
La celebración número 98 de la promulgación de la Ley Agraria por don Venustiano Carranza en el puerto de Veracruz, fue el motivo para que volviera a vivirse el ambiente de fiesta, este domingo 6 de enero, teniendo como escenario ahora el World Trade Center de Boca del Río, en donde el presidente de la república, Enrique Peña Nieto pidió –una vez más- reactivar y asegurar un nuevo rostro para el campo mexicano.
Pero por lo pronto, en Boca del Río se vivieron dos rostros distintos, el del viejo y el nuevo sistema político. El que se vivió adentro del WTC y el que se pudo apreciar afuera del centro de convenciones.
Son dos versiones distintas de una misma historia. La de adentro y la de afuera.
Adentro, se resucitó un sistema basado en la maquinaria partidista del PRI, a través de su sector campesino, el mayoritario en el país, que al estar nuevamente en el poder federal, convocó y logró revivir una ceremonia tradicional. Adentro estaban los representantes del nuevo PRI, desde el presidente de la república, gobernadores, senadores, diputados, alcaldes, dirigentes políticos.
Afuera quedaron los representantes del viejo sistema político, los acarreados, los manifestantes, los inconformes, los que demandan todo tipo de asuntos imaginables, desde apoyos para grupos y organizaciones campesinas diferentes a la CNC, hasta madres que demandan ayuda para localizar a sus familiares desaparecidos.Adentro, donde el presidente Peña Nieto anunciaba su propósito de dar un nuevo rostro al campo mexicano en los próximos años, en el presídium estaban los invitados especiales de la clase política mexicana, en las primeras filas de las sillas instaladas frente al estrado, también estaban los políticos y funcionarios del viejo PRI, que ahora ya no viajan en el carro de la Revolución, sino en lujosas camionetas –blindadas muchas de ellas- con vehículos de escolta.
Adentro, era el momento para estrechar las manos, saludar, dar y recibir abrazos.
Afuera, también estaban los mismos de siempre, los campesinos acarreados desde diversos municipios del estado, aunque también los hubo, que venían desde otras entidades. Ellos no viajan en camionetas de lujo, sino en camiones de pasajeros, traen sus alimentos en una bolsa de plástico, que contiene una naranja, una botella de jugo, una torta y un postre.
Adentro, los que llegan en avión, se trasladan en camionetas del año, si se quedan a descansar el fin de semana, se hospedan en hoteles de lujo.
Son pues, dos caras distintas de un mismo rostro, por un lado los de adentro, que hablan y anuncian cambios, de darle al campo un nuevo rostro y por otra parte, los protagonistas, los campesinos, que no pudieron llegar hasta el interior del World Trade Center por las barricadas metálicas y los filtros de seguridad, pero que siguen siendo los mismos rostros de siempre, el hambre, la desnutrición, la pobreza y marginación.
Ellos no alcanzaron a escuchar al presidente Peña Nieto, cuando adentro, decía en su discurso:
“Tenemos que reactivar el campo, hacer parte de este nuevo impulso transformador a todas las organizaciones vinculadas al él, más allá de la liga política o la afinidad que tengan. Lo importante es asegurar que tengamos en los próximos años un nuevo rostro para el campo mexicano, que se aleje del que lamentablemente le ha acompañado por décadas, el de la pobreza, la marginación y la falta de oportunidades”.
Lo bueno es que se volvió, a cuando menos en el discurso político, a voltear la cara hacia los problemas del campo, que ahora sí, tendrán un nuevo rostro.
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