Paradigmas…DIFERENCIAS AMBIENTALES


por MARÍA GUADALUPE RICO MARTÍNEZ

por María Guadalupe Rico Martínez, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana (Desde Tampico, Tamaulipas)

Hace tres años visité una de esas tiendas trasnacionales que venden de todo para mejorar el hogar, al entrar al área de jardinería casi enmarcada se encontraba una botella de Roudroup, producto estrella de la otrora Monsanto hoy Bayer, cuando su uso estaba ya prohibido en 31 ciudades de Estados Unidos, Austria, Escocia, España, Nueva Zelanda, Canadá y Argentina, mientras en otros países hoy se utiliza en forma parcial y bajo ciertas condiciones.

   Esta semana SEMARNAT anunció un “plan de eliminación progresiva del glifosato y su reemplazo por métodos alternativos para 2024, “ante las evidencias científicas de su toxicidad”. El producto químico es un herbicida no selectivo que se emplea para eliminar las llamadas “malas hierbas” de los campos y las plantaciones, sobre todo de monocultivos, aunque en muchas ciudades  también, en bosques y en entornos urbanos como jardines públicos y arboledas.

   Especialistas señalan que los agroquímicos utilizados en la agricultura, y en particular los plaguicidas altamente peligrosos (PAP), han hecho dependientes al modelo agroindustrial ya que cada vez se necesitan dosis más es elevadas del artículo.

   La decisión gubernamental tiene el antecedente en dos investigaciones: la presencia del herbicida en tortillas, el principal alimento del país (2018), y en la orina de niños en la región agrícola de Autlán (2019). Por otra parte, la comunidad maya de Yucatán denunció que la introducción del producto redujo a la mitad su producción de miel.

   Greenpeace México recordó que durante 2015, el glifosato fue clasificado por la Agencia Internacional de Investigación de Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) como probable carcinógeno en humanos y asociado a una amplia variedad de efectos dañinos a la salud y a la diversidad biológica.

    Y aunque el sector empresarial ha salido a defender este producto con gran ímpetu, debido al peligro en la reducción de sus ganancias millonarias, es evidente el riesgo que representa para los cultivos de alimentos, estiman que hasta el 25 % del producto químico empleado, acaba en las aguas subterráneas.

      La aplicación de la medida es una poción de confianza del ejecutivo hacia Víctor Manuel Toledo Manzur, titular de la SEMARNAT, quien semanas atrás se quejó del bloqueo dentro del gabinete, en materia de las políticas públicas con miras a dar camino libre al glifosato y algodón transgénico.

   Mi amable lector, creo que quienes vieron en el Biólogo Toledo una probable renuncia a la Secretaría, tendrán que esperar, porque como dice el Presidente “en un sistema democrático son  normales las diferencias”.

                                                                                               lupitaric@hotmail.com

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