
Hija de quien fuera notable músico veracruzano Raúl Ladrón de Guevara fallecido en 2006, la rectora Sara Ladrón de Guevara ha estado demostrando, a muchos, que la vida está llena de oportunidades y que hay que saberlas aprovechar.
Su madre, Sara González y sus hermanas Cecilia Mónica e Isabel y su hermano Jaime seguramente se han de sentir orgullosos por el desempeño que realiza como rectora de la Máxima Casa de Estudios. Es, pues, una mujer cuyo origen viene de una familia tradicional jalapeña-naolinqueña.
La rectora, antropóloga de profesión, no es política metiche. Si la invitan, va y con recato y personalidad representa a la Universidad Veracruzana en cualquier evento. Se trabajo es el de seguir fortaleciendo y haciendo de la Universidad el centro cultural más importante de México. Así lo demuestra y se le ve y escucha en cada uno de sus mensajes.
Rodeada de un excelente equipo de trabajo entre hombres y mujeres, cada día afina los detalles académicos, administrativos, financieros, de infraestructura, de difusión y buscando soluciones adecuadas para resolver uno de los principales problemas de los jóvenes: el ingreso a la Universidad. Esa es una preocupación constante y permanente. Tiene el pulso de la Universidad y la conoce en sus entrañas pues desde la docencia, la investigación y como instructora de alumnos de maestría, actividad que sigue desarrollado, parece, lleva las riendas de la UV.
Está demostrando, con acciones, que la Junta de Gobierno de la Casa de Estudios, no se equivocó al nombrarla rectora. Desde muy joven estudió y trabajó impartiendo clases; su vocación es la docencia. Se formó académicamente en el área de humanidades como antropóloga.
Ha puesto sobre la mesa las fortalezas y debilidades, las oportunidades y amenazas y con optimismo se inclina hacia lo positivo de la Universidad. Ha recibido aplausos y emocionada ha dicho que “ahora entiendo a los políticos; los académicos, nos manejamos de manera diferente”.
¿De qué pie cojea la Universidad?
Cuando en los primeros días como rectora muchos reflexionamos en el sentido de que todos conocemos de qué pie cojea la UV. Sabemos cuáles son sus problemas, todo el dinero que se han robado, el número inmenso de alumnos que no alcanzan inscripción, cómo se encuentra físicamente la Universidad, los problemas de buen desempeño del MEIF, todos los aviadores que viven ahí y que no dan golpe; cómo han venido de más a menos; nadie se entera qué se hace dentro, fallaba la difusión, y sigue fallando en menor grado, nadie sabe qué hacen los investigadores, los programas aún no llegan a la sociedad y tampoco sabemos, a ciencia cierta, de qué manera permea la Universidad entre los veracruzanos.
Esa es la madeja que está desenmarañando Sara. Para eso fue electa, para dar soluciones, poner orden ya que sus dos antecesores tomaron de rehén, para sus negocios, francachelas y liviandades, a la Universidad.
¿Hasta dónde debemos medir la responsabilidad de la rectora? Tendrá que rescatar el brillo que durante décadas lograron rectores ilustres como el doctor Gonzalo Aguirre Beltrán, el filósofo Fernando Salmerón y don Roberto Bravo Garzón.
La rectora, que cae bien a una inmensa mayoría debe, en esa grave responsabilidad, demostrar de qué están hechas las mujeres inteligentes. Tal vez, no lo sabemos, esté haciendo mucho con poco. Es, Sara, una profesional privilegiada porque ha tenido todo en la vida: una buena familia, buena educación, excelentes valores y grandes ejemplos de vida. Me pasa la rectora Sara.
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