
*VIGILARÁ EL IFE
ESPECTACULARES.
En realidad no hay mucho que supervisar o detectar, porque allí están los espectaculares particularmente de un solo partido político, anunciando a sus candidatos a la presidencia de México y los escaños y curules a las cámaras baja y alta al Congreso de la unión.
Inclusive, de entrada dio la nota el funcionario que viene del altiplano, en el sentido de que sobre los postes y edificios pudo constatar en la zona centro del estado, que hay hasta 500 anuncios espectaculares y se sabe objetivamente a quién corresponden.
Es cierto, como dice el joven Fernando Yunes Márquez, candidato al senado de la república, se gastan carretadas de dinero en espectaculares, siendo que esos recursos bien se podrían aplicar con mejores resultados en las obras y servicios que están haciendo falta a millones de veracruzanos.
Evidentemente, una promoción propagandística como la que se da hoy en nuestras ciudades, a nadie escapa que puede ser contradictoria y hacerla de «bumerang» a las aspiraciones de los candidatos, que hacen alarde del dinero que invierten en una propaganda, que en días como éstos irrita, en lugar de agradar a un electorado de por si acongojado debido a tantas exigencias sociales incumplidas, no de ahora sino de siempre.
Si la medida de vigilar los excesos en la difusión publicitaria de las campañas va en serio, se puede identificar accesiblemente cuales partidos políticos, y sus candidatos, van a ser sancionados, debido al excesivo gasto que han hecho en su promoción, la que llama al escándalo, y por otro lado, cabría preguntar si el IFE, como árbitro electoral, es cierto que va proceder conforme a la norma que rige sus actuaciones.
Porque igual, habrá quienes aparentemente son candidatos fuertes. Pero si los sorprende el IFE promocionándose con recursos que objetivamente rebasaron los montos autorizados por la instancia de rigor, las consecuencias necesariamente tendrán que equipararse a un escarmiento severo, que respondería a una penalización. Al tiempo.
*TOXICOS, RUIDOS Y
PUBLICIDAD.
Este país y especialmente, las ciudades de su interior, como es Xalapa, seguramente es de las más castigadas por una propaganda horrorosa, que nubla la vista, afecta el sentido del oído y afecta el gusto, quita la panorámica de una capital entre cerros y algunos montes pelones y contamina sin duda el entorno ecológico y ambiental.
Sin aparente regulación o por que escapa a los tentáculos de la regiduría o la dirección responsable de cuidar los ruidos, tóxicos y mugre en el ambiente, es que la ciudad está agolpada o invadida de efectos publicitarios, a los cuales se suman los anuncios digitales en colores, que suelen provocar que los automovilistas, puedan perder la ruta que recorren en nuestras estrechas calles.
Un xalapeño cualquiera que se apresta a salir de su hogar, para ir a trabajar o a la escuela, se expone inmediatamente a sufrir el bombardeo de una propaganda comercial, es decir, distinta a la que difunden partidos políticos y candidatos, pero que puede resultar tan dañina una como la otra para cualquier ser humano, que recibe su impacto.
Ruidos y tóxicos, que comienzan a temprana hora con los carro-tanques de las compañías gaseras anunciando la venta de gas para uso doméstico, actividad que realizan a todo volumen, sin respetar el derecho de terceros, lo que provoca estados de histeria, desorden emocional y hasta dolores de cabeza en la gente.
Y qué advertir de la pestilencia y humos, que despiden los expendios de pollo rostizado y los vendedores de discos que encienden sus aparatos electrónicos al volumen más alto, causando inclusive daños irreversibles al oído humano, pero que nadie criminaliza a nadie, siendo que se causan verdaderos casos de atrofia en los sentidos, como puede ser constatado en consultorios de galenos que ejercen la medicina privada y los nosocomios públicos y particulares, también.
Los decibeles que se generan en las arterias públicas de la ciudad, son o están por fuera de los que el común de las personas debe confiar en que no le producirán daño o perjuicio en su salud.
Sin embargo, nadie sabe si existen ordenamientos legales, que puedan imponer coto a este desorden que generalmente trae consigo la contaminación auditiva, visual y en general el organismo humano, tan expuesto como nunca hoy día a los tantos agentes, que afectan necesariamente los sentidos. Ninguno de los candidatos aborda este tema, ¿quién sabe por qué?
*CALLE DE PIPILA,
UN COCHINERO.
Convertida en un cochinero se encuentra la calle de Pípila entre la avenida 20 de noviembre y el crucero que forman la y griega, que se integra con las arterias públicas de Alfaro y la propia de Pípila, que viene de poeta Jesús Díaz.
A tan solo 20 minutos a pie del corazón de la capital del estado, se localiza el principal centro abastecedor de productos básicos, cuyo ramal de calles, se encuentran transformados en un cochinero.
Todos los días, es un viacrucis cruzar por dichas arterias, ya sea caminando o conduciendo automóvil, porque los mayoristas más famosos de la ciudad, realizan sus cargas y descargas de productos básicos en establecimientos improvisados y con una calle, hecha pedazos, porque su asfalto jamás ha sido renovado.
La pestilencia que despiden los puestos expendedores de fritangas, se confunde con las cañerías que cruzan el rumbo, el drenaje a flor de de la arteria pública así como una terminal de autobuses que cubren rutas aledañas a la ciudad, como es Pacho Viejo y Banderilla, convirtieron a dicha zona en una de las más insanas para habitarse.
Cada 24 horas, es el mismo escenario. Los olores se confunden en esta temporada de calores, con la fila de fondas, estéticas de medio pelo, laboratorios químicos y una panificadora, pero todos estos establecimientos envueltos en la más severa nota del congestionamiento vial, la mayor parte del día y las primeras horas de la noche.
En algún momento, hubo los alcaldes que quisieron modernizar dicha zona, debido a que su abandono es tal, que contrasta y se convierte en un reto para el resto, siendo que dicho sector pertenece o forma parte del corazón de la llamada ciudad de las flores y la Atenas veracruzana.
Este cochinero, como mejor se le conoce, igual ha podido captar una clientela que se puede identificar con la inmensa cantidad de colonias populares que forman parte de la capital veracruzana.
Sin embargo, ni salud pública, ni ninguna autoridad de comercio y economía ha puesto sus ojos en esta zona, sin duda, de las que más reclaman la intervención de instancias oficiales, con objeto de ver por su rostro físico, su entono, como es también el paso de vehículos automotores y la afluencia de personas, que hoy comparten un espantoso hacinamiento en la calle de Pípila, prácticamente las 24 horas del día.
