La Pluma-ojo del Pavorreal


LA PLUMA- OJO DEL  PAVORREAL

Por Irene Arceocambiocomunicacion

 Fotografía de  Irene Arceo, egresada de la Facultad de Ciencias    de la Comunicación de la Universidad Veracruzana y miembro con voto en la organización internacional "Reporteros sin Fronteras
Fotografía de Irene Arceo, egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana y miembro con voto en la organización internacional «Reporteros sin Fronteras

Para muchos, el reciente enroque  – que no cambios- realizado por el gobernador Javier Duarte de Ochoa en su gabinete, sólo fue una estrategia distractora  para  calmar las  turbulentas aguas en la opinión pública local, nacional y hasta internacional  por  el secuestro y asesinato del reportero Gregorio Jiménez de la Cruz,   que se sumó al rosario  de sucesos  aciagos en el gremio periodístico estatal.

Con sus movimientos,  el mandatario,  intenta  demostrar a los veracruzanos  si tiene carácter y  don de mando.  Sin embargo lo que subyace  es que  Javier Duarte  tiene prohibido quitar a los fidelistas y rosistas que le incrustaron en su administración y no le queda otra que recurrir  a la forzada tarea de  reacomodo, toda vez que ninguno de los personajes que  gravitan en su  entorno  desde  que le apadrinaron   su proyecto político, está dispuesto a dejar su  hueso por nada de ese mundo, porque se sienten con derechos inalienables.

Fuera de lo acotado que se ve e l gobernador en sus decisiones,   lo que al menos agradecen los periodistas críticos   que a diario analizan  con lupa  el comportamiento  público del  grupo adherido a Javier Duarte,  es ya no  tener  que   soportar e l desprecio al que los tenía sometidos  la ex Coordinadora General  de Comunicación Social  Gina Domínguez Colio, a quien siempre se le vio tremendamente  dulce y obsequiosa con los inefables y hedonistas  dueños de los medios de comunicación estatales (y nacionales), beneficiados con jugosos convenios publicitarios y  espléndidas prebendas,  mientras que era  terriblemente  grosera y distante con los  humildes y mal pagados  columnistas y reporteros  que se atreven a revelar en  los  entrelineados  de sus notas o en  sus géneros de opinión, cualquier aspecto  que irrita  al círculo duartista.

Como responsable de la comunicación social  de l gobierno  Estatal, lo que   lamentablemente  Gina  reflejó es  la imagen  de  un   Javier Duarte que  no ve, ni  oye y  hasta le pinta su raya   a quienes lo critican.   En su afán de  servidumbre, la periodista  le endosó al mandatario  sus  fobias y  filias hacia ciertos  comunicadores   que cotidianamente   discriminaba   por sus  líneas críticas,  su  interpretación  a contra corriente de la acción gubernamental, o simplemente descalificaba,     sin que  ella  propiciara un acercamiento o un diálogo para  construir puentes de comunicación  que permitieran un  equilibrio  o  acaso  atemperar el comportamiento mediático  que,  por su errónea  conducta pública  y su  falta de ubicación con respecto a su cargo,  se fue convirtiendo en una  opinión pública  adversa.  Gina, no calibró  el poder de  las redes sociales y del internet  que presenta el comentario rápido y oportuno de los hechos de una manera más gráfica, sencilla y atractiva. La  gente ya casi no lee periódicos (esa cuestión la discutimos   con mi amigo Pepe Robles Martínez) y menos cuando  las noticias  presentan un formato anacrónico y    convencional que  revela el  compromiso   de publicidad  pagada.

Domínguez Colio, por comodidad o indolencia,  apostó   por   invertir  el  nunca suficiente presupuesto,  en el voraz  elitismo oficioso de los medios locales,   que con su discurso falso   ha pretendido  pintar de dorado hasta las acciones mas ruines  -que  justo es decir-   involucran,  no solo  al  gobierno  sino también a   la sociedad.   Desesperada por quedar bien con la superioridad,  Gina  abandonó  a la  infantería y al  final  esa fue  la que la tumbó de su pedestal. ¿y los dueños de los medios que tantos regalos y   concesiones  recibieron de su parte? Ya los están visitando para nuevos tratos.

Ayer, era en verdad preocupante  ver la falta de asesoría hacia e l gobernador en materia de comunicación social: un ejemplo; en una entrevista con el diario español El País, Duarte sostuvo respecto a  la asesinada periodista Regina Martínez: “Es el caso de una periodista que no se dedicaba al periodismo policial, era  una periodista ética, profesional, que no se metía con nadie; sus artículos eran artículos políticos y ni siquiera eran incisivos, no eran artículos que tuvieran que ver con una investigación…”.

