60 Segundos: Las jaladas de don Edgar


Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

* LAS JALADAS DE
DON EDGAR

Después del niño ahogado, el pozo quiere ser tapado.
Ahora resulta que don Edgar Portilla Salazar ha dispuesto que no se permitirá más la venta de bebidas embriagantes en antros y cantinas y prostíbulos de la ciudad que se encuentren a cien metros de escuelas, parroquias, centros religiosos y casa de bien.

Es la misma medida que se anunció cuando don Abraham Murrieta, un viejo dirigente o representante de cantineros, que fue regidor del ayuntamiento hace tres décadas y que aceptaba en aquel entonces que Xalapa contaba con más bares que escuelas, pues en sus registros sumaba tres mil centros expendedores de licores.

La aplicación del alcoholímetro ha podido encontrar que, sobre todo los fines de semanas, cinco de cada siete jóvenes andan ebrios en la ciudad. Y lo peor, que conducen sus automóviles a altas velocidades y que, igual, cada semana hay víctimas mortales que lamentar.

¿Cómo le hará Edgar Portillo Salazar para restringir venta de bebidas alcohólicas en las miles de cantinas que existen en Xalapa, muchas de ellas autorizadas por las mismas autoridades municipales que hoy se escandalizan del daño que provoca en la ciudad el consumo en dichos establecimientos?

Claro está que ahora al grueso de la sociedad el impacto de tantos borrachos y muertos y lesionados, prácticamente nada le dice y tampoco le preocupan. El reto es para las autoridades municipales, que en los últimos años ha autorizado la apertura de lenocinios, antros juveniles y bares y más cantinas que todas las que operaron en cien años del pasado siglo XX.

Nadie duda que en el enfrentamiento que sostuvieron dos bandas de delincuentes juveniles durante la celebración del desfile cívico-militar del último 5 de los corrientes, en calles del corazón de la capital, y que dejara un muerto, seis lesionados y media docena de detenidos, el alcohol haya sido el mal consejero para llevarse a cabo esta reyerta.
Xalapa, a decir de visitantes de otras localidades del interior del estado de Veracruz, ofrece a la vista de un buen cubero más antros que un centenar de sus ciudades y, por otro, donde la impunidad avanza a pasos de gigante.

Es posible que si Edgar Portilla Salazar, director de desarrollo económico hiciera el anuncio consistente en que va a proceder con el cierre de tantas «emborrachadurías» que hay cercanas a las escuelas, iglesias y casas de ancianos, el centro de Xalapa, en principio, recuperaría su paz y tranquilidad sociales de antaño. Hasta aquí.

* SIGUEN ECOS DEL
FAMOSO DEBATE

Con un costo superior a los 250 millones de pesos, que de manera personal y directa se embolsó el productor del debate entre presidenciales, siguen fluyendo las expresiones más encontradas respecto de quién fue mejor y quién necesariamente cargó con la peor parte.

Sin embargo, algo que no se ha dicho es que en un debate no se trata de ventilar más que las propuestas y la crítica que necesariamente los actores de este evento, tienen que cruzar para denostar de una y otra trayectoria en la carrera política de los pretendientes a la presidencia de la república.

Así ocurrió en Francia, donde se desarrolló un excelente encuentro de palabras, ideas y ataques entre el socialista Francois Hollande y el presidente Nicolás Sarkozy, por qué no en México.

Sin embargo, un formato acartonado, una playmate robándole la vista a un señor Quadri, que quedara al paso de la dama con el ojo cuadrado, y un script con temas y preguntas hechas públicas, para que los contendientes memorizaran seguramente sus respuestas, cosa que no se hace ni aun en los primeros años de la carrera de licenciados en derecho, nada tienen que ver con el resultado de este primer debate.

Empero, si bien es cierto que sirven estos encuentros para avistar las potencialidades de oradores, convicciones y facilidades de pensar, hablar y esbozar los señalamientos de cada candidato, el asunto no es determinante para inclinar o no la balanza a favor de uno y otro tirador a la presidencia de México.

Un nuevo debate, sin duda, tendrá que constituirse en un foro y temarios de avanzada, propiciando la libertad de los aspirantes, para no verse lo restringidos.

* ¿DÓNDE ESTÁN LOS
AGENTES DE TRÁNSITO?

Dónde están los agentes de tránsito que en cada siniestro o accidente vial, que se registran todos los días en la ciudad otrora capital de las flores, aparecen pasadas horas, porque tampoco se encuentran cubriendo cruceros, calles, avenidas ni entradas a recintos comerciales como ocurre en las plazas comerciales más cotizadas.

Cuando se hizo el anuncio consistente en que los tamarindos sostenidos por el ayuntamiento municipal de Xalapa pasarían al estado, se supuso, y bien, que se reordenaría la circulación vehicular y que el cuidado, vigilancia y trato del renglón inclusive iba a estar más profesionalizado.

Lamentablemente, esto no ha sido posible.

El sueño de muchos por tener un cuerpo de vigilantes del tránsito vehicular con autoridad sólo se debe dar en las ciudades más grandes y progresistas que la capital veracruzana.

Así que nos guste o no, como suelen advertirlo los xalapeños, quienes suelen presenciar cómo el deterioro del tránsito de automóviles y personas en Xalapa, resulta bastante deplorable.

Y en este contexto, a los uniformados de pito en los labios, les afecta su cometido de guardianes del tránsito de vehículos y personas un sistema de semáforos que no funciona adecuadamente y cuya falla principal es que Xalapa nunca ha contado con una semaforización sincronizada.

La falta de estacionamientos públicos provoca el aparcamiento anárquico de automovilistas en las calles estrechas y avenidas, que debieran ser para el tránsito permanente de unidades automotrices. Y no que sean destinadas como estacionamientos públicos nuestras arterias viales.

La afluencia tremendista de taxis corriendo como bólidos en las calles de la ciudad, dañó radicalmente la circulación y la imagen de una ciudad de las flores y cuyo respeto a las más diversas manifestaciones de la cultura, el pensamiento y la calidez de sus entes metidos en las aulas universitarias, lo que contrasta con aquellos supuestos servidores públicos del volante, porque no lo son, así de sencillo.

Y en todo esto, dónde están o qué hacen los llamados agentes de tránsito, alejados precisamente de los cruceros y arterias públicas con grave congestionamiento, y que únicamente se hacen presentes cuando han ocurrido los accidentes y demás colisiones entre vehículos.

Porque de la prevención de éstos, no la hay ni en su imaginación, menos en su script cotidiano de actividades como agentes para que la vialidad sea ad-hoc con el carácter de la otrora Atenas veracruzana. ¿No lo cree usted así?

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