¿Qué está pasando?: “Año de Hidalgo”, sinónimo de corrupción


 

Y si entraran a la cárcel todos los que deben ir, ¿quién iba
a cerrar las puertas? (Chascarrillo popular mexicano

 

Por Gonzalo López Barradas, egresado de la Facultad de Ciencias y Tècnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Por Gonzalo López Barradas, egresado de la Facultad de Ciencias y Tècnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

México, desgraciadamente, es segundo lugar en corrupción en todos sus niveles; el primer lugar lo ocupa un país asiático.

 

Lo del tesoro de Cuauhtémoc

Cuentan que, una vez caído el joven rey en manos de Hernán Cortés, éste, con su peculiar avidez de oro, hizo conducir a nuestro antepasado indígena a su flamante, magnífica casona de Coyoacán y ordenó que se diera el horrible tormento de la pira, pero cuidó de que, salvo el verdugo de su total confianza y el intérprete, no entrara a la pieza persona alguna más, ni española ni aborigen; y dicen que, nuestro “joven abuelo”, valiente entre los valientes en el campo de batalla, no pudo soportar el atroz martirio y empezó a gritar de furioso dolor. Cortés sonrió diabólicamente:

-¡Así está bien!  -exclamó volviéndose al intérprete-. Dile a tu rey que si quiere que le quite la lumbre de las plantas de los pies, me diga, ¡pero ya!, dónde tiene escondido el tesoro.

El intérprete, arquetipo del funcionario mexicano, tradujo a su rey fielmente las palabras de gran capitán español, el deseo de don Hernando y la condición para aliviarlo del suplicio. Cuauhtémoc cedió por el terrible dolor.

-Dile al hombre blanco –bramó-, díselo con toda claridad en su maldita lengua, que el tesoro está en unas grutas que hay abajo del valle de Cuauhnáhuac, grutas que se llaman de Cacahuamilpa; que, entrando por el centro, camine doscientos pasos y verá, sobre su mano izquierda, una como grandísima figura de hombre. Detrás, marcado con un montoncito de piedras, está el lugar donde se enterró el tesoro. ¡Y dile que quite ya de mis pobres pies esa maldita lumbre!

El funcionario mexicano, el señor intérprete, asimiló a la perfección lo que dijo, o bramó mordiendo el dolor, su rey, y volviéndose hacia  Cortés, le dijo:

-Dice mi rey y señor Cuauhtémoc que tú eres hijo de una mala mujer, Malinche; que chingues a tu madre y que ya puedes darle todo el tormento que quieras porque no va a decirte dónde está el tesoro, porque es mucho, pero  mucho más hombre que tú; que si quieres dinero, trabajes y te metas ese dinero por…

  El intérprete fue silenciado por los desaforados, furiosos gritos de Cortés:

-¡La mala será la madre de este indio pendejo!  ¡A ver, que traigan otras tres cargas de leña, que no le van a quedar patas a este indio cabrón!

Mientras Cortés seguía vociferando, enloquecido de furor, el intérprete se hizo chiquito, chiquito, fue avanzando con pasitos sin ruido –descalzo, el pobre-, hasta salir a la calle. Entonces fue que echó a correr, sin detenerse un momento, hasta llegar a las grutas de Cacahuamilpa… (extracto de la primera parte del libro de Roberto Blanco Moheno, “La Corrupción en México”Ed. Bruguera l979).

 

 

 

Muchos años después,

las frases y los dichos

Empezamos desde esta fecha, el presidente Adolfo Ruíz Cortines quien, no dilapidó los dineros e hizo una administración honrada que desanimó a más de uno. Hubo quien llegó a manifestar: “Tanto esperar, tanto entusiasmarse, y ahora que está en la silla nos sale honrado”. Otros dijeron: “Tanta moral desmoraliza”.

A cambio de las prebendas adjudicadas en forma arbitraria desde el poder es posible acallar críticas, ganar apoyos, construir complicidades, etc. No es fácil resistir a esa tentación: de ahí que se afirma que todos tenemos nuestro precio, que sólo es cuestión de dar con él.

La aceptación más o menos resignada de la corrupción en esferas de gobierno, lamentablemente no es cuestión del pasado. Hasta hoy es posible escuchar frases como esta: “Está bien que roben, pero que dejen algo”.

Hay dos refranes que de manera condensada expresan todo lo que la cultura política mexicana entiende respecto al problema de la corrupción:

1. “A mí no me den; nomás pónganme donde hay.”

2. “Un político pobre es un pobre político” (acuñado por Carlos Hank González, uno de los más conspicuos exponentes de nuestro corrupto sistema político).

La traducción de estas frases dirían, por un lado, que en México la política es una actividad que requiere de complicidades y que se realiza con el objeto de enriquecerse, y no de construir consensos en pos de un objetivo de beneficio común; y, por otro, que en nuestro país no existen dispositivos legales ni institucionales que eviten, reduzcan o desalienten el fenómeno de la corrupción. Es decir, todo mundo sabe que cualquier persona, una vez que llega al poder, necesarísimamente habrá de robar y enriquecerse, y no habrá nada ni nadie que logre impedirlo o pueda sancionarlo, por la simple y sencilla razón de que el sancionador también es cómplice. Así entonces, de alguna manera y sobre todo en ciertas áreas, la administración pública se ha transformado en la “ciencia de los encubrimientos mutuos o de las complicidades”.

Sabido es que al último año de cada sexenio se le conoce como “el Año de Hidalgo” por aquello de que ‘es pendejo el que deje algo’ (no faltó quien propusiera anexarle el año de Carranza “por si con el de Hidalgo no alcanza”).

