* CON ACARREADOS SE
REESTRENA EL PRI
. Por Raúl González Rivera

Al viejo estilo, la familia priista celebró un aniversario más de su partido y la ratificación de sus dos líderes principales sobre tierras veracruzanas, Alfredo Ferrari Saavedra y la secretaria general Corintia Cruz Oregón.
A su confirmación como jerarcas del ex partidazo, el senador Héctor Yunes le calificó en aras de sus méritos personales. Ferrari ciertamente ha sido socio priista desde hace más de dos décadas y nunca ha cambado de siglas.
De Corintia, se dice que aún es muy joven, que necesita un mayor fogueo, pero la cosa pública le atrae.
Sin embargo, la fiesta de su unción quiso recordarse como fueron en el pasado las pachangas semejantes del ex partidazo aplanadora, es decir, cuando la oposición era de caricatura y daba pena ajena ver a quienes trataban a toda costa de ungirse en candidatos de una oposición consentida, como ocurrió con el partido albiazul.
La gente del momento ya no se acordaba de los acarreos de simpatizantes o militantes. En esta ocasión, como era de esperarse, el servicio urbano trajo vecinos de los cuatro rincones más apartados de la ciudad capital, bajo la promesa de que recibirían torta, refresco y algo más.
Las porras, las vivas en el interior del recinto elegido para este acto, fue el Teatro del Estado «General Ignacio de la Llave». El frío de la mañana del domingo arropó exitosamente el evento, agolpándose la muchedumbre pero guardando a la vez un orden, la disciplina, y con la gritería pidiendo a los priistas que no falten a la histórica cita del próximo mes de junio.
Ferrari, con el corazón agitado, sus seguidores con las palmas de sus manos haciéndola de tambores de fiesta, hasta lo más alto, pidiéndole curules y carteras en los futuros cuadros del comité directivo estatal el PRI, no cesaban la gritería que hizo recordar los tiempos de Manuel Ramos Gurrión, Carlos Brito Gómez, de doña Delia de la Paz Rebolledo, Patricia Gómez y otros dirigentes cuyo arrastre la mitad era cierto, la otra mitad mito.
Confundidos los olores, los pisotones a la orden del día, allí en el graderío del teatro del estado, donde se suscribiría una fiesta cada vez más lejana entre una y otra, para recalcar la fe priista en su futuro inmediato, el acuerdo de voluntades en favor de los líderes de turno, como principales huéspedes del edificio de Moreno y Ruiz Cortines.
Los priistas recordaron a sus líderes de ayer, a los caídos en ejercicio de su militancia como socios del viejo régimen. Es decir, por unos momentos el agasajo que otrora servía para confirmar la presencia del ex partido que dio luz al régimen de los 71 años ininterrumpidos, y que ahora con su retorno, tras doce años de haberse extinguido su influencia y poderío, trata a todas luces de confirmar su nueva llegada o venida, pero definitivamente, sin los soportes para presumir que es el mejor partido de masas o al menos así se la creen quienes militan, simpatizan y operan como seguidores de la maquinaria tricolor. Al tiempo.
* ACOSTA LAGUNES Y EL
CULTO A LA PERSONALIDAD
Siendo gobernador don Agustín Acosta Lagunes, una de sus tantas anécdotas que dejó para la agenda histórica, sobre todo de los periodistas, era el relacionado con el capítulo del culto a la personalidad a través de las obras públicas que ordenaba que se hicieran, pero que el mandatario jamás inauguraba, con la ceremonia a la que el casi cien por ciento de ocasiones acuden los políticos, por aquello de la fotografía, la imposición de su nombre a la calle recién entregada a la ciudadanía o simplemente porque así apoyaba la permanencia de su nombre en el electorado.
Un día este reportero le preguntó al gobernador Acosta Lagunes por qué él no acudía al corte de listón con que se ponían en funcionamiento una carretera, un camino vecinal, un puente, o simplemente para ganarse un espacio en la foto que aparecerá al otro día en los periódicos de la entidad, a lo que el hombre de Paso de Ovejas, duro, inflexible, como era, dijo textualmente:
«Dónde has visto en el primer mundo que un político inteligente haga esa payasada. Mira –recalcó– en los países del primer mundo», y en aquel momento pondría de ejemplo al primer ministro ruso, quien descendía de un avión en el aeropuerto de Moscú y no había una sola alma que lo recibiera y reverenciara, como ocurre como vieja costumbre sobre tierras mexicanas.
Y enseguida precisaría: «el gobernador de Veracruz no debe ir a ninguna inauguración, lo importante es la obra que recibe el pueblo al concluirla, lo demás es puro aparato publicitario, y además, una vez que entregas una construcción, en la apertura oficial aparecen más vecinos, pero ahora para pedirte otro servicio público. Y si no hay dinero, qué les dices a manera de justificación, nada, y mañana en los periódicos te lo restriegan, porque al mexicano no lo calmas con nada».
