
Comentarios en la red inciden que la gran motivación que animó a Alonso Lujambio para aceptar el cargo de senador de la república, no fue precisamente su férrea voluntad en pro de la república, sino el último gesto de protección para su familia, a fin de cobrar 40 meses de una sueldo mensual de 121 mil pesos, que suman 5 millones de pesos, más una cifra equivalente por muerte por enfermedad. Lo cual sería un gesto humano comprensible en quien tenía los días contados por tan terrible enfermedad, pero lo que no resulta justificable es el altar que pretenden levantarle algunos prominentes panistas,llegando a mencionar incluso que su muerte es motivo de duelo nacional.

Ligado directamente a los hechos bochornosos del despilfarro que significó la famosa Estela de Luz y otros avatares de la celebración del bicentenario de la Independencia y centenario de la Revolución Mexicana, el fallecido legislador fue acusado directamente por el arquitecto Carlos Pérez Becerril, encargado de la construcción del diseño de la Estela de Luz, por la presión y amenazas en su contra para impedir que divulgara las cuentas del gran capitán, autorizadas por el hoy homenajeado Lujambio, para subir los costos de la obra, calculada en un total de 400 millones de pesos, de manera paulatina hasta rebasar los mil millones de pesos.
El arquitecto presentó un legajo pruebas de la manera como se fueron inflando las partidas, mismas que fueron recibidas por Pablo Escudero Morales, presidente de la Comisión de la Función Pública de la Cámara de Diputados, mismo que solicitó la certificación del legajo ante notario público para acreditar su autenticidad y evitar que la SEP “después los declare desaparecidos o inexistentes”.
El escandaloso suceso de la Estela de Luz, al cual no pudo ser ajeno Alonso Lujambio y que, incluso, cuando inició su penosa enfermedad dió motivo a rumores de que ésta era inventada para librarlo de cualquier consecuencia posterior en una revisión de esos gastos, queda pues como una marca de la trayectoria del político mexicano, malogrado a la edad de 50 años, hoy ensalzado como prócer de la democracia del país y «verdadero hombre de estado» como pregonó Felipe Calderón en una alocución en su honor.
Aunque en dicho caso hubo llamadas de atención a funcionarios menores, solicitudes de información más abundante por parte del IFAI, y desviación de culpabilidades a dependencia de PEMEX y algunas incluso del INAH, la responsabilidad de la construcción de dicho monumento de costos escandalosos correspondió a la Secretaría de Educación Pública, encabezada por Alonzo Lujambio, en los momentos de la aprobación y supervisión de la magna obra.
Alonso Lujambio se lleva pues a la tumba, su más preciado secreto y queda para la posteridad la enigmática sospecha de por qué un alto funcionario, cuyos sueldos debieron ser acorde a su investidura como para invertir en el futuro de su familia durante los años que duró su encargo (casi seis), y de ser cierta la sospecha que tuvo alguna participación en los gastos excesivos de la Estela de Luz, un abono más a su peculio familiar; optó en su último tramo de vida por ser senador de la república, con derecho a un seguro de vida para su familia.
El excesivo boato de sus exequias, la recurrente repetición televisiva de un Alonso Lujambio enfermo y con un parche en el ojo, cumpliendo penosamente con su encargo de senador, fue un proceso cuasimediático como para borrar su pasado bochornoso màs reciente, relacionado con los festejos del Bicentenario, en donde su ética como funcionario y su trayectoria académica e integridad personal, quedaron en entredicho.
Por eso los panistas se empeñan en estas horas en levantar un altar a su memoria. Es la eterna paradoja de como la muerte, finalmente, santifica y cubre todo mal reflejo con la pátina del olvido. Es la historia sin fin del funcionario que estuvo bajo la sospecha de ser uno más de los corruptos que nos han gobernado, pero que con su penosa muerte, expuesta al vulgo una y otra vez, fue redimido.
Pero ahora carga otra sospecha sobre sus espaldas: ¿el por qué aceptó el cargo de senador a sabiendas de que su enfermedad era terminal y por lo tanto esto era una condición de ventaja para tener derecho a un seguro médico otorgado a legisladores que, de entrada, se presume no saben si lo van a utilizar?
Humano al fin y político mexicano hasta sus últimas consecuencias…
+El desalojo de estudiantes en Morelia fue un retorno a imágenes setenteras
No debe dejarse desapercibido los sucesos acontecidos en el desalojo de estudiantes que mantenían en su poder instalaciones de la Universidad de Michoacán ya que la estrategia utilizada fue la misma que se aplicaba en todas las universidades del país en la década de los setentas, consistente en reunir a un grupo de estudiantes muy fuertes y decididos, y con muchas ganas de estudiar, que con tubos y palos, resolvieran cualquier huelga estudiantil.
Ahi está nuevamente la presencia de grupos de choque, en los setentas denominados porros, abriendo puertas y tumbando dientes para rescatar a las universidades de los comités de lucha con orientación huelguística. Si uno repasara la historia y comenzara a atar cabos con los sucesos actuales, se puede decir que la receta debe incluir palo y zanahoria.
Palo para que sientan el peso de la ley y del orden, o de la amenaza por noche, para que los rijosos, revoltosos y violentos sientan miedo, o dolor, segùn sea el caso, con tal de que le piensen dos veces antes de volver a protestar.
Zanahoria para los más listos de sus líderes para ofrecerles becas, gratificaciones, suelditos y hasta puestos de trabajo en el gobierno o en la política, con tal de que reorienten sus vidas y entren en razón.
Esa receta funcionó bien en los setentas, después de los aciagos sucesos del 1968. Y de ella fueron testigos muchos notables funcionarios y políticos mexicanos, hoy mas institucionales que las propias instituciones. ¿Sabrán de esa historia los protestantes juveniles de hoy, sean del movimiento 132 o no? ¿Funcionará la receta otra vez?
+La reforma laboral propone el pago de 7.50 pesos la hora laborable y mantiene la independencia sindical
Seguramente los trabajadores del paìs que se verá afectados por la nueva reforma laboral que se cocina en las cámaras, acatando indicaciones del FMI y la OCDE, no sabrán si reir o llorar al enterarse que en el documento de 115 páginas ya resuelto de la mencionada reforma, se estableció que la hora flexible de trabajo, y por contrato parcial del personal, se establece en 7.50 pesos y que los sindicatos no serán obligados a transparentar el manejo de los fondos sindicales, porque los legisladores son respetuosos de la libertad sindical.
Quien màs contento se va a poner es Estados Unidos por esos arreglos salomònicos que, de entrada, aumentarán el flujo de migrantes mexicanos al vecino paìs donde el pago de dicha hora es un mil por ciento mayor.
Claro está que por ahi se menciona que ese salario miserable por hora es solo base para uno mayor que convengan trabajadores y patrones, en los casos que sea posible. No si, si ya digo yo que hablando se entiende la gente. Total si no se ponen de acuerdo, ahi està el outsourcing, que también será validado por la nueva reforma laboral. Y hàganle como quieran, diría don Porfirio, total ahora tambièn se flexibilizaràn los despidos, para librarse de trabajadores poco competitivos, vàlidos hasta con una notificación por correo electrónico. Dirá don Titino, inefable obrero, que entonces eso no afecta a los trabajadores porque no creen en eso de los correos, ni saben como usarlos. Ya aprenderán…
Ver para creer…
