PGR-Odebrecht, no tan despistada


En la PGR sonreían cuando el abogado de Lozoya, Javier Coello, convocaba a la prensa y repetía fuera de cámaras que el expediente de la PGR estaba vacío

por Peniley Ramírez, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

La PGR lo sabía. Sabía, desde hace meses, que los ejecutivos de Odebrecht habían declarado detalles sobre supuestas negociaciones de entregas de dinero a Emilio Lozoya Austin, antes de que fuera el director general de Pemex.

Sabían que las declaraciones incluían relatos de presuntos encuentros entre Lozoya y el exdirector de Odebrecht en México, Luis Meneses, en Ciudad de México. Conocían que los ofrecimientos de dinero fueron seguidos –según los ejecutivos de la constructora- por una compleja maniobra para mover millones de dólares.

Sabían todo esto porque desde hace meses hubo enviados de la PGR en Brasil, que tomaron declaraciones a estos funcionarios. Esas declaraciones debían viajar a México por vía oficial y ser integradas a la investigación mexicana, según contaron fuentes cercanas al caso, dentro y fuera de la Procuraduría.

Por esto, quizá, en la PGR sonreían cuando el abogado de Lozoya, Javier Coello, convocaba a la prensa y repetía fuera de cámaras que el expediente de la PGR estaba vacío, su cliente no tenía nada qué temer y demandarían a quien afirmara lo contrario.

Resultado de imagen para javier coello lozoya pgrLa estrategia de la PGR incluía entonces guardar silencio ante la afrenta pública y apostar a que Coello es un abogado de la vieja escuela. Las autoridades creían que Coello es de esos abogados que confían al papel y podían ganar fácilmente el caso cuando llegaran a México, por vía oficial, las declaraciones contra el hombre que digirió Pemex durante los primeros años de la administración de Enrique Peña Nieto.

Casi desde el día cuando los acuerdos judiciales de Odebrecht en Brasil y Estados Unidos incluyeron la confesión del pago de sobornos en México, la investigación oficial también apuntó a que la mayor parte de esos sobornos se habrían pagado por obras adjudicadas en la Refinería de Tula, en Hidalgo, como más tarde descubrió la unidad investigativa de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad.

La única diferencia sustancial en estas creencias es que la PGR orientaba su investigación a culpar a Lozoya como una oveja descarriada, como alguien que habría aceptado sobornos para su propio beneficio, no para la campaña presidencial de 2012.

Por eso tienen un alto valor periodístico los videos de dichas declaraciones, publicados por el laboratorio de investigación periodística Quinto Elemento en Imagen Televisión y El Financiero TV. La pregunta ahora es cómo las autoridades retomarán el caso, con las elecciones en la puerta y el escrutinio público sobre lo que ya no es su carta secreta.

¿La PGR ya recibió por vía oficial estas declaraciones? ¿Podrán seguir ignorando la posibilidad de que el dinero –si en verdad se pagó- llegó en parte a la campaña presidencial? ¿Investigan ya esta posibilidad, que tocaría al entorno más cercano del presidente? En medio del escándalo, ¿la defensa de Lozoya replanteará también su estrategia?Resultado de imagen para javier coello lozoya pgr

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