
Por Raúl González Rivera

Son ya 25 años de vida del programa Solidaridad y sus resultados y bonos dejan mucho que decir y desear.
Un cuarto de siglo y la cantidad de pobres no sólo sigue siendo la misma, sino que ha ido en aumento.
Y es que a los padres de sus hijos, que hace 25 años les dieron mensualmente un billete para ayudarse a sobrevivir, dicho beneficio -si así puede calificarse- ya lo transmitieron a sus herederos y herederas.
Pero el programa sigue sin abatir la pobreza y los pobres han ido en notable incremento a lo largo y ancho del territorio nacional, sin advertir que hoy se puede hablar de quienes habitan en pobreza extrema. Algo así como doce millones, que comen una vez al día y que ninguna cruzada contra el hambre podrá concluir ese feo capítulo de la historia negra de este país.
Rosario Robles Berlanga lo sabe y quizá ésta sea una de las razones que le hayan hecho cometer algunos exabruptos, al advertir, por ejemplo, que ya no se darán tales beneficios a los que hagan más de tres hijos.
Solidaridad no deja de ser un programa electorero y populista, al viejo estilo de quien acuñó la frase de Arriba y Adelante, cuando el país comenzaba a gastar enormes sumas de dinero en propaganda, mucho antes que terminar con los problemas eminentemente sociales que, a decir verdad, el PRIAN en sus más de 80 años de gobernar a México ha podido resolver.
El propio Luis Echeverría, el mandatario de este país, se solazaba diciendo que los pobres dejarían de serlo, y le secundaría inclusive uno de los promotores del programa solidaridad, Alfredo V. Bonfil, a la sazón secretario de la CNC, quien en su habitual tono de excelente orador, lanzaba su proclama de «a una voz de usted, señor presidente, este país se incendia o se apaga».
Posteriormente, los presidentes tricolores dirían que sería concluida la pobreza, como lo vociferaron Carlos Salinas, sobre todo, cuando dijo al concluir su gestión pública, que en adelante «los mexicanos sólo tendrán que administrar la riqueza» y, por supuesto, los presidentes panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, para los cuales, inclusive, en su discurso no figurarían jamás los pobres como tema de una agenda de trabajo en sus sexenios correspondientes.
Empero, jamás tampoco ninguno de los gobiernos en estos últimos 25 años han dejado de dar sus tajadas de míseros apoyos a los pobres, los que a la distancia fueron monárquicamente heredados de padres a hijos, como es seguramente en este momento. Sin embargo, el problema sigue, hay los mismos pobres, el conflicto social sigue latente y, por el revés, se ha multiplicado o complicado con la ola violenta y de inseguridad pública. Luego entonces, ¿qué debe festejarse del programa Solidaridad, bajo estos saldos vergonzosos? Por favor.
* HAY NUEVO DIRECTOR EN
LEYES, CON RENOVACIÓN DE FE
La Universidad Veracruzana ha otorgado el cargo de director de la escuela o facultad de derecho al abogado José Luis Cuevas Gayosso y con esta renovación de su directiva, igual, se renuevan las expectativas de que los futuros licenciados en derecho, de una vez por todas, cuenten con el plantel a la altura de los más avanzados del país, aun siendo de carácter público.
El sueño convertido en realidad de don Manuel Aparicio Guido, arrancó sobre las calles de Leandro Valle y continuó en el edificio de la ex facultad de filosofía y letras, que se localiza sobre la calle de Juárez.
El plantel forjador de abogados ha cubierto una ruta de poco más de 50 años, pero en el edificio que ocupa en los linderos de la zona universitaria, a un costado de la escuela de bachilleres «Antonio María de Rivera».
Con el paso de los años, el deterioro sobrevino irremediable, lo mismo en la construcción de sus edificios, como en la formación escolar de los muchachos en sus diferentes épocas. El periodo del porrismo, auspiciado bajo la rectoría del extinto Roberto Bravo Garzón, habría provocado un serio colapso en la institución, como hacia su exterior, con la apertura de numerosas escuelas, más de quince nomás en la ciudad, dedicadas a la enseñanza del derecho.
Seguramente, todos los directores del plantel dieron lo mejor de sus capacidades, pero desafortunadamente no todas las gestiones de aquéllos fueron o resultaron lo suficientemente exitosas. El plantel continúa igual en sus edificaciones que hace 50 años y en su biblioteca continúan ofreciéndose a sus estudiantes los mismos libros, textos, documentos y otras historias.
