Un arca de Noé a la mexicana


Por María Guadalupe Rico Martínez, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en una isla del archipiélago de Noruega, contiene 100 millones de simientes procedentes de un centenar de países  entre ellos México. El proyecto, impulsado por el gobierno del país europeo, el Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos y el Banco Genético Nórdico, permitió la creación de un depósito seguro de semillas de cultivos alimentarios, frente a fenómenos como el cambio climático y catástrofes naturales. La bóveda bautizada “Arca de Noé, fue excavada a 130 metros de profundidad en una montaña de piedra arenisca, impermeable a actividad volcánica, terremotos, radiación y crecida del nivel del mar.


En Tepatitlán, Jal. la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) construye el Centro Nacional de Recursos Genéticos (CNRG), que mira al futuro como el Banco de Germoplasma más gigantesco en Latinoamérica, con capacidad para conservar 3 millones de muestras durante cien años. El CNRG será el único en el orbe que cobijará en un solo espacio muestras agrícolas, forestales, además de acuáticas, microbianas y pecuarias, parte del patrimonio genético nacional.

Las condiciones medioambientales de México lo hacen un país megadiverso. Está dentro de los cinco primeros lugares con mayor diversidad biológica. Primero en  reptiles, segundo en mamíferos, cuarto en anfibios y, plantas fanerógamas. El 32 % de la fauna nacional de vertebrados es endémica y 52 % comparte con Mesoamérica. Desgraciadamente, del total 200 especies están en peligro de extinción. Científicos consideran que sobre la tierra azteca hay 35 mil especies de plantas, 40 % propias de la zona. Nuestro país, por desgracia además de los peligros que simboliza el cambio climático y cataclismos naturales enfrenta graves riesgos: la tala clandestina y contaminación por productos químicos, principalmente.

Esperemos que nuestra “Arca de Noé” esté a la altura de la edificación noruega, ya que ello representa el resguardo de especies únicas en el planeta que al eliminarse de tierras mexicanas casi de seguro desaparecerían de la creación.

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