
Por: Héctor Saldierna Martínez

Desde 1968 a la fecha, que hablamos prácticamente de 46 años, el país no había tenido una crispación social sin límites. A pesar de la marginación y de la inequidad social –que se ha acentuado en los últimos 20 años- México no observaba una irritación social y una demanda fuerte de justicia que llega a niveles bastante preocupantes.
Por más que se intente tapar el sol con un dedo, como suele afirmarse en este tipo de situaciones, el actual escenario social y económico, prácticamente inédito, obliga a una transformación de políticas públicas de manera urgente y con un brusco cambio de timón.
Para efectos emblemáticos y semiológicos, como dirían los académicos porque estarían ligados a la ciencia de los signos y de los símbolos, lo que sucedió el 20 de noviembre en las principales calles de la ciudad de México en un aviso de extrema gravedad que tiene que ser bien captado de parte de la autoridad oficial.
La ausencia de respuestas no sería nada recomendable. Dar alguna pretendida satisfacción que no tenga los elementos suficientes, entonces sería lo mismo. Tiene que ser algo fuerte que llegue a la conciencia de todos los mexicanos.
La promesa presidencial de una respuesta, que evidentemente se ha retrasado, tiene que llegar hacia el corazón de quienes en estos momentos se sienten en la marginación y cuyo dolor es inconmensurable.
Quienes planearon toda una estrategia para contener los ímpetus juveniles del grupo de estudiantes de Ayotzinapa, jamás imaginaron el enorme grado de respuesta y de indignación que ha escalado. No sólo ha sido una reclamación a nivel nacional, con una participación inédita de miles de estudiantes que han tomado las calles, sino que ha tenido una amplificación a nivel internacional con diversos grupos sociales.
Sobre el tema han hablado el Papa Francisco, el presidente de Uruguay, José Mujica; el parlamento europeo, Amnistía Internacional, ONGs en todo el mundo, la Iglesia Católica y los periódicos The Guardian, Economist, New York Times, Le Monde de París, en algunos casos con picantes editoriales y reprobando los hechos..
Es impresionante observar y leer miles de mensajes a través de las redes sociales, los que en su inmensa mayoría condenan y reprueban tan execrable crimen, que sí bien es cierto aún no se determina científicamente su muerte, existen todas las coincidencias para aceptar la hipótesis de los autores de la masacre y de cuyos intelectuales tal vez nunca se sepa.
También es cierto que desde la época de Gustavo Díaz Ordaz, ningún presidente mexicano había tenido tanta presión y una calificación reprobatoria, hecho que obliga a realizar acciones que reivindique al actual mandatario. Tendría que tener respuestas contundentes y que verdaderamente se quisiera combatir la corrupción, además de dar marcha atrás a las diversa reformas que ha implementado, las que no han tenido el aval popular y que bastaría únicamente en recapacitar, en base a la semiología, que las modificaciones a la constitución fueron impulsadas desde un Congreso parapetado en metales.
LA VIOLENCIA
En todo este cúmulo de acontecimientos el tema de la violencia ha sido el tema recurrente. En las diversas manifestaciones que se han realizado ha ocurrido un factor discordante de violencia, que normalmente ha sido aplicado por un grupo de personas encapuchadas, cuyas características son gente joven, de excelente condición física y que se dedican a agredir a los granaderos y cometer una serie de barbaridades.
En algunas imágenes en las redes sociales se han difundido fotografías de estos agresores puestos en dos perspectivas: una, en la tarea de violencia y dos, arriba de camionetas oficiales. El siguiente paso que han seguido los granaderos es emprenderla contra los manifestantes y limpiar las plazas y capturar a jóvenes que por ahí pasen, para su desfortuna, para llevarlos ante las instancias judiciales.
Luego sigue la difusión en torno a los hechos violentos, minimizando totalmente los discursos y pensamientos de los mítines. Es decir, toda una estrategia de comunicación y de distracción mediática. Y, lógicamente, las autoridades prosiguen con sus discursos para condenar la violencia, sin otorgar respuestas a los móviles de las marchas.
Lo delicado del asunto es que se asuma una actitud de ni te veo ni te escucho. Es urgente y necesario que haya respuestas contundentes para estos reclamos sociales que han llegado a niveles poco sospechados. La viabilidad del gobierno tendría que darse en ese sentido.
PRIMERA PIEDRA EN AMPLIACION DEL PUERTO
Este lunes se llevó a efecto la ceremonia oficial en torno a la ampliación del puerto de Veracruz, cuyo objetivo es hacer de esta terminal portuaria la más competitiva en el país. No ha sido fácil llegar a esta etapa de inicio porque se han enfrentado a una serie de factores que todavía no termina por encajar. Uno de ellos es el renglón ecológico.
Sin embargo, en torno a este tema, el presidente de la CANACO Veracruz, Belgio Amayo, manifestó su molestia en virtud que nos les invitaron a esta inauguración oficial, hecho que interpretaron como una manera de no tomarlos en cuenta.
Desde luego, a esta interpretación se le agrega también que los empresarios veracruzanos no están siendo tomados en cuenta para participar en un negocio cuya inversión es de varios miles de millones de pesos. Esto no es nuevo, porque desde hace varios meses atrás se ha mencionado con insistencia que los empresarios locales no tienen certeza de participar en estas obras de ampliación.
En medios transportistas se menciona con insistencia el nombre de Carlos Manuel Sosa Madrazo, coordinador nacional del Transporte Multimodal de la CNOP, como candidato a la diputación federal en las elecciones intermedias. Se considera que tiene los atributos suficientes para contender con grandes posibilidades de triunfo.
Y hasta la próxima.
