Por Luis Velázquez Rivera
•Los juguetes de los niños son hoy el celular, la tableta, el Twitter, el Facebook, el whatsapp, el Skype, el Internet, los videojuegos, el googleo y los videos eróticos
•Pero también están expuestos a las redes de pedófilos y pederastas
•Historia cardiaca del hijo de Claudia Benítez

Muchas ocasiones Claudia Benítez ha estado a punto de darse de topes con la pared. Incluso, ha pensado declarar la tercera guerra mundial, quizá a Bill Gates, acaso y de plano a la tecnología de las redes sociales. Quizá regresar a su rancho para vivir en paz, sin sobresaltos con su hijo.
Y es que un día, cuando el niño cumplió diez años de edad, el padre le obsequió una tableta y antes de que el gallo cantara tres veces, al niño le sorprendió el Gregorio Samsa de Kakfa y estaba convertido en un experto googliano.
Por ejemplo:
Antes, mucho antes, el niño estaba acostumbrado a leer los libros infantiles que su padre leyera en la infancia.
La colección completa de Mafalda se la leyó en una semana.
Pero a partir de la tableta un fin de semana Claudia Benítez la preguntó las razones por las cuales había dejado de leer los libros de su padre.
“Los libros ya no sirven, me aburren” contestó. “Ahora es mejor la tableta”.
Fue, claro, un consuelo. Pero los tambores de guerra sonaron cuando una tarde el niño mostró a su madre una fotografía de una niña de unos 11, 12 años, mostrando los senos que apenas, apenitas se anunciaban en su pecho.
“Mi amiguita de la escuela me la mandó” dijo un niño con la misma inocencia de cuando el coronel Aureliano Buendía llevó a su nieto Gabriel García Márquez a conocer la fábrica de hielo.
Otro día, la madre estuvo a punto del infarto cardiaco.
“Mira, mamá, lo que enviaron” y le mostró la gráfica de un pene.
“¿Quién te los manda?” preguntó la madre azorada, casi casi iracunda.
“Un amigo de la escuela” dijo el niño.
En automático pensó con quitar la tableta al niño; pero se detuvo, creyendo que sería imprudente, pues daría paso a que el niño perdiera, digamos, la inocencia. Pensara con malicia.
Claro, en un acto de inocencia pura, los padres le habían puesto internet a la tabletita, quizá, acaso, sin ninguna restricción tecnológica.
Y, por tanto, sintieron que la tercera guerra mundial se anunciaba con los tambores de guerra.
Y más cuando el niño de diez años les dijo que sus amigos se estaban dando de alta en el Facebook reportando que tienen 18 años de edad.
SORPRESAS QUE DA LA VIDA…
Y es que hoy, dicen los profes, el juguete de los niños son los celulares, el ipad, la tableta, el Twitter, el Facebook, los mensajes, el internet, el googleo.
Pero, al mismo tiempo, constituye un peligro, porque la pornografía y los tratantes de blancas y los pedófilos y pederastas, incluso, hasta sacerdotes, ministros de Dios, son quienes más circulan en las redes sociales a la cacería, en efecto, de los menores.
Ni se diga, por ejemplo, cuando el niño tiene internet en su aparato y de pronto, zas, ellos que nacieron con un ipad debajo del brazo, descubren por sí solos los videos eróticos, digamos, de youtube, y/o de plano, hasta las páginas sórdidas de los carteles y cartelitos.
La locura es insólita: como hay celulares hasta de 300 pesos, entonces, todo mundo los usa. Desde la trabajadora doméstica de la casa hasta el albañil de la esquina y el volovanero del medio día.
Hay políticos, por ejemplo, que tienen hasta cuatro y cinco celulares, y cuando llegan al restaurante, a un desayunito, una comidita, extienden los cuatro y cinco aparatitos por si alguien les avisa por ahí de un estallido violento en algún rincón de Veracruz.
Incluso, en la plática viven más, mucho más apegados al celular que a la conversación.
Y con frecuencia hay quienes contestan sólo porque la esposa les ha hablado para decirles que la mascota de los niños amaneció con moquillo.
“Yo amo el Twitter” declaró meses anteriores el gobernador de Veracruz y por eso, quizá, acaso, un tipo apodado “El chuletas” destroza honras ajenas a través del internet, que es su chamba.
Ni se diga, por ejemplo, los reality-shows armados en el mundo con los ¿fotomontajes? de las artistas que presentan desnudas y/o como aquel día cuando la revelación educativa de Veracruz, Dominga Xóchilt Tress, descubrió que en las redes sociales circulaban sus fotos semidesnudas en una habitación mostrando sus tetas en todo su esplendor y a plenitud.
Por eso, el hijo de Claudia Benítez todavía tiene por delante una vida llena de sorpresas tecnológicas que vivir y en donde, por cierto, al niño ya le enviaron fotos de la última decapitación del Estado Islámico…
Publicado en: http://blog.expediente.mx/nota.php?nId=11344
