60 Segundos: * DE MOMENTO, LOS JOVENES Y LAS MUJERES, A LA VANGUARDIA


jovenes* DE MOMENTO, LOS JOVENES Y
LAS MUJERES, A LA VANGUARDIA

Por Raúl González Rivera

Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

A cuántos más de los analistas cayó de sorpresa que los priistas viejos aborden el tema de los jóvenes y las mujeres, cuando en los archivos de la maquinaria tricolor, en sus oficinas de Moreno y Ruiz Cortines, la última vez que fueron designados en el casi total del gabinete, ocurrió en el sexenio del gobernador Rafael Hernández Ochoa.
Es muy cierto que la incorporación de jóvenes a las áreas del poder público encierra dos aristas importantes, que pueden ser determinantes. Su impreparación puede llevar al fracaso las funciones de estado y, por otro lado, con justeza, a los muchachos, sobre todo en las lides partidarias, los usan y después, como pañuelos desechables, los echan al bote de la basura.
Y así, como está sucediendo con la unción de candidatos a diputados federales, a aquellos políticos los reciclan, porque al final del día se trata de los mismos.
Hay un joven que vino a Xalapa, tomó la protesta a quienes forman parte de las redes del partido ex aplanadora y para calmar a sus congéneres les espetó textualmente que los jóvenes buscan trabajar, no puestos públicos. Esta es una gran contradicción y falacia, porque a cualquiera de los muchachos que usted conoce o le rodean, pregúnteles qué buscan haciendo política de partido, y simplemente le responderán que los huesos públicos.
Evidentemente, como sugieren profesionales diversos, entre otros el doctor Francisco Berlín Valenzuela, los muchachos no se preparan, hay un reciclaje de políticos, y no le falta la razón.
Lo que entraña un riesgo para el pueblo y la entidad toda, que sean incorporados muchachos sin mayores alcances ni formación cultural, académica e intelectual.
El gabinete de Rafael Hernández Ochoa incluyó en su oportunidad a un total de jóvenes en sus carteras de los primeros niveles. Todos, sin excepción, alcanzarían un enriquecimiento personal sin restricciones, aunque sin fanfarronear, como no pocos de los actuales políticos, aquellos jóvenes se hicieron políticos de oficio y varios más de vocación, que hasta la fecha están metidos en la aventura del trabajo público.
Empero, sobre todo cuando más se invoca con el discurso que los jóvenes y las mujeres tienen el país y la entidad a sus pies, la pregunta que se eleva inmediatamente a lo ancho y largo del suelo veracruzano, es saber, si a ciencia cierta, tales suspirantes de la función de dirigir a la sociedad, gozan de la capacidad, el talento y la eficiencia que reclaman los días que corren.
Esto, porque cabe la presunción que falta la equidad de género y, lo otro, que una inmensa mayoría de servidores públicos, son eso, pero la negación de todo cuanto entraña atención a la sociedad gobernada, que espera algo más que el discurso con una buena oratoria y el compromiso social, que en una mayoría no deja de ser una promesa de novio de rancho plantado en la fiesta de la boda.

