Por María Guadalupe Rico Martínez

A Ban Ki-moon la prensa coreana lo llama «la anguila» por su habilidad para esquivar preguntas. Afirma dormir no más de cinco horas cada noche y nunca haber llegado tarde al trabajo. Durante los casi tres años que fue ministro de Relaciones Exteriores de Corea del Sur sólo tomó vacaciones, pretexto, asistir a la boda de su hija. Ha dicho que su único hobby es el golf, aunque juega a éste un par de veces al año. Tiene buen sentido de humor, lo manifiesta al afirmar ya no ser el surcoreano más famoso del mundo desde que apareció el rapero PSY con el Gangnam Style.
El octavo Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas considera 2014 clave para el futuro de la humanidad, y espera que se sienten las bases de un nuevo marco de desarrollo sostenible, centrado en la erradicación de la pobreza y la protección ambiental. El primer escenario internacional del año para el señor Ban fue el Foro Económico Mundial, en Davos, donde pidió mayor compromiso en la reducción de la deforestación, eficiencia energética, la seguridad del agua, la lucha contra los contaminantes de corta vida, soluciones energéticas sustentables y la inversión verde.
Y tal parece que el único hombre que tiene que ver con casi todas las naciones del planeta a partir de 2007 no se da abasto con la agenda que carga sobre sus hombros por lo cual nombró el pasado mes al ex primer ministro de Noruega, Jens Stoltenberg y al ex presidente de Ghana, John Kufuor, como sus enviados especiales sobre el tema de cambio climático. Urge movilizar la voluntad política necesaria y lograr un acuerdo en la Cumbre Climática de septiembre en Nueva York para trazar nueva vía hacia una economía baja en carbono.
DELFINES.- Yoko Ono, manifestó su posición contra la matanza de delfines en Taiji. La artista nipona en una carta expresó que la actividad es «considerada por el resto del mundo como un signo de arrogancia, ignorancia y amor a la violencia por parte de Japón». El gobernador de la prefectura de Wakayama, Yoshinobu Nisaka, argumentó “La cultura gastronómica de cada país varía y la grandeza de la civilización es respetar las posturas de cada cual mientras no pongan en peligro a las especies”. Cada año son las mismas críticas y respuestas, difícil resolver cuando se trata de la idiosincrasia de un pueblo.
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