
Las expectativas se superaron en cuanto al primer debate presidencial debido a la dinámica de segmentación de la participación de los candidatos presidenciales, que incluyó la esperada serie de ataques que, como parte de una estrategia obligada, enderezaron Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador contra Enrique Peña Nieto, asi como a un Gabriel Cuadri que fue, sin lugar a dudas, el más tranquilo de los cuatro participantes, quizás por la circunstancia de que él no tenía nada que perder y además, con el detalle de que el IFE autorizó abrir el evento al estilo de las peleas de box o lucha libre, con una edecán de buen ver y pecho descubierto, que muestra el grado de frivolidad que impera en los criterios de los organizadores del evento mencionado.

Ahora, como parte del espectáculo, seguirán los comentarios y los consabidos reportes de quién ganó el debate, iniciado por ruedas de analistas que desde la misma noche de ayer, en casi todas las televisoras involucradas, dieron pauta a discusiones en donde obviamente, si invitaron a representantes de los partidos, cada quien llevara agua a su molino, alegando que el candidato de sus respectivos partidos fueron los más centrados, los más críticos y los que aportaron mejores propuestas.
Sin embargo, detalles como los conatos de broncas entre contingentes de partidos que esperaron la llegada de sus candidatos a las afueras del World Trade Center en el DF, son indicadores de que los ánimos están subiendo al máximo conforme se van agotando los días de campaña y que la pasión irracional de cada bando es el recurso más socorrido como parte de una ideología ausente, sustentada en la descalificación, el insulto y la amenaza de defensa partidaria por vía de los golpes.
Entre los apuntes que se pueden entresacar del primer debate presidencial es la sorpresa de que luego de la discusión de días antes respecto a que una de las televisoras nacionales se negó a trasmitir en sus canales estelares el debate, fueron las redes sociales y la televisión por internet las que repuntaron en el seguimiento de este evento, sin necesidad de estar al tanto del mismo por los canales televisivos acostumbrados.
Otro apunte es que lejos de lo que algunos suponían, Enrique Peña Nieto demostró tablas y seguridad tanto en las propuestas como en las respuestas contra las acusaciones de sus adversarios, quizás mermado a ratos por el apuro del tiempo, ya que en varias ocasiones señaló que a él le permitían menos tiempo en sus intervenciones para responder algunos cuestionamientos de los rivales.
Andrés Manuel López Obrador fue constante en su insistencia de que él es el verdadero cambio y aportó una novedad en su propuesta, someterse cada dos años a la consulta popular para renovar o revocar su mandato si llega a presidente. Sus ataques a Peña Nieto, sin embargo, no fueron más allá de lo que maneja la prensa en contra del candidato priísta por sus nexos con Salinas de Gortari y Arturo Montiel y pertenencia a la oligarquía, y en un momento evidenció cierto nerviosismo al mostrar una foto al revés, y en otras, completamente fuera de cuadro.
Josefina Vázquez Mota, muy reiterativa en el manejo de slogans de campaña e insistente en el ataque contra el pasado histórico del PRI, así como en el caso de la niña Paulette, cometió un error mediático al no tomarle la palabra al candidato Peña Nieto de corroborar juntos las obras terminadas, bajo compromiso en el Estado de México, señalando que ella no le corresponde revisarle la tarea al ex gobernador de ese estado, lo que provocó una respuesta hiriente de Peña Nieto: «si no quiere revisar la tarea, entonces no la califique». Ahora, sin embargo, habrá que esperar en el manejo de encuestas, como fueron calificados en las audiencias televisivas los cuatro participantes, con las reservas del caso por el control de encuestadoras por parte de cada partido político.
