CUAUHTÉMOC BLANCO,
AD-HOC CON ESTE PAÍS
Por Raúl González Rivera
Estudiantes de la universidad, venidos de Francia, acusan que para elegir un candidato a concejal, que es el equivalente de un edil mexicano, deberán cubrir ciertos requisitos, pero en su caso, uno especial, que correspondan intelectualmente al grueso de la población que se ha preparado en diversas disciplinas profesionales, pero ligadas sobre todo a la cultura, la ciencia y en general el más amplio saber humano.
En el caso mexicano, la memoria histórica prácticamente no existe, así que un especialista en dar patadas al balón de futbol, está bien y responde seguramente a las superficialidades con que se conduce buena parte de los habitantes de la ciudad de Cuernavaca, estado de Morelos, lugar por el cual el deportista anunció que buscaría su candidatura a la presidencia municipal.
Hace tiempo que la política se permite el espacio para dar cabida a diversas personalidades en el ejercicio que, en principio, debiera merecer respeto, consideración y conocimientos elementales de administración pública y, por supuesto, que no sólo el carisma, sino la capacidad y la vocación política de quien pretende convertirse en autoridad edilicia, que es el caso del señor de la patada.
En diferentes momentos, los atletas y beisbolistas y ahora un futbolista, aspiran a ser políticos y qué bueno, pero en la realidad han resultado generalmente en un fiasco. Sin oficio por la cuestión pública, consiguen el cargo y se alejan de la gente, a la cual ven con soslayo, porque, igual, inmediatamente empiezan a fraguar el negocio que les ha de redituar mientras dura su encargo.
Suelen ser autoridades que encuentran plena identificación con una sociedad que en ocasiones ríe, hace mofa, se torna en solidaria de los payasos, que se transforman al quehacer público y ostentan para ejercerlo los puestos que obtienen en competiciones electorales.
Quizá en alguna medida, los deportistas provocan que por momentos el pueblo olvide la descorazonada que le acompaña desde que arribaron a los puestos públicos, trepadores, chapulines y perversos, por detentar, explotar y hundirse en las mieles del poder, para provecho suyo, de sus familiares, grupos políticos y mafias a las que obedecen.
Y en ese sentido, el ejercicio con Cuauhtémoc Blanco, quien siempre ha dicho que en los políticos no confía, sea la oportunidad para demostrar que los deportistas son mejores. Esperemos.
* MINISALARIOS NO AUMENTAN
DESDE HACE 37 AÑOS
Sin duda, los políticos hablan un idioma cuya dialéctica les hace sentir que desde el limbo hacen los anuncios que, aquí en la tierra, el ciudadano común y corriente está presto para aplaudir y chisporrotear de alegría, con los anuncios que pretenden los funcionarios –ellos sí extraordinariamente pagados–, en el sentido de que el desempleo se encuentra a la baja.
Obviamente, para quienes se percatan que son millones, que sus bolsillos sufren las más terribles horadaciones prácticamente desde hace cuatro décadas, son anuncios espectaculares, fantasiosos y de magia que sólo envuelve a los ignorantes.
En la calle se aprecia el síntoma de la pobreza extrema.
No hay cuadra, en nuestras ciudades, sin vendedores informales de todo. Desde yerbas comestibles hasta quienes muestran los catálogos con aquellos productos que el comprador más exigente pretenda conseguir. Plásticos, ropa, pastas dentales, monedas de oro y plata, dicen, lo que usted quiera. Empero, con el rostro ajado, arrugado en las mayorías, oliendo a sudor y mugre, por las horas expuestos a los embates del clima extremo como es el que acarrea fríos y ventiscas heladas, como sucede hoy día.
Sin embargo, los mandatarios nacionales, pasando desde los populistas Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo y Miguel de la Madrid, incluyendo a Carlos Salinas, el presidente que le dijo a los mexicanos que se dispusieran a administrar su riqueza personal, como los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, que ofrecieron el cambio y jamás dejaron de gobernar como lo hicieron los priistas del viejo régimen.
