que un pueblo como el de la Antigua, que tantos perjuicios habia causado, no debia ya de existir,” dispuso “que se demoliera y quemara todo, come en efecto se verificó quedando todas las casas reducidas a cenizas.”
Bustamante también refiere este trágico suceso, al criticar en su obra el desempeño de Calleja, nombrado virrey de la Nueva España entre 1813 y 1816:
“A pesar de esto es preciso confesar que puesto Calleja en el caso de obrar como instrumento y agente principal del gobierno español, desarrolló su talento y dejó grandes pero terribles lecciones á los que puedan verse en su caso.
Véamos el ensayo de su ferocidad en la carta que dirigió al general Olazabal en que aprueba que hubiese reducido á pavezas el antiguo pueblo de Veracruz, ó llámese la Antigua . . . . Son muy merecedores (le dice) del severo castigo que V. S. hizo ejecutar en la Antigua, reduciéndola á cenizas, y los pueblos que como este permanecen en la obstinada rebelión que devora la Nueva España. ¡Bellos principios por cierto, y los más propios para atraer los corazones de sus gobernados.”

Interior de la segunda galera paralela a la primera, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

El siguiente 3 de abril ardieron también el pueblo de Medellín y la ranchería de El Tejar, al negarse don José de Quevedo, gobernador de Veracruz, a atender una carta de condiciones de pacificación de parte de los insurgentes de Medellín. Informa de esto al virrey Calleja en su informe del 4 de abril de 1813:
“El día 29 ocurrió a presentarse un fugado de Medellín portador de la adjunta carta apertoria [sic], fecha 28, que me exhibió. Por ella he visto cuán distante de reducirse estaban los insurgentes, prefiriendo la espada a la oliva. En consecuencia, acordé con el señor D. Ramón Monduy, comandante del presente convoy, hacerles experimentar un acto de severidad para que conozcan lo vano de sus altiveces. Al efecto se dispuso que ayer, muy de madrugada, saliese una partida fuerte de tropa de toda arma al mando del mayor de la división con dirección a Medellín y orden de castigar la canalla e incendiar el pueblo y ranchería de su tránsito nombrada El Tejar. Llegaron, encontraron muy pequeña resistencia, mataron algunos, fugaron los más, aprendieron otros y reduciendo a cenizas el pueblo y El Tejar, todo en el discurso de la propia mañana, emprendieron al mediodía la retirada, entrando por la tarde en esta plaza sin la menor desgracia por parte de nuestra tropa, trayendo un cañón del calibre de a 6, dos estandartes, varias armas de chispa y blancas, algunos caballos y otros despojos. Los estandartes fueron depositados en la iglesia parroquial. El señor comandante del convoy se propone participar a vuestra excelencia el pormenor de esta acción y yo lo pongo sucintamente en su conocimiento superior, bien satisfecho de que los insurgentes con este golpe se hallan consternados y abatidos, sin casa ni hogar para sus desventuradas familias, arrojadas en igual forma de La Antigua por las acertadas disposiciones del señor brigadier Olazaval y de los pueblos de Tesechoacán y Cosamaloapan por las tropas del cantón de Tlacotalpan.”
A su paso por La Antigua, el 21 de junio de 1815, el brigadier Miyares, recién llegado de Cádiz el día 18, menciona sus impresiones escribiendo su informe al virrey Calleja el 30 de junio:
“En todo este país no he encontrado ni un solo habitante. El pueblo de La Antigua se conoce sólo por unas pocas casas arruinadas y una iglesia en el mismo estado. La falta de habitantes hace que esto sea un desierto horroroso, que transitan algunos bandidos.”
No obstante la devastación sufrida que sumergió a La Antigua en una segunda etapa de decadencia, el sitio siguió siendo punto de fuertes combates contra las tropas del rey, pues los insurgentes establecieron parapetos a lo largo del camino real afuera del pueblo y en la confluencia del río San Juan o Chico, el cabecilla Chino Claudio estableció un fortín en 1814 para controlar el camino real de la orilla opuesta. Este reducto fue capturado el 13 de diciembre de 1815 por el brigadier Miyares, dejando para su custodia a hombres del Fijo y Lanceros de Veracruz. En vista de su buena calidad pero pésima ubicación, decidió trasladarlo al otro lado del río San Juan para controlar también así el camino hacia Manga de CLavo. Respecto a conseguir los materiales para el nuevo fuerte, Miyares informa al mariscal don José Dávila, su reemplazo en el gobierno de la Nueva Veracruz, el 8 de abril de 1816:
“No será extraño que vuestra señoría, al ver lo indispensable que es la pronta construcción de este fuerte, y viendo por otra parte la escasez en que nos hallamos, se conceptúe en ahogo [sic] para salir de esta dificultad, pero yo, que quisiera por todos los medios imaginables dejar zanjadas cuantas pudiesen ocurrir a vuestra señoría, no puedo menos de significarle un expediente que lo saque del apuro, y en términos que el expresado fuerte no erogue más costos que los que hayan de invertirse en los precisos jornales de los maestros albañiles que se empleen en su construcción. Los escombros del destruido pueblo de La Antigua dan, sobrando mucho, todo el material que pueda necesitarse para esta obra, sin más trabajo que acarrearlos de una orilla o otra con las canoas y piraguas que hay allí, pudiendo emplearse en estos trabajos puramente materiales los forzados o presidiarios de esta plaza.”