A la par del rezago que guardan los tribunales de justicia del fuero común, los programas incluyéndose el nuevo plan de estudios, han dejado enormes lagunas y que han repercutido obviamente en el estudiantado, al no encontrar los elementos en la enseñanza que le motiven seriamente a concentrarse y forjarse en los abogados del siglo XXI. Hay holganza. Y aunque existe una buena parte de estudiantes y los académicos resueltos a ver por el resurgimiento del plantel, es la hora en que se sigue presumiendo que lo bueno vendrá en breve.
José Luis Cuevas Gayosso es una carta eminentemente local, forjado en sus aulas y se ha propuesto realizar la gran faena, de conseguir la lana suficiente para instalar la sala de juicios orales, lo cual encontraría un excelente complemento, si se cumple, como en un pasado todavía reciente, la participación del bufete jurídico gratuito de la propia institución y que tantos y excelentes litigantes aportara en su oportunidad a la sociedad veracruzana.
Verdadera, esta última misión del plantel, porque no hay otra versión en la que se capaciten futuros licenciados en derecho, en nuestra querida facultad de derecho. Esperemos.
* PARQUE DEPORTIVO
COLON, LA HISTORIA
El parque deportivo Colón forma parte de la lista de inmuebles que históricamente están ligados a la vida en común de los xalapeños de origen.
A quién sabe quién se le ocurrió cambiar el nombre y ahora le llaman campo deportivo Colón, cuando dicho apelativo le sale sobrando, habida cuenta de que se trata de un espacio destinado de siempre al rey de los deportes, como los más avezados cronistas de las ligas mayores le llaman al extraordinario juego del beisbol.
Es en la actualidad, que al deportivo Colón le han asignado toda clase de eventos, que van desde los celebrados por músicos de todas las variedades, encuentros entre feligreses y curas católicos, cierres de campaña de partidos políticos y hasta de área para el desahogo de las adicciones y bebidas que consumen los grupos juveniles lo mismo en festejo de terminación de cursos, graduaciones y citas para la reflexión, la oración y la reunión de los «boy scouts» en el pasado.
Sin embargo, en la página destinada a vanagloriar el parque deportivo Colón, hubo seis años en que dicho lugar permaneció intocado, porque sólo se destinó a la práctica y celebración de los choques beisboleros entre novenas locales, otros nacionales y con la participación de jugadores extranjeros, cubanos, costarricenses, en la defensa de los colores del Chileros de Xalapa, en la liga invernal, y de cara a los equipos de Tigres de México, Pericos de Puebla, los Petroleros de Poza Rica y los Cafeteros de Córdoba.
La mejor novena, advertía el abogado Antonio M. Quirasco, asiduo a los juegos nocturnos y los que se desarrollaban los sábados y domingos.
En esa ocasión, se integró la novena de lujo, con jugadores de las filas de la liga mexicana y algunos que jugaron o jugaban en las trincheras de varios equipos de las ligas mayores.
¿Alguien de aquella época de oro, en el beisbol, podría olvidar a Luis «Pasitos» Echeverría y a Rubén Esquivias, defendiendo la primera base, Vinicio García, Beto Ávila y Rubén Amaro, en la segunda base, y los dos últimos de ligas mayores? Por cierto, Rubén, hijo de Santos Amaro, el cubano, que también importado de ligas mayores vino a Xalapa, para dirigir algunos días las acciones de la liga invernal de bEisbol, con el Aguila de Veracruz.
En la tercera base, El Papelero Valenzuela, compartiendo la almohadilla con los hermanos Guerrero, Vicente y Humberto.
En las «paradas cortas» Miguel Becerril Fernández, excelente bateador por los dos lados, y como fílderes: en el centro, Felipe «El Clíper» Montemayor, en el jardín derecho Ernesto Terán, xalapeñísimo por los cuatro costados, y en el jardín izquierdo otro xalapeño, Mario Luna.
En la lomita de lanzadores, una estrella de todos los tiempos en la liga mexicana, Ramón Arano, y el cubano de ligas mayores Luis Tiant, después se incorporaría Panchillo Ramírez, el monumental lanzador de rectas de casi 100 millas, Tomás Herrera, Enrique Castillo, del Tigres de México, entre otros.
Como cátcheres o cubriendo la receptoría: Pilo Gaspar y Beto Palafox, entre otros.
Jugadores de lujo, se repite, porque todos compartían honores con novenas de la liga mexicana y algunos más en novenas de las ligas mayores. Entonces los aficionados acudían en familias y la autoridad estatal se contagiaba de la fiesta que se registraba en las gradas del super cuidado parque deportivo Colón, el cual durante seis años no se concesionó ni se prestó o alquiló para celebrar más eventos que ser escenario y la casa de los choques del beisbol, que tanto hicieron lucir a Veracruz y particularmente a los «Chileros de Xalapa».