«Por otro lado, se gasta más dinero en viajes, aviones, helicópteros, el acarreo de la gente y el cien por ciento no queda satisfecho con lo que hiciste».
En su pequeña antesala-estudio de su residencia en el fraccionamiento Las Ánimas, don Agustín gozaba de una máquina del tamaño de un baúl, la que al accionarla por su carátula principal, se encendía un sistema de radiocomunicación para enlazarse con los cuatro costados de la entidad, en donde contaba con las «orejas» suficientes, y quienes le informaban de todo cuanto ocurría en distintas zonas de la entidad.
El gobernante veracruzano, a diferencia de otros sexenios, gozaba de una amplia base cultural, así que inclinaba la balanza en favor de los intelectuales, los científicos, los especialistas y sesudos de la historia, la economía y el periodismo nacionales.
De esa forma se abastecía de informes, arengaba a sus colaboradores y repartía la chamba consistente en promover el mayor número de obras que un sexenio haya realizado hasta la fecha.
Rechazaba las tantas invitaciones de sus gobernados para abrir calles con el nombre del economista, a lo que calificaba de innecesario, «porque los hombres públicos cobran por trabajar en favor del bienestar del pueblo. No tienen por qué recibir homenajes, ni loas imponiendo su nombre a tu calle. Esto que se llama culto a la personalidad, resulta insultante». Advertía don Agustín, un gobernador culto, duro en su trato, pero con el legajo en obras y servicios más numeroso que haya dejado un sexenio a los veracruzanos.
* EL EDIFICIO DE LA LIGA
AGRARIA, UN FANTASMA
Un fantasma que pareciera rondar entre el mercado Alcalde y García y la iglesia de San José, es el edificio enorme de tres pisos y una planta baja de la liga de comunidades agrarias y sindicatos campesinos de la entidad, otrora la casa de los campesinos, hoy, donde sólo queda el recuerdo de los próceres que quisieron o intentaron emular las grandes batallas políticas del caudillo del sur, el general Emiliano Zapata.
La construcción es antigua, mas no colonial.
Abarca la mitad a lo ancho de la calle empedrada de Alcalde y García, de cara una de sus dos entradas principales al mercado de abasto alimentario, hoy la fila de cafecitos y cocinas que forman parte histórica de las cuatro calles que desembocan en la avenida de Xalapeños Ilustres.
Los pisos del edificio se ven integrados por 25 ventanales grandes y a través de cuyos cristales se puede apreciar un absoluto silencio en sus interiores. No hay campesinos, es la novedad, siendo la casa de los hombres que viven trabajando el surco de la tierra, ahora dónde lo encuentran, porque la producción de alimentos básicos, preferentemente para los mexicanos, es de importación y resultado de la siembra y cultivos nacionales y locales.
Para los vecinos de la portentosa construcción, la liga está muriendo paulatinamente, porque el ejército de hombres de guaraches y pantalones de manta ya no llega a sus instalaciones. Y además, el ingreso a sus oficinas se realiza prácticamente portando un salvoconducto, porque a los visitantes espontáneos simplemente se les cierran las puertas, no hay accesos, no hay dirigentes, no existe el secretario.
Lamentable estado de cosas, pero igual que en otros o todos los edificios públicos, el que alberga la liga agraria difícilmente en días como los que corren recibe a campesinos. Ya no llegan de ningún lado o zona de la entidad veracruzana. Se dice, inclusive, que de verdad, con centenares de campesinos en sus oficinas, cuando vivió para representarlos Agustín G. Alvarado, Florencio Azúa Gallegos y Galvarino Barria Pérez, más atrás el Tigre Mario Hernández Posadas y obviamente, con todo su esplendor, luciendo en defensa de los más humildes, ni duda Úrsulo Galván.
Hay otros más cuyos nombres quisieran olvidar los campesinos que quedan sobre estas tierras, pero prefieren callarlos, porque les engañaron, forjaron fortunas personales de fábula, les quitaron tierras, ranchos y recursos monetarios.
La liga perdió rumbo y metas. Algunos pretenden endosarle tal responsabilidad a Bertha Hernández Rodríguez, pero evidentemente, ninguno de los amos ocasionales o fortuitos del agrarismo en Veracruz, aspira o pretende siquiera tronar la liga, ser su sepulturero. La organización otrora más importante en la vida organizada de los campesinos, fue precisamente la liga agraria que hoy pasa por uno de los históricos momentos para saber si realmente existe o es pura fantasía.