La Antigua sirvió también como base realista para la captura del puerto insurgente de Boquilla de Piedras en 1816. Es muy posible que el cuartel de los Lanceros de Veracruz haya sufrido poco daño durante la devastación ordenada por Olazábal en 1813 y continuara prestando servicio a los combatientes de ambos bandos que lo ocuparan alternativamente, usándolo también como hospital y polvorín. En 1817, tras la caída del fortín de Palmillas, último reducto fortificado de Guadalupe Victoria, los realistas se esforzaron por diversos medios en reconstruir los pueblos devastados por sus propias tropas durante el gobierno de Calleja. Así menciona Rivera Cambas lo siguiente:
“La reduccion de los habitantes de las costas á vivir en lugares poblados continuaba, pues el capitan del Fijo D. Cristóbal Tamariz decia on un parte oficial fechado on 20 de Mayo, al gobernador de Veracruz desde Tlaliscoyan, que siguiendo las órdenes que le habia dado para que procurase que los habitantes de aquellos rumbos so dedicaran a las labores del campo por estar ya reducidos la obediencia del gobierno, habia conseguido que lo ejecutaran, no solo en Tlaliscoyan, sino tambien en Cotaxtla, Boca del Río y muy particularmente en la Antigua, obligándolos a reedificar aquellas poblaciones incendiadas y destrozadas por sus antecesores.”
También de 1817, menciona los nombres de otras poblaciones que pagaron con su destrucción su apoyo a la causa insurgente o verse atrapadas en medio de los conflictos:
“En Marzo restableció D. Manuel Rincon el pueblo de San Carlos con ochenta y siete familias, cuya población habia sido destruida completamente durante la guerra, y el 7 del mismo se dijo ya ahí la misa por el cura de la Antigua con gran solemnidad.
Los pueblos de ]as inmediaciones de Veracruz acabaron de reedificarse en Junio, según se ve en un parte oficial que dirigió al gobernador de Veracruz el sargento mayor D. José I. Iberri. Conforme dicho parte se habian reconstruido Medellin, Jamapa, San Diego, Tamarindo, Huehuitztla, Paso de Ovejas, la Antigua y Santa Fe.”
LA DECADENCIA DE LOS MILICIANOS
La intensa actividad bélica desgastó el número de lanceros y para 1816 estaban ya muy mermados por bajas en combate y deserciones, pues a pesar de los servicios prestados a la corona española, se les impuso el cobro de 15 pesos mensuales a quienes no prestaban el servicio y resurgieron los viejos recelos del siglo XVIII. El 6 de junio de 1817 el gobernador José Dávila se negó a reorganizar a los Lanceros de Veracruz como solicitaba su comandante, el teniente coronel José Manuel Panes:
“Poco puede aprovechar la discreta y oportuna variación del nombre de los lanceros mientras permanezca el antiguo comandante y oficiales, y no se extinga la opinión de que han de renovarse y perpetuarse los abusos y las gabelas que ocasionaron la esclavitud y la desesperación de estos habitantes.”
Dávila respaldó la causa de los lanceros e hizo recomendaciones al nuevo virrey Juan Ruíz de Apodaca sobre establecer un reglamento apropiado que evitase rebeliones por “vejaciones a la lanza” y alejase de ellos la sensación de verse oprimidos. Otra problemática era que muchos desertores habían obtenido del indulto por parte del anterior gobernador Quevedo, bajo la promesa de no volver a servir en los lanceros, quedando encuadrados en los fieles realistas a extramuros y protegidos por el bando promulgado a principios de 1817, que mal se haría derogar para alistarlos de nueva cuenta.
Por otra parte, el erario público carecía ya de solvencia para darles sueldos aceptables y ayudarles a reponer sus caballos y armas desgastadas o desaparecidas tras seis años de intensa actividad. Por ello, no era aconsejables imponerles los mismos métodos de reorganización militar que se utilizaban en España para aumentar el número de efectivos de un cuerpo muy castigado, cuyos sobrevivientes ya no podían ejercer eficazmente el mismo sistema de vigilancia por escuadras que había surtido buen efecto en el siglo XVIII.
Aparte había un peligro aun mayor que la simple deserción:
“Tampoco es posible la reunión del cuerpo para su disciplina y organización, si no es una paz tranquila, y de todos modos es indispensable la separación del actual comandante, por su notorio, grave y antiguo quebranto de su salud y de casi la mayor parte de los actuales oficiales, que sufren igual suerte, y aun verificada esta importante y necesaria parte de la reforma, aun no es segura la extinción de la repugnancia de los naturales de la provincia al cuerpo, que llega a tal grado, que creo que el intentarlo sin otras muchas bien meditadas medidas sería convertir en otros tantos rebeldes cuantos sean alistados, como lo acreditaría la experiencia si llegase el caso del alistamiento, a que no puedo creer acceda vuestra excelencia instruido de un peligro tan inminente.”
Por ello, Dávila recomendaba lo siguiente:
“Así es que para que tengan su debido efecto los justos deseos de vuestra excelencia para que el aumento del cuerpo tenga las ventajas de que es capaz y se eviten los inconvenientes referidos, y para que finalmente pueda su servicio extenderse a otros objetos de más importancia que los de ocupar los pequeños destacamentos que cubren la inmediación de la plaza, en que se ha empleado, sin hacer apenas otra cosa de cuatro años a esta parte, considero de indispensable necesidad que, previa una revista de inspección en que la presencia de sus cuentas e interior manejo demuestren las reformas que convengan, se haga la total del reglamento con la precisa base de que este regimiento disfrute del beneficio de los demás cuerpos de esta arma, esto es, que el empeño de sus soldados en el servicio sea por tiempo limitado, que los pueblos y cabeceras de que debe componerse estén en perfecta tranquilidad y asegurados de que el gobierno no permitirá se continúen las vejaciones y gabelas experimentadas por lo pasado.”