* AMAGAN AMBULANTES
Y LAS FÉMINAS PEDIGÜEÑAS

La desaparición de vendedores ambulantes sigue esperando que la decisión de autoridades municipales no tenga reversa.
Pero tampoco los pedigüeños, preferentemente mujeres jóvenes, encuclilladas y cargando en su regazo al hijo que le dejó el marido que la abandonó, dejan de seguir siendo parte de la panorámica que un pintor pudiera invocar en un esbozo, para ofertarle al turista y el viajero de otras latitudes, que la Atenas veracruzana también encara los retos de la pobreza que galopa en este país.
Todas las comunas sugieren que el ambulantaje es un vicio que siendo arropado por seudo-dirigentes amparados en siglas dizque sociales, los atrapan, los extorsionan y obligan a trabajar en las calles de la ciudad de manera indiscriminada. Al igual que ocurre con las Marías y el resto de pedigüeños, niñas, niños y adolescentes y adultos, que se estacionan en los pórticos de los pasajes y casas comerciales, sin ningún rubor, y tan sólo porque quieren la ayuda monetaria del resto.
Este es un fenómeno de nunca acabar, que obviamente discrepa de la ciudad que presume de derrochar cultura, academia y que el intelecto alcanza a las mayorías. Siendo que de esto último hay mucho mito y cuento, que a la propia capital del estado envuelve en su seductor embeleso, pero nomás de palabra. En la hora de la verdad, cada quien debe rascarse con sus propias uñas.
Sin embargo, los dos rubros sensibles, entre otros, son los ambulantes que toman por asalto el principal cuadro de la ciudad y por supuesto los pedigüeños, que van desde los menores, vigilados de cerca por los perversos progenitores, que los manipulan, enviándolos a la mendicidad y a ejercer el asalto, como las menores que se apropian de enseres personales de los turistas en algunos hoteles y hosterías, así como de los limpiaparabrisas, los que piden cinco pesos para comer y la mujer más allá, que al paso del peatón le insta a «perdóneme, le pido un favor», y de allí a la demanda de dinero.
Empero, la autoridad se concreta a hacer la advertencia de rigor, para que se alejen de la ciudad quienes venden ilegalmente productos comestibles y artículos de uso casero, como aquellos que solicitan la ayuda para comer, siendo que sus papis los vigilan desde puntos estratégicos, o los que de plano cometen el asalto, sabidos de que nadie los va a atrapar, porque realizaron la operación más limpia y alejados de los ojos de los cuerpos de seguridad que andan por montones y a los cuales muchas veces logran escapar fácilmente.

* ATESTADAS LAS
SALAS EN EL CIVIL

Son las 16:00 horas y se encuentran atestadas las dos entradas para el público y pacientes de todos los grupos sociales que hay en la sociedad veracruzana.
El ulular de la sirena que trae encendida la ambulancia de la Cruz Roja, que busca abrirse paso entre la multitud de automóviles que son conducidos en torno al nosocomio, pareciera rugir, porque la responsabilidad del paciente que transporta es del conductor de la ambulancia o es que quiere concluir su traslado, dejando al paciente e irse de este lugar del horror.
El remolino humano que se yergue a las puertas de las dos entradas, revela su enojo, su indignación y molestia, porque llevan horas y la trabajadora social sigue sin vocear los nombres que ya fueron registrados ante una ventanilla de recepción, cuya encargada platica cómodamente con una uniformada de enfermera, y si acaso dirige la mirada al paciente para obsequiarle un sonrisa y decirle que espere a que lo llamen.
Al otro lado del nosocomio, por la que fuera entrada principal hasta que el doctor Jesús López Domínguez dejara el cargo de director, igual. Una sala con cien personas ocupan sus bancas de madera y respaldo duro también del mismo material, caras largas unas y cansadas otras, están a la espera de que una mofletuda empleada, la de la ventanilla tres, a la cual nadie se atreve a preguntar nada, porque está lista para disparar tres o cuatro frases, todas cargadas de un singular rencor por quién sabe qué cosas.
Sin gozar del Seguro Popular, hay que pagar la consulta, 75 pesos, y la paciente ha de esperar a que voceen su nombre. Para ello han transcurridos sesenta minutos, el público de la sala se exaspera, le duelen las costillas y los glúteos de estar sentados; qué hacer ante el constreñido espacio. Pero a diferencia de la sala de urgencias, donde no cabe un alfiler, en el otro extremo de cara a la espalda del hotel Salmones, el gentío suda, grita, blasfema, pero no pasa a mayores. Los consultorios lucen desiertos.
Faena concluida, el doctor escucha a la paciente, le ordena que se quite el collarín la noche de ayer y que hoy podrá caminar sin ninguna presión. Quince días de ejercicios con su cuello, a los lados y al frente y el asunto de su contractura y afectación de las cuerdas cervicales, serán una prueba superada.
Sin embargo, los grupos sociales más necesitados de las bondades, que pueden generar los hospitales públicos, continúan creyendo y confiando en que la salud pública es un rubro de primerísima y poco costosa atención, más si es institucional.
Empero, es cada vez más elevada la cantidad de pacientes y enfermos que incluso son transportados de otras latitudes de la entidad y el país, para ser entregados al hospital civil, el cual se ubica a cien metros del palacio de gobierno y, para desgracia suya, una recepción que suele ser despótica, tradicional, en los nosocomios públicos sobre todo, pero que denuncia lo que no a todos gusta y que se sigue registrando por parte de un personal avejentado prematuramente inclusive en el hospital civil «Dr. Luis F. Nachón». Es todo.

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