
Por Ricardo Ravelo Galo
Vicente Leñero no sólo fue un extraordinario periodista y escritor. Fue un gran ser humano.
Siempre dispuesto a enseñar, fue impulsor de periodistas y escritores a los que cobijó con su sapiencia, sensibilidad y cariño.
Estar cerca de Vicente Leñero era sentirse protegido, era como estar cerca de un padre, pues difícilmente decía que no cuando se le buscaba para pedirle un consejo, un punto de vista o que dispusiera de tiempo para escribir un prólogo o la presentación de un libro.
Recuerdo muy bien que en el año 2005 le llamé por teléfono. En ese entonces estaba terminando Los Capos, mi primer libro sobre el complejo tema del narcotráfico.
–Don Vicente, quiero que usted me escriba el prólogo– le dije.
–Mira, Ricardo, tanto como un prólogo no, pero cuenta con una presentación. Mándame el original y con mucho gusto.
Unas semanas después entregué el original a la editorial Random House Mondadori y mi editor de aquel momento, Braulio Peralta, se emocionó cuando le dije que Vicente escribiría la presentación.
Mi sorpresa fue mayor cuando Peralta me citó en su oficina para afinar detalles sobre el libro. En ese momento me dijo: “Vicente escribió un prólogo muy chingón”.
–¿Qué me estás diciendo? Él me dijo que no haría un prólogo sino una breve presentación.
–Pues no –respondió Braulio–: es un gran prólogo.
Se lo agradecí profundamente.
Con Vicente tuve una cercanía cuando ingresé a Proceso en noviembre de 1996. En esa fecha él, Julio Scherer y Enrique Maza se retiraron de Proceso después de 20 años de intensa labor periodística que permitió el posicionamiento de la revista.
Cuentan que Leñero hacía las portadas de la revista y formaba algunas secciones. Cuando llegaba a Proceso los viernes de cierre invariablemente invitaba a los reporteros a jugar dominó.
Se hicieron famosos los viernes de cierre porque las jugadas de dominó formaban parte del ambiente durante la noche y hasta la madrugada del sábado cuando la revista quedaba totalmente terminada.
Leñero fue un escritor prolijo, cuya redacción siempre estaba cagada de lirismo. Los periodistas fue un libro que lo posicionó en el mundo editorial, donde narra el golpe de Luis Echeverría contra Excélsior y que derivó en la salida de un grupo de periodistas encabezados por Julio Scherer que, meses después, fundaron la revista Proceso en noviembre de 1976.
Fue autor de Los Albañiles, La Gota de Agua (novela en la que cuenta sus tropiezos como ingeniero civil), así como su más reciente libro Más gente así.
Como periodista hizo importantes trabajos. Inolvidable la entrevista que le concedió el subcomandante Marcos en 1994, en pleno estallido zapatista en Chiapas.
Vicente Leñero y Julio Scherer no sólo eran grandes compañeros de trabajo y de batallas. Fueron grandes amigos. Don Julio admiraba mucho a Leñero y le tenía (y tiene) un profundo respeto por su trabajo pero sobre todo por la gran calidad humana y moral que tuvo dentro y fuera de Proceso.
Siempre le agradeceré hasta su apoyo para que yo fuera reportero de Proceso. Su respaldo fue decisivo.
Por estas y otras razones, te recordaré siempre, querido Vicente.
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