Vista desde el patio interior del cuartel, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

UN DIFÍCIL RENACIMIENTO Y VALORACIÓN
Se cree que el cuartel de Lanceros de Veracruz fue utilizado como caballeriza y polvorín por Guadalupe Victoria entre 1819 y 1821. Pero es en esos años en que el ilustre caudillo se oculta en las selvas y cuevas veracruzanas al negarse a aceptar el indulto ofrecido por el virrey Ruíz de Apodaca. Entre 1817 y 1818 fue sometido a implacable persecución por los jefes realistas Antonio López de Santa Anna y José Barradas. Rivera Cambas lo que sucedía en 1817:
“En toda la provincia se presentaron al indulto ochocientos once insurgentes, figurando entre ellos Cleto Rodriguez y Narciso Tinoco, con lo cual, según se ve en los partes oficiales, no quedaba en toda la provincia otro gefe que D. Guadalupe Victoria, quien nadie encontraba á pesar de buscarlo con extraordinario empeño.”
La reconstrucción del pueblo de La Antigua en 1817 debió ejercer alguna influencia en la arquitectura de las viviendas y en los pocos edificios de mampostería legados del siglo XVI, alterando en diversas formas sus rasgos arquitectónicos y de estilo. De esto, más la influencia de las inundaciones y huracanes anuales, pudiera derivarse que la Casa de Cabildo conserve actualmente una arquitectura de estilo vernácula con rasgos neoclásicos, muy diferente a la de la parroquia, ermita y Casa de Contratación.

