La 4T fuera de Twitter


El Presidente ha construido su carrera como orador desde una visión maniquea

por Peniley Ramírez, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Hace un mes, desinstalé Twitter de mi teléfono. Ahora lo reviso un par de veces al día desde mi computadora. El ejercicio parecería un suicidio público en tiempos de periodismo y redes sociales, pero bien vale su efecto: devuelve una percepción de la realidad que no pasa por los algoritmos de internet.

Twitter es una burbuja que genera lo que genera el internet de nuestro tiempo: un círculo vicioso donde los contenidos se ajustan a nuestras búsquedas, de modo que pareciera que toda la realidad gira en nuestro entorno. A juzgar por mi línea de tiempo en Twitter, la realidad mexicana parecería una disputa xenófoba, misógina y casi tribal entre defensores y opositores al nuevo gobierno federal, encabezado por Andrés Manuel López Obrador.

En la calle no es así. Existen, claro, una gran desigualdad y la explotación de millones de personas, también grandes privilegios para pocos, pero los vínculos de estos fenómenos con la política son mucho más complejos.

He vivido irregularmente en México desde hace casi dos décadas, de modo que, como muchos compañeros, he cubierto la guerra contra el narco, los escándalos de corrupción, la diferencia abismal de modo de vida entre gobernantes y gobernados.

El nuevo gobierno se ha planteado, en cambio, anteponer el desarrollo regional, la austeridad y las entregas masivas de dinero a través de programas sociales aún no muy regulados, para la población más pobre. Dicho así, suena maravilloso. Pero hay temas que pasan por Twitter y distorsionan toda la percepción que los periodistas estamos teniendo de lo que, considero, son preguntas esenciales a propósito de esas agendas.

El Presidente ha construido buena parte de su carrera como orador desde una explicación maniquea de la realidad. Esto le ha permitido llegar a un amplio público, de todas las clases sociales, que entiende la diferencia entre buenos y malos, pero no se ocupa de los intermedios en los que se basa la mayor parte del trabajo periodístico.

En este momento, el discurso de blanco y negro se ha mudado a estas redes, de modo que una crítica al ahora se contesta con una referencia al pasado (lo que hicieron otros gobiernos, o callaron los periodistas, lo hubieran callado o no).

Un mes después de mi experimento planteo otras preguntas, que no todas pasan por Twitter: ¿Qué hace el Presidente el resto del día, después de su conferencia mañanera, cuando no va a entregar dinero de programas sociales, tiene un encuentro diplomático o la conmemoración de una efeméride? ¿Cómo se deciden los pormenores de los grandes proyectos? ¿Cuáles súper ricos se están beneficiando y a cambio de qué? ¿Cómo están reaccionando las comunidades ante los megaproyectos? ¿Qué está negociando la oposición? ¿Cómo se reacomoda en el país el poder y los territorios de los narcos e imponen la violencia?

En la calle está pasando todo esto. Hablemos también sobre ello.

Por PENILEY RAMÍREZ

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