
Dirían los cínicos que así es la política. Es decir, la real politik, y que finalmente, si es que fue cierto lo de la promesa , que que bueno que el padre de Felipe Calderón Hinojosa no vió que su hijo incumplió la promesa de no regresarle el poder al PRI, en caso de que el PAN se lo arrebatara, por el contrario, tal vez si viviera Luis Calderón Vega hubiera muerto del disgusto al ver que su hijo, cual moderno Plutarco Elías Calles, decide apoderarse del PAN para refundarlo, asegún para rescatarlo y volverlo a hacerlo florecer, después de que él mismo, con su gobierno, empinó a la derrota al otrora digno y destacado Partido de Acción Nacional. Simplemente, Luis Calderón Vega, le haría notar a su hijo que no mantuvo la congruencia de su ser político con sus valores y principios forjados en su formación católica.
Empeñado en cubrirse las espaldas y de negociar su salida con el equipo peñista lo mejor posible, lo que hizo Felipe Calderón no fue más que apoderarse de la cúpula del PAN, mandando a sus hombres rudos por delante -esos que negociaban con Zhenli Ye Gon el resguardar el dinero para una respuesta armada si Andrés Manuel López Obrador ganaba en el 2006- Javier Lozano y Juan Molinar Horcasitas, encargados de controlar el partido dentro del país acabado el periodo gubernamental panista, mientras el michoacano tratará de manejar los hilos adecuados desde el extranjero, por que solo ahi estará a resguardo de la venganza de los narcos afectados por la guerra que costó la vida de muchos de sus dirigentes.
Sorprende la transformación de Felipe Calderón Hinojosa en los últimos 14 años. No solo contribuyó, afirman losque vieron la famosa fotografía del carnavaln y que se convirtió en fuerte rumor, a deshechar a su maestro, Carlos Castillo Peraza en un complot fotográfico que exhibía el homosexualismo del connotado dirigente panista, lo cual orilló al yucateco no solo a descartarse para ser candidato presidencial en el 2000 sino hasta a autodesterrarse del partido de una manera triste pero conveniente para los nuevos panistas. No sólo Felipe Calderon le echó su puño de tierra político a su mentor, sino en el 2006 sepultó también su propia consistencia moral al consentir que, con trampas, fuera él presidente por encima de los votos que Andrés Manuel López Obrador tenía ya como garantía de triunfo.
Hoy, el presidente que no logró contener el regreso del PRI al poder, que no pudo meter a la cárcel a ningún político priísta para ejemplo de lucha anticorrupción, que fue incapaz de diseñar una estrategia eficaz en relación a la delincuencia del país, se asume como el caudillo del panismo para reformarlo y darle la grandeza que su propio ejercicio gubernamental echó por los suelos.
Acostumbrado a la intriga palaciega, en el cabildeo de los corredores, no duda en dialogar con Diego Fernández de Ceballos para acordar el futuro de un partido que hoy se está convirtiendo en una franquicia manipulada por el calderonato, confiado en que Diego es el interlocutor más eficaz para acabar de completar el nudo perfecto en la relación con Enrique Peña Nieto. ¿Que será ahora Diego Fernández de Ceballos? ¿El nuevo presidente del PAN acalderonado? ¿Se habrá olvidado de que su secuestro fue precisamente una maniobra para mandarlo al silencio político durante un buen tiempo?
La meta del calderonato es resguardar la tienda del abarrote panista para que Margarita Zavala sea la candidata a presidente en 2018. Esa es la premura del presidente por meter las manos en el partido, al más puro estilo priista, y no la recomposición de un partido que perdió precisamente la moralidad que lo caracterizó durante años de ser un digno organismo opositor hasta que el poder de la presidencia cayó en manos de Vicente Fox y Felipe Calderón.
No cabe duda, Felipe Calderón Hinojosa pasará a la historia como un priista de clóset, con actitudes emanadas del ideal callista de mandar tras el trono y con la finalidad de perpetuar una casta formada, en estos últimos seis años, con base en la inmoralidad, la corrupción, la deshonestidad, el engaño, el nepotismo y una ambición desmedida que no se conforma con el plazo de un solo sexenio. Van por más y para lograrlo harán del Partido Acción Nacional su escalera política.