Llama la atención que aun en altas esferas del poder se reconozca la existencia de esta tradición que consiste en arremeter con todo lo que se encuentre al alcance de la mano. Como muestra de ello nos remitimos a una nota periodística firmada por Andrés Timoteo Morales (columnista del diario Notiver-Veracruz) y Luis A. Bofia publicada en septiembre 2005.

Durante una breve visita a Yucatán, el presidente de la República (Vicente Fox) se comprometió a que en su sexenio “no habría año de Hidalgo”.

“Aplicaremos la ley y castigaremos a las personas que metan la mano en los presupuestos federales que, en realidad, pertenecen al pueblo de México”, sostuvo el Presidente durante el también llamado ‘Encuentro ciudadano: rendición de cuentas, efectuado en el Centro de Convenciones Siglo 21’, de la ciudad de Mérida.

Con frecuencia es posible escuchar a quienes ponen énfasis en la enorme riqueza de México que le ha permitido sobrevivir a la obra persistente de saqueadores, propios y extraños, de ambición ilimitada. Esta nobleza del país también ha sido reconocida por los propios delincuentes; tal es el caso, citado por Fabrizio Mejía Madrid sobre Arturo (el negro) Durazo, quien fuera  Jefe de la Policía en los tiempos del  más frívolo de los presidentes de México, José López Portillo.

Su sobrino pasó a la historia el viernes 29 de junio de 1984 cuando el FBI lo detuvo en San Juan de Puerto Rico. Acusado en México de evasión fiscal, extorsión a los policías a su cargo por 124 millones de pesos, controlar el tráfico de drogas, la prostitución, los bares y los abortos en la ciudad, Durazo acuñó una frase comparable a las de nuestros héroes revolucionarios: «Pinche país tan maravilloso y bueno que es capaz de soportar un hijo de la chingada como yo.»

En este entorno la separación entre honestos y corruptos asume posibilidades intermedias, tal lo referido por Enrique Brito.

Cuentan que cuando cierto político terminó su gestión se encontró con un viejo amigo que le preguntó:

-¿Cómo te portaste en el ejercicio del poder?, ¿qué tan honesto fuiste?

-Bueno… honesto, honesto ¡no!, pero honesto, ¡sí!

Valiéndose de un conjunto de dichos populares, José Ezequiel Iturriaga Sauco, se refiere al proceso que desemboca en actos de corrupción.

(…) Empeñado en obtener favores de su poderoso ex condiscípulo, su fórmula es bien sencilla, frecuentarlo, porque “Santo que no es visto, no es adorado”. Y como “Santo que no está presente, se queda sin vela ardiente”, se instala con terquedad en la antesala ministerial hasta que le den audiencia. Va con sus mejores trapitos porque “Como te ven te tratan”. El personaje lo recibe con estas palabras: Algo quieres: “Nomás cuando relampaguea te acuerdas de Santa Bárbara”. Y, como el ministro había sido seminarista, le lanzó esta cuarteta además:

Cuando los padres Franciscanos/te vienen a visitar,/es porque algo te quieren pedir/o algo te quieren quitar.

El aludido se hizo el desentendido y sin mayor tardanza pidió una plaza de inspector (…)

Ya en funciones, a cada embute que recibía el mordelón, repetía en tono filosofante y cínico: ¡Venga a nos tu reino! Y se metía el dinero en la bolsa. “El que no da al Cristo, paga al fisco” (…)  Y le vino el dinero en tal cantidad, que su plaza de inspector acabó siendo ambicionada por medio mundo: “¡Cuando son tantas las limosnas, hasta los santos se alborotan!”.

Muchos son los dichos que aluden a este estado de cosas como el de que usan los priistas: “el que no transa no avanza” y el que se refiere al trato que hay que tener con los integrantes de la oposición: “No les cambies las ideas, cámbiales los ingresos”.

Si lo publicado en la prensa responde a la realidad, según algunos funcionarios todo es cuestión de ganadores (quienes han sido favorecidos por el poder) y perdedores (los que no han tenido dicha fortuna). En ese estado de cosas entonces la crítica sería simplemente manifestación de la envidia de los segundos hacia los primeros. Así en julio de 2010 una nota de prensa de Jacobo Zabludovsky, recién galardonado por la Cámara de Senadores, dio cuenta de los preparativos para la celebración del Bicentenario e informó que muy jugosas contrataciones se hicieron a dedo, sin licitación alguna. Esto fue saliendo a la luz gracias a algunas investigaciones periodísticas.

Al publicarse esta maniobra el señor José Manuel Villalpando, jefe de la comisión de los festejos, dijo: “La crítica no me afecta, la envidia es algo muy mexicano. Si el artista fuera amigo tuyo dirías qué bueno que le pagaron, o sea, depende… Este recurso es poco en realidad, frente a los muchos millones de pesos que hay en el presupuesto nacional”. Eso dijo.

Los daños que el amiguismo produce a las arcas públicas son de consideración; La política, dicen unos, se hace con los amigos. Hace muchos años escuché a El Colorado Sánchez Mireles soltar la frase: “A mí me acusan de que cuando dirigí el ISSSTE beneficié a mis amigos. ¿Pos qué querían?, ¿que beneficiara a mis enemigos?”. El sofisma es evidente. Vale repetir la frase: “Es más fácil convertir en amigo a un funcionario honesto, capaz y patriota, que convertir a un amigo en funcionario honesto, capaz y patriota”.

En los tiempos del autoritarismo priista de José López Portillo se dijo: “La solución somos todos” y el pueblo le contestó: “La corrupción somos todos”. En fin… ¡”Pinche poder, cómo te extraño”!

rresumen@hotmail.com

 

 

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