Empero, de los salarios no quisieron saber algo y sí, en cambio, con sus políticas beneficiaron a las grandes empresas y a los inversionistas venidos de otras latitudes del mundo.
Hoy el tema cobra relevancia y se enojan los políticos tradicionalistas y de siempre con el jefe de gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, porque éste último ha iniciado las gestiones tendientes a conseguir un incremento salarial para la ciudad de México, en atención a las exigencias elementales de los hogares de una inmensa mayoría de mexicanos y porque el salario se ha rezagado terriblemente por casi largos 40 años.
Y es que hay una realidad que no puede ser soslayada nomás así. En nuestras ciudades la pobreza rebasa los pronósticos más reservados acerca de su posible solución. Grandes núcleos de población se suman periódicamente a los ejércitos de quienes no poseen nada, abriendo la expectativa para que los grupos delincuenciales sigan aumentando de manera indiscriminada, lo cual mantiene con los cabellos erizados a las mayorías aplastantes.
Porque, en honor a la verdad, a la distancia no se vislumbran condiciones para salvar este enorme barco en el que viajan más de cien millones de personas, de las cuales sesenta millones siguen a la espera de que se produzca el milagro que les permita comer tres veces al día, cuenten con un empleo seguro y bien pagado, amén, por supuesto, de que estén en situación de poder desarrollar sus capacidades intelectuales y sociales, de la manera mejor posible.
* ANTES DE AYOTZINAPA Y
TLATLAYA, LA VIOLENCIA
En realidad, los detonantes fueron los casos de Ayotzinapa y Tlatlaya, pero la situación nacional venía recrudeciendo con los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón Hinojosa.
Evidentemente, el estallido de la guerrilla con el EZLN en la zona selvática de Chiapas, al casi terminar el régimen de Carlos Salinas, dejaba sembrada la inquietud social, debido necesariamente al incumplimiento de programas oficiales, en demérito de la gran familia mexicana del campo, la fábrica y la escuela.
Si bien es cierto que los casos de Tlatlaya y Ayotzinapa seguirán sin resolverse por el correr del tiempo, también no es menos verdadero que las crisis que nubló el cielo mexicano, con la violencia, la inseguridad y las ejecuciones masivas, los levantones, los descabezados y otros actos que encuadran en el rubro de la violencia, la vida nacional prácticamente se paralizó, la desconfianza popular se acrecentó desmesuradamente y hasta pareciera que las instituciones emanadas del estado, vinieron en demérito, al grado de tener que hacer uso de la fuerza material de la institución en cuestión como son la Marina y el Ejército mexicano.
La indignación del pueblo azteca, sin duda, se debe en buena medida a la inseguridad que existe desde antes de las dos grandes ejecuciones masivas, como puede sospecharse que se vienen registrando a lo largo y ancho del suelo mexicano.
Aunque el hubiera no existe más que como una expresión o una palabra, es factible que los dos casos, el de Tlatlaya y Ayotzinapa, habrían colapsado, porque al final del día se trata de dos eventos que jamás van a terminar en tanto no se llegue al fondo y se alcance la verdad. Esto es, que se sepan las razones que motivaron dichos homicidios, pero además que caigan en las redes de la justicia sus autores intelectuales y materiales auténticos.
Así lo acusa la CNDH, la cual ha tenido que salir a la defensa de las víctimas de la normal rural «Raúl Isidro Burgos», diciendo que el caso de los 43 no está superado, sino que en la conciencia nacional hay un duro sentimiento de condena y rechazo a todo lo malo que está sucediendo en el país y que arrancó con fecha mucho antes de las matanzas referidas de Tlatlaya y Ayotzinapa.
Es el pueblo, que de alguna forma tiene que sacar a la luz pública su indignación contenida de varios años, antes de ocurrir los nuevos conflictos de violencia ha aprovechado la oportunidad para difundir de manera amplia lo que está ocurriendo en nuestro país, hacia el resto del mundo, como queda demostrado plenamente aquí y en el planeta todo.
