
* UNA VERGÜENZA LA
ENTRADA A XALAPA

Una real vergüenza muestra el abandono ancestral, pero igual la prepotencia de autoridades que sexenalmente o cada tres años, han hecho mofa de la imagen citadina y por igual, se estrellan los buenos oficios, porque Xalapa sea una de las localidades con mayor atractivo turístico en la entidad.
El camino de entrada a Xalapa, viniendo del DF es simplemente desastroso.
Los hoyancos que exhibe se asemejan a los cráteres lunares, que se hacen difundir a través de las fotografías, que han podido transmitir los astronautas en diferentes emisiones al resto del mundo.
El ramal lo integran las arterias púbicas que van a Naolinco, cruzan Banderilla y hacen llegar a cualquier viajero en automóvil o autobús de pasajeros.
Un parecido a distribuidor vial y los puentes aéreos, se empezaron un día, pero es la hora que siguen durmiendo el sueño de los justos.
Empero, los perjuicios que imponen servicios públicos que no encuentran su final, alcanzan lo mismo a viajeros de otras latitudes del país y el extranjero, porque el muladar que refleja la entrada a Xalapa, capital del estado de Veracruz, a leguas se aprecia que no encuentra ninguna posible reconstrucción, sino todo lo contrario, que su abandono seguirá siendo su sello característico y por ende, que la reparación seguirá siendo un sueño guajiro de trasnochados.
La recepción o bienvenida a visitantes, no puede menos que ser condenada y rechazada por aquellos que han dado algún crédito a la propaganda que suele difundir la secretaría de Leticia Perlasca o el ayuntamiento que encabeza Elizabeth Morales García, aduciendo que la región cuenta con las suficientes vías de comunicación funcionales, para recibir a turistas y viajeros de otras latitudes.
Empero, la mentira dura mientras la verdad llega. Proverbio chino, que da al traste con las buenas intenciones de políticos por acallar un fenómeno que a esta zona de la entidad veracruzana, le hace recordar que la demagogia fue y es el deporte favorito de los funcionarios públicos, que dicen que hacen. ¿Usted qué dice?
* LOS CURAS Y
ABUSOS A MENORES
Lo curas católicos sin duda, son noticia se reúnan o no, para ventilar asuntos relacionados con el abuso sexual de menores.
A nadie escapa que en trincheras del clero católico, hay numerosos sacerdotes que abusan sexualmente de niños y niñas, cuyos casos quedan en la más absoluta impunidad y por otro lado, sirven igualmente para que los representantes del clero, como es el ejemplo local, se junten y aborden sin tapujos, al menos así se cree, la crisis que en su casa se da también por estos felones asuntos.
En seguimiento a lo sustentado en la columna Entrelíneas, el último domingo, los curas católicos igual conforme a la normativa que les fija la Santa sede, se comprometen a actuar por bien de la salud pública y la de sus feligreses y particularmente los niños y las niñas.
Empero, el análisis a que se sometieron los curas el último mes de diciembre en la sede Episcopal de la ciudad, se hizo con la mira de evitar en lo posible el escándalo y los señalamientos que puedan disminuir la autoestima del niño o incrementar sus posibles sentimientos de culpabilidad.
Algo similar a lo que ocurre en la «cosa nostra» y las mafias, que se alinean en lo oscurito, para blindar, hasta donde les sea posible los estragos que les causan operaciones de orden sexual y que los demás actos delincuenciales se expongan a los ojos de los demás y por supuesto, de las indagatorias y pesquisas de los cuerpos policiacos.
Los curas, se reúnen, para ver cómo pueden ventilar casos de pederastia, pero que no se entrometa ninguna autoridad ni nadie ajeno al grupo clerical. Sobre todo, lo que más les preocupa, se cuenta, los abusos que se cometen «contra los más pequeños y particularmente los relacionados con el sexto mandamiento del Decálogo, que ofenden a Dios causan un gravísimo daño a la unidad de la iglesia».
Lo anterior, observa el documento motivo de la reunión de clérigos de buscar «la justicia con misericordia y de la severidad con blandura para que sin asperezas se conserve la disciplina».
