Con valor de mujer Ni más ni menos…Ayudemos a Dios


por Candelaria Rodriguez

Candelaria Rodriguez Sosa es egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

En mi andar por la vida, a mis 67 años de existencia en este maravilloso plano, y en los últimos tiempos he sostenido que hablo con Dios o Diosa, en ese ser que no veo, pero lo siento, y que no sé si es hombre o mujer. No lo sé, pero si sé y lo siento es onmipresente e indivisible, que se hace presente de diversas formas ante la humanidad.
Así me ocurrió
Escribo este texto porque, en la penurias y las vicisitudes de la vida, no acostumbro a pedir a Dios, no seré pedigüeña, se lo expreso también. Evito pedir porque siempre la humanidad le piden, solicita clama.., lo sé y me consta.
Entonces, en el dialogo con Dios, que asemeja a la transmisión de los mensajes a través de las neurona, me conecta con el universo. Cierro mis ojos y con pensamientos libres, solo alcanzo a ver la luz radiante, que llena mi ser. Algo realmente maravilloso.
Desde mi ser, con los ojos cerrados y muchas veces abiertos, me conecto con la luz de la divinidad, y el mensaje llega, a veces inmediato, a veces días después.
Esos mensajes tienen que ver con la paz interior, y serenidad para afrontar las vicisitudes del diario vivir, suficiente para mi, aunque he recibido muchas otras respuestas.
En mis ejercicios cotidiano, se hace presente de diversas formas que no solo por el roce del viento, una gota de igua inusual, o el susurro de un mensajes, han inspirado muchas de mis actividades que hoy he logrado.
A Dios, la humanidad siempre pide algo, y es entonces que recibo insistente un mensaje.
Fue el sábado 23 de abril, en mis ejercicios cotidianos muy de mañana en el deportivo Caña Hueca de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en ese amanecer maravilloso, llegó a mi pensamiento algunos episodios de algunos problemas familiares.
Esos pensamientos golpeaban mi mente, y fue entonces que de manera maravillosa, resonó en mi ser: ¿Me ayudas?.
Resonaba constantemente, ¡Me ayudas! Y no salía del asombro. Mientras mi piel erizada y mi corazón latía
Muchas interrogantes llegaron a mi.
¿Cómo puedo yo ayudar a Dios ? ¿y como sabia que lo es?
Terminé mis ejercicios y en el regreso a casa, ya en el automóvil, pensaba en lo ocurrido. Pero, ¿como ayudar a Dios? Mientras pensaba me sentí en otro plano, inexplicable. Sonriente inicié mis actividades. Algo nuevo, como renacer en vida.
Mientras reflexiono en estos días, como ayudar a alguien que no conozco, pero que se introyecta en mi ser y ha sido mi inspiración para seguir en este maravilloso Plano, yo me pregunto, ¿esta dispuesta la humanidad a ayudar Dios?
En la siguente entrega haré lo propio.
Por hoy, Respira profundo y llénate del elixir de la vida misma.

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