
* CUANDO SE VAN
LOS PRESIDENTES
Cada seis años es el mismo ritual. El presidente que se va, cuyo destino es seguramente el extranjero, aunque fuese por algún tiempo, porque en el país, al que deja Los Pinos difícilmente alguien lo ve bien, a veces, ni sus propios familiares y amigos.
El éxodo lo inició el propio don Porfirio Díaz, al fragor de la Revolución de 1910, a quien nadie quería ver que siguiera viviendo en este país, porque sus 34 años de gobierno pesaban enormidades.
Sin embargo, el caso más significativo lo personalizó don Plutarco Elías Calles, el fundador del PRI, antes PNR al tener que salir tras de dejar la presidencia al general Lázaro Cárdenas, quien no quiso continuar siendo parte del «maximato» impuesto por el ex telegrafista de Sonora y desde entonces los ex presidentes tuvieron que abandonar aunque fuera un corto lapso la nación azteca.
De hechos los ex han sido echados del territorio mexicano, por buen tiempo, pues además se les limita en que puedan entrometerse en las cuestiones que corresponde ver al mandatario en turno. O en su defecto, cuando aquí se quedaron como fueron Luis Echeverría, José López Portillo y Miguel de la Madrid, fueron condenados a sobrevivir en su absoluto enclaustramiento.
El primero administrando su centro de estudios del tercer mundo; el segundo metido en su Colina del Perro, en compañía de su pareja la actriz Sasha Montenegro y el tercero, haciéndola de conferenciante en algunos de los foros, organizados por sus ex alumnos de la universidad.
Antes, Gustavo Día Ordaz fue a España, donde quiso hacerla de embajador de México, pero no aguantó, lo rechazaron y pidieron que saliera del país. Volvió para pasar al absoluto ostracismo y finalmente morirse.
Carlos Salinas optó por irse, amén de que a los ex, difícilmente alguien les demuestra algún dejo de simpatía. El rechazo y condena se los hacen saber en público y ahora en las redes sociales.
Ernesto Zedillo Ponce de León, más elegante, pasa como autor de la alternancia en el poder, renuncia a recibir su pensión millonaria de ex presidente y se va a los Estados Unidos de Norteamérica, donde gracias a sus cursos de doctorado en su especialidad de economista, opera como consejero y asesor de consorcios empresariales de gran poder yanquis.
Vicente Fox, se creó su Fundación en Guanajuato y de Felipe Calderón, se asegura que deberá irse. No más.
* YA HAY ACELERADOS
TAMBIÉN POR LA UV
Si la edad no les gana, porque es uno de los requisitos también para ser rector, se podría advertir que la lista se alarga hasta doce o quince nombres y apellidos, con vistas a relevar al doctor Raúl Arias Lovillo, a quien el plazo para completar su segundo período como tal, se cumple legalmente en el mes de agosto del próximo año de 2013.
Es decir, que quienes en abierto o de manera clandestina, se están proponiendo para ocupar el relevante cargo universitario, como en la contienda por los huesos municipales y legislativos, están acelerándose.
Si bien es cierto, que en el terreno de las competiciones, las reglas a veces dejan de serlo, como en las elecciones partidarias, no es menos cierto que en linderos de la universidad, el problema es otro, que tiene que ver con las trayectoria, merecimientos académicos, culturales y de actualización que gocen los aspirantes a tan trascendente posición.
Como quiera la universidad se ha salvado del vasallaje de los políticos, ya que en ese contexto, los universitarios en formación estarían cavando su propia tumba.
El cargo de rector merece otro trato. La condición cultural y bonos personales del timonel de la máxima casa de estudios, tiene que ver con la presencia de una mentalidad superior, con afanes y fines estrictamente académicos, intelectuales, de proyección hacia otros linderos del orbe, en lo político sí, pero en relación a la formación de los profesionales, que la sociedad va necesitando en su desarrollo integral.
No es gratuito, por caso, que ahora a la UNAM se le identifique como la mejor universidad de América Latina y que ocupe un lugar entre las cien más destacadas del mundo de las universidades, sin la presencia de un José Ramón de la Fuente.