Por  todo lo que hemos  sufrido en Veracruz,  hoy, significa un respiro de frescura la llegada de  un político  como    Alberto Silva  Ramos  a la responsabilidad de la comunicación social  del gobierno del Estado.  Ya es bastante su disposición y su voluntad. Claro, viene tumbando caña diciendo que ya no le digan cisne sino pavorreal y que  «Yo lo que quiero es ayudar al amigo, no quiero ser nadie más que alguien digno de la amistad que él me ha dado. Es tiempo de ayudar al jefe y no de andarse cuidando». Sus palabras suenan como que le hace un favor.

Mientras, a Gina, la protegieron dándole una posición más discreta, aunque  de  considerable importancia. E l trabajo de secretario técnico tiene  mucho que ver  con  desempeño de la agenda del  gabinete  en el cumplimiento del  programa  gubernamental. Además  se ocupa de las relaciones con   los otros  niveles  de gobierno(municipal y federal)   así como de organismos e instituciones públicas y privadas. También puede  incidir en  políticas públicas en materia de comunicación social  y  en otros programas específicos.   Recordemos que en el gobierno de Miguel   Alemán Velasco   el entonces todoterreno Roberto López Delfín ejercía como secretario particular y secretario técnico y desde esa  posición,   tomaba decisiones  importantes; se metía en todos los asuntos   y operaba políticamente por  encima de la  secretaria de gobierno Mimí Quirasco, ya que requería, convocaba e instruía a secretarios, subsecretarios y directores generales  mismos  que,  sin chistar le rendían pleitesía.

En la historia política de Veracruz hay que  reconocer  que  los   mejores directores de comunicación social  del gobierno estatal no han sido periodistas (excepto el amable  Miguel López Azuara), sino políticos o publirrelacionistas. Los personajes que  desempeñaron un papel digno, mesurado y sin estridencias andan por ahí ya tranquilos y relajados. Con e l tiempo  y por la falta de colocación en puestos gubernamentales  se  han visto  obligados a dedicarse  al periodismo como Rafael  Arias  o Cecilio García , pero por ejemplo, suertudos  como   Antonio Nemi,  Alfredo Gándara   juegan a la simbiosis de comunicador  a político o viceversa, según se den las condiciones de chamba.

Respecto a  Alberto Silva,  ojalá  y sea cierta   su primera intención expresada   de un  acercamiento con todas las corrientes y posiciones  del gremio periodístico veracruzano. Urge una actitud de calidez y respeto a este sector tan lastimado y está claro que desde las alturas del poder es  obligatorio ser humilde y  ofrecer, tal como prometió Silva “una política de puertas abiertas y dialogo para todos”.   En e l sexenio de Fidel Herrera Beltrán  era odioso  tener  que esperar a Alfredo Gándara por horas afuera de su oficina y   con suerte   a l final,  e l funcionario recibía a los comunicadores (no importantes) aburrido y  de mala gana, con monosílabos y  prisa. Era el gobernador Herrera  quien tenía que  resolver personalmente  los asuntos de prensa.   Con Gina  fue de  mal en  peor; su poder era inconmensurable. Siquiera Gándara no hablaba.

El  Cisne- Pavorreal mira con su habitual  elegancia  y con prudente distancia  a FACICO. Ojo de pavorreal: el abanico  de Gina se mueve  en esa institución como en  una casa tomada por  señoras  apoltronadas con peinado de salón  y maridos tributantes.  En la  ceremonia de celebración  de los 60 años de la Facultad de Ciencias  de la Comunicación de la   ¿autónoma? UV, apretaron la  programación  con un discurso retórico y dosificado; le impidieron a los estudiantes conocer   y escuchar a  periodistas  experimentados y sin oropeles , dignos  egresados de la facultad de periodismo como   María Elvira Santamaría, Luis Velázquez, Isabel Zamorano, Ada Hernández, Miguel Angel Cristiani, Raul González , Guadalupe López  y otros ,    que  sí escriben, conocen el trabajo  periodístico y que  podrían haber aportado  mucho  más que lo  mero académico, oficialista o  apantallante.

Silva tendrá que hacer una revisión de la agenda de la coordinación de comunicación social o como se llame esa estructura   sobredimensionada que  el gobernador le permitió  ensanchar a Gina Domínguez, en aras de hacer  crecer su egoteca.  Entre mas discreta, operativa y de bajo perfil sea esta área, menos problemas tendrá. Confiamos en  la naturaleza y el carácter de  Alberto  Silva Ramos  para darle el giro  adecuado a esta  dependencia tan visible y neurálgica y delicada  que como en el poema de Homero: en la derrota el  daño alcanza  a todos.

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