
A estas alturas de la contienda, es claro que la ventaja de Enrique Peña Nieto sigue marcando una distancia clara en las encuestas de preferencias electorales del país. Solo así se explica que en el debate tanto López Obrador y Josefina Vázquez Mota se mostraran agresivos y descalificadores del candidato priista, en un intento que fue vano en tratar de acortar las distancias en esa radiografía electoral que significan las encuestas.
Hasta el momento, lo que resalta en la actitud del candidato mexiquense es la prudencia política con la que se ha comportado. Prudentes han sido sus declaraciones respecto a la experiencia pasada en ese debate reducido a un verdadero sainete mediático por la presencia de una cuasi vedette argentina, ya que Peña Nieto sólo ha dicho que un mito se ha derrumbado, la creencia de que no sabía debatir, en tanto Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, y Quadri con más razón, han saltado a la palestra para adjudicarse un triunfo pírrico de haber ganado ellos, por aparte, el mencionado debate.

La prudencia del candidato tricolor contrasta con la de muchos seguidores que resultan ahora más peñistas que Peña, con declaraciones baladíes de que el debate fue ganado por su candidato, machacando a través de declaraciones bien pagadas en los diarios o comentarios en las redes sociales, de que fue el candidato del PRI el real ganador. Tratan de quedar bien, o tal vez algunos tratan de incidir más sobre una distancia de preferencia electoral que no depende de un debate, sino de un trabajo de meses atrás, haciendo política real y conciliando intereses de parte de la población mexicana y factores de poder, hecha por el equipo del mexiquense.
Prudente ha sido Enrique Peña Nieto para tratar con los grupos de poder de su partido, aún en los casos extremos de los virreinatos creados en varios de los estado de la república, donde han pretendido negociar feudos o condicionar apoyos bajo la velada amenaza de unirse a los panistas, en algunos casos uniéndose realmente por debajo del agua con ellos. El hombre de Atlacomulco entonces ha dado libertades, bajo la tácita condición de que el primero de julio se harán cuentas, pero no ha establecido alianzas vergonzantes. Observa detenidamente como son tratados sus verdaderos coordinadores en cada uno de los estados adonde los ha enviado.
Por el contrario, ante la amenaza velada del gobierno federal de poner en la pasarela a muchos destacados priistas en el transcurso de este periodo de campaña, como evidentes pruebas de corrupción y alianza con el crimen organizado, el grupo compacto de Peña Nieto ha mantenido a raya, y lo más lejos posibles, a caciques regionales cuyo pasado, dudosa moralidad y pésima conducta en el poder, no dejan de ser un lastre para el futuro cambio en el poder presidencial al que aspira el mexiquense.
La guerra sucia está entrando nuevamente al ruedo y la prudencia del candidato priista y su grupo compacto van a ser sometida a prueba. Tiene enfrente a una bestia herida, capaz de lanzar sus últimos zarpazos para no dejarlo llegar a la meta. Ahora apunta un ataque hacia muchos elementos del partido tricolor, malos en su trayectoria como funcionarios y pésimos políticos para maniobrar en aguas turbias, para tratar de enlodar la campaña priista.
Con una izquierda que evidentemente tiene latente una alianza con su enemigo ideológico, en aras de no dejar llegar al PRI al poder; con una candidata panista cada vez más nerviosa y débil al grado de que no ha dejado de manejarse su sustitución aún en avanzada fechas de la contienda; con un poder presidencial en su plenitud y lleno de soberbia, hoy más que nunca Enrique Peña Nieto y su equipo, muy cerrado y pulcro en sus maniobras políticas, deberá mostrar de que está hecho, ante perversas maniobras que se maquinan, con enemigos agazapados en los medios y en varios virreinatos, que sin embargo no quieren darse cuenta que el estilo de hacer política del candidato priista ha sido hasta el momento impecable y, de llegar a la presidencia de la república como todo lo apunta por la preferencia nacional, también sabrá demostrar que es implacable.