Vista exterior del cuerpo de guardia, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

El cuartel siguió en servicio durante el siglo XIX y fue finalmente abandonado a partir de 1921, iniciándose un acelerado proceso de destrucción, que en 1991 fue paliado con alguna labor de reforzamiento, que apenas le sostiene. Actualmente el cuartel de los Lanceros de Veracruz se encuentra parcialmente restaurado, si bien han desaparecido todos los materiales perecederos (madera, vidrio, metales, etc.), carece de techos y hay libre acceso por los pobladores y el turismo a su interior.
Debido a su mal estado de conservación, desconocimiento de su historia y la arquitectura militar, no es incluido en los recorridos que se imparten a los turistas, cuyas impresiones se limitan a la Casa de Contratación, erróneamente llamada “Casa de Cortés”, a los edificios del siglo XVI y la zona del río. Es de esperar que esto cambie cuando se realicen más investigaciones históricas sobre Veracruz La Antigua, sin limitarse a su periodo de mayor esplendor (1525-1599), pues poco se ha hecho por recopilar su historia en los 400 años siguientes. Bajo esta óptica, el público en general desconoce la trayectoria de la alcaldía mayor, la aportación del pueblo a la independencia, el origen de sus edificios más allá del siglo XVII, entre otros muchos temas. La fascinación de Hernán Cortés permanece en la localidad, y con raras excepciones, se engloba cualquier hallazgo y explicación histórica a un estrecho marco referencial de 1525 a 1600, aspecto bastante curioso en una población de origen español próxima a cumplir 500 años de activa existencia en 2025.
El 6 de mayo de 2016 se realizó un levantamiento arquitectónico y fotográfico del cuartel, realizado por el licenciado Mario Jesús Gaspar Cobarruvias, director del proyecto Exploración y Estudio del Camino Real Veracruz-México (EXESCR-VM) auxiliado por el señor Wenceslao García Hernández, cronista del municipio de La Antigua, Veracruz. Durante las mediciones se hallaron discrepancias con el plano de 1803, siendo la más notable el tamaño del recinto destinado a la cocina, que no abarca la totalidad del ancho de la segunda galera, lo que sí sucede con el cuerpo de guardia. Aparte, en el exterior se delimitó el área donde aun se pueden ver vestigios de los cimientos de las caballerizas y en la banqueta exterior, se localizaron todos los basamentos o zócalos de las pilastras que sostenían la arquería de la fachada, concordando en el mismo número que muestra el plano de Manuel Agustín Mascaró.
El cuartel de los Lanceros de Veracruz es importante en diversas formas. Es el testimonio material de un tipo de edificio especializado no muy abundante y pensado en el apropiado alojamiento de las fuerzas armadas destinadas a mantener el orden. Si bien sus ocupantes desempeñaron esta función luchando contra las guerrillas insurgentes, su formación y sentido de pertenencia a las tierras y familias que defendían desde muchos años antes de 1810, ayudaron a sentar las bases de la gloriosa Guardia Nacional del México Independiente, donde el ciudadano-soldado protege por deber propio la vida democrática y sirve de contrapeso a los excesos del ejército regular cuando es utilizado incorrectamente por los poderes federales violando el pacto interestatal que da vida a la federación.
Sirve de ejemplo a los tiempos modernos, de la resistencia del pueblo sencillo a la discriminación y opresión que suele derivarse cuando los gobiernos adoptan tintes absolutos y de apariencia todopoderosa, en detrimento de la dignidad y validez de los derechos humanos.

Vista interior del recinto destinado a cocina, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

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Vista de uno de los muros construidos a cal y canto, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

Ventanal con vestigios de los marcos de madera, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

Vista de noroeste a sureste de la banqueta exterior, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

Vestigio de uno de los basamentos para las pilastras de la arquería frontal, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

Vestigio de uno de los arcos de acceso lateral al cuartel, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

Raíces adheridas a los muros de la primer galera, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

Vista de la barda perimetral noroeste donde estaba un acceso de emergencia al cuartel, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

Vestigios de cimientos en el área que ocupaban las caballerizas, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

Vista de troneras de diseño abocinado en el cuerpo de guardia, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

 

Vista del piso exterior construido a ladrillos, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

 

Don Wenceslao García Hernández, cronista del municipio de La Antigua, durante las mediciones de vestigios de la arquería, mayo 6 de 2016 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

 

El autor de esta investigación examinando las defensas del Cuerpo de Guardia, abril 29 de 2016 (Fuente: Ana María Andrade Rodríguez)

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