Nuestra máxima casa de estudios, podría advertirse que ha contado con rectores de todos los colores e ideologías, pero en algo han significado el rumbo de la misma institución, como es su visión hacia el porvenir, pero no como fábrica de profesionales para el desempleo, porque a ciencia cierta, el grueso de sus egresados, desde sus diversas posiciones y condiciones, han podido llevar adelante la nave, que representa el estado veracruzano.
Es cierto, que el nuevo modelo educativo, que hoy día aplica en aulas universitarias, no haya resultado del todo satisfactorio para nuestros jóvenes, pero ya tocará a una moderna administración ver los vicios y yerros y transformarlos, pero con afanes que llamen a continuar una obra proyectada hace ya casi siete años.
Empero, es posible que con la UV, los adelantados, podrían equivocarse. La institución no es un partido político ni chamba de alcalde, además de que su legislación está abierta a que aspirantes de extrafronteras, puedan traer a los estudiantes y académicos veracruzanos nuevas expectativas de crecimiento educativo, adhoc, con los reclamos de una realidad, la de allá afuera, que lacera a los mexicanos en sus vidas cotidianas. Al tiempo.
* BARBARIE VIAL EN
NUESTRAS CALLES
La barbarie también se da en las calles por cuestiones viales, a diferencia de otras naciones del resto del mundo, sobre todo del continente europeo de occidente y los Estados Unidos de Norteamérica también, el tránsito citadino en México y particularmente en las ciudades del interior el país se ha vuelto un infierno. Con sus automóviles el fenómeno llama necesariamente a la barbarie, donde todos son culpables y nadie puede salvarse. No es cuestión de agentes de tránsito, a los que nadie hace caso ni mucho menos de la pobre semaforización existente o el uno por uno, que difícilmente alguien cumple.
Las calles y avenidas por sus estrechas condiciones, son parte de esta barbarie vial que todos los días viven los ciudadanos, la cual no tiene para cuando concluir, pero que en cambio, si multiplica a sus actores, haciendo de la circulación vehicular una vorágine de acciones, que van desde las mentadas de madre que lanzan los conductores de manera indiscriminada, con el claxon de sus vehículos, hasta los amagos sacando de la circulación a automovilistas, vistos hoy día como contrincantes.
Una elegante dama, la cual conducía sobre la avenida Araucarias, ayer corría como enloquecida su unidad, en una arteria con los espacios tomados como aparcamientos particulares y arengaba a gritos, que el resto de automovilistas se lanzaran en igual loca carrera, siendo que ancianos, mujeres y niños atraviesan la calle igual, sin tomar en cuenta riesgos, ni precauciones.
Los «estacionamientos» que explotan firmas y nombres de destacados empresarios, no ofertan mayores condiciones de seguridad para los automovilistas, claro con sus excepciones, pero además, no alcanzarían sus «cajones» si todos los propietarios de unidades automotrices, se decidieran por guardar sus autos en los establecimientos en cuestión. Total desorden, anarquía y el caos en el tránsito citadino, que no lo resuelven calles, ni avenidas ni autoridades, porque simplemente el colapso está o se encuentra en franca ejecución.
Lo mismo ocurre en Lázaro Cárdenas, que en Murillo Vidal, la avenida Ávila Camacho, Dr. Lucio y Clavijero. El congestionamiento vehicular es insoportable y las travesías, porque así resultan la mayoría, que deben cubrir los automovilistas, simplemente les afectan todos los sentidos, conductas y provocan los reclamos, maledicencias y otras muestras nada afectivas entre seres humanos, y algunos altamente pensantes.
Barbarie vial, que en apariencia no tiene en su frente ninguna expectativa de solución. ¿Qué hacer? Cuando en apariencia se han puesto en práctica toda clase de antídotos y por el contrario, la desestabilización del tránsito citadino, está en su pleno apogeo.
Ninguna política, programa, acción han sido posibles, para que el común que conduce automóviles, no salga de su casa pensando, que se lanza a la calle para combatir a sus iguales, cuando por norma general, el hombre por si solo con talento y siendo solidario con los demás, tendría que volver un confortable escenario el tránsito por las calles de la ciudad, caminando o guiando con sus vehículos automotrices.