Al respecto, puntualiza el clero que deberá cooperar con la autoridad civil en el esclarecimiento de casos de pederastia, sin rehuir sobre todo a abordar estos problemas la mencionada comunidad cristiana, pero «evitando que se ponga en peligro la buena fama de quien es investigado».
La iglesia católica refiere que en este contexto, si la pesquisa llega al descubrimiento de un criminal eclesiástico «Debe tenerse presente que si se pone en tela de juicio la buena fama de un sacerdote, el notario debe ser un sacerdote». Gravísimo, porque los señores de sotana, son iguales a cualquiera de los demás hombres de la calle. ¿No lo cree usted así?
Nomás imagine usted, que al descubrirse por los curas la veracidad de una denuncia en su contra, se «den los pasos prudentes conforme a las normas de la Santa Sede» y sino «existe una obligación jurídica de notificar acerca de lo realizado, debe evaluarse la oportunidad de dar noticia a los interesados».
Lo anterior, rezan los curas a efecto de «no lesionar el buen nombre del denunciado».
Y por otro lado, la iglesia propone la Arquidiócesis se rodee de un elenco de fieles «abogados auténticamente católicos», quienes tendrían que asumir la representación del denunciado en sede canónica, y de otros que puedan hacerlo en sede civil.
Obviamente hay más de la reunión histórica a la que acudieron en esta ciudad arzobispos de otras latitudes del país, y que en franca plática dichos personajes abordaron temas tan escabrosos como la pederastia y cómo habrán de defenderse, cada vez que miembros de su comunidad sean denunciados de cometer abuso sexual, sobre todo contra menores. Esperemos.
Esta concentración, se dio bajo las más estrictas medidas de privacidad y con curas católicos y nadie más.
* SÓLO QUE LA
MEMORIA FALLE
Los 83 años del priismo, fueron borrados de un tajo con la declaración hecha por Pedro Jaoquín Coldwell, al condenar el sexenio, dijo de «violencia, dolor, corrupción y pobreza que nos han recetado».
Al enderezar los misiles, que se proponían ser mortales para la vida del régimen panista, el viejo socio priista, olvidó que en el año 2006, el pueblo de México se volcó en las urnas electorales votando por Vicente Fox, no precisamente porque fuera el hombre del cambio, que ansiaba la nación azteca, sino porque el hartazgo había acabado con toda confianza hacia los priistas.
Evidentemente, Fox era el agente del cambio esperado ni nada parecido. Simplemente, ya no representaría más de lo mismo.
Quién en su sano juicio, puede olvidar los sexenios de Gustavo Díaz Ordaz, matando estudiantes; el de Luis Echeverría Álvarez, incurriendo en un populismo criminal, persiguiendo a los inocentes, acabando a los campesinos y prohijando un régimen, que se alejó de la gente.
Cómo haber confiado en el último «cachorro de la revolución mexicana», José López Portillo, quien así se autodefiniera, y fuera más conocido como el presidente frívolo de los excesos y superficialidades. Régimen en el que destacaron las colinas y las residencias fastuosas de funcionarios públicos, teniendo el dinero como única meta de sus vidas como tales.
Acaso alguien de la época, se atrevería a justificar al sexenio que dijo que en adelante se habría de administrar la riqueza, que llegaría a todos los bolsillos de los mexicanos. Carlos Salinas, aparece como uno de los actores principales del empobrecimiento mayúsculo, que como pocos mexicanos hasta entonces habían tenido que enfrentar. La era criminal, se afirmaría con las ejecuciones en su sexenio de José Francisco Ruiz Masscieu, su cuñado, y la de Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial precisamente apoyado por el partido tricolor.
De Ernesto Zedillo Ponce de León, todavía sigue pendiente que se aclare legalmente el asesinato de 45 indígenas de Acteal, ocurrido en el estado de Chiapas.
83 años de viejo sistema represor, ávido de forjar dinosaurios del trabajo partidista, ajeno al sentir de las mayorías, cuyo discurso se enseñoreó en la práctica demagógica y que destruyera las aspiraciones de crecer los mexicanos en la ocupación laboral, la libertad, la justicia y la seguridad social. Empero, las nuevas generaciones, en tan sólo 12 años, ignoran lo que fue vivir bajo el régimen tricolor, y como una mayoría no lee, obviamente nada sabe.
