60 Segundos: * DESILUSIÓN PARA LOS JURISTAS


martillo* DESILUSIÓN PARA
LOS JURISTAS

Por Raúl González Rivera

Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Una grave desilusión causa entre estudiantes dedicados a la ciencia jurídica y el derecho, que la carrera judicial sea sólo un mito y que sigan pesando en este país las ligas de parentescos poderosos y los recomendados, en aras de los favores recibidos, por quienes van en pos de las carteras más elevadas en lo que hace a la judicatura en este país.
Una de las severas llamadas de atención que reciben los jóvenes que cursan la licenciatura en derecho, es que sopesen dos veces si realmente se proponen ser profesionales del ámbito jurídico o sencillamente acudieron a dichas aulas porque papi se los pidió.
Decía el maestro Francisco Loyo Ramos, a sus alumnos de nuevo ingreso hace 35 años: «quien viene a la carrera de derecho, es un privilegiado, porque se trata de la profesión más apasionante de cuantas carreras existan, por sus alcances infinitos en los ámbitos cultural, educativo y, además, porque resuelve controversias entre los miembros de la sociedad».
Quien estudia la carrera de derecho y cuando concluye encamina pasos hacia otros menesteres, es que no le apasiona y tampoco aspira a conocer y practicar la ciencia jurídica, porque si le interesa esta última, entonces debe seguir la carrera judicial, hasta culminarla en lo más alto de la judicatura que este país puede ofrecer a sus profesionales y a su pueblo.
Empero, los jóvenes que tratan de incursionar precisamente en la carrera judicial, asistiendo a los juzgados del fuero federal, pronto se percatan que no es así. Y menos cuando es de su conocimiento que de los once ministros de la Corte, seis obedecen a recomendaciones del exterior al poder judicial federal. Es decir, personajes más ligados a cuestiones de partidos políticos, grupos de poder y en respuesta al tráfico de influencias y el tan llevado y traído conflicto de intereses.
Como nunca la andanada de ataques y reproches al régimen acerca de la designación de Eduardo Medina Mora como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, deja sobre todo en los estudiantes de las escuelas de Derecho y los propios juristas de adentro del sistema de justicia federal y de afuera, el amargo sabor que el desencanto les produjo, al saberse sorprendidos con una designación al margen de toda carrera judicial. Luego entonces, a los muchachos, de arranque se les inicia en el campo de lo que no debiera ser jamás, pero hay que decirlo que semejante fenómeno sólo debe ocurrir en México, porque en el resto del mundo la cosa es diferente. Eso dicen.

* VA EN AUMENTO NÚMERO
DE ILÍCITOS EN XALAPA

En efecto, la cifra de sucesos en los que la violencia es su signo y la aprovechan los presuntos delincuentes, conforme a la legislación de lo penal, no necesita gran ciencia para comprobarse porque basta abrir las páginas rojas de los periódicos o ver el contenido que difunden las redes sociales y los medios digitalizados, para subrayar lo dicho antes y que acaba igualmente de ser sustentado por el presidente de la Canaco local, Ernesto Pérez Astorga.
El empresario de origen, heredero de un viejo industrial y empresario coahuilense, pero que llegó a Xalapa para quedarse y forjar un modo de vida que le hizo distinguirse entre los miembros de la sociedad xalapeña y veracruzana, sostiene una realidad que es insoslayable, y que el grueso de la población lo conoce, porque en este momento no existe quien a través de su entorno, un familiar, un amigo o un socio o trabajador dependiente suyo, sabe de lo que la violencia ha arrojado en las últimas semanas.
La violencia tiene muchos rostros y la practican lo mismo niños, adolescentes y los jóvenes preferentemente. Roban, matan, incineran, golpean o sepultan vivos a sus potenciales víctimas, pero la autoridad policiaca suele cometer los grandes yerros, de acudir tarde a los sitios donde se desarrollan los siniestros y, por otro lado, lejos se encuentra de solidarizarse con una investigación científica en relación a quien sufrió la pena de ser atacado, abatido o robado en su domicilio o sobre la vía pública.
Este sombrío escenario cobra relevancia, porque todos los días, en páginas de los medios impresos, algo aparece de las acciones delincuenciales que no necesitan pertenecer a ninguna otra fuerza del mal, sino que por sí solos, muchos acometen virulentamente contra la sociedad. Cierto, hay las ratas de dos patas, difíciles de atrapar, pero jamás que sea imposible llevar a cabo una pesquisa que arroje buenos resultados, como se viene diciendo oficialmente al exhibir los récords de la delincuencia sometida –se difunde en prensa–, en nuestras ciudades, asoladas por los malandrines.
En tanto la justicia inventa algunas acciones tendientes a atrapar al mayor número de fichitas delincuenciales, como de subrayar la búsqueda de alternativas para todos aquellos torcidos que eligen transitar por los caminos de lo indeseable y cuestionable y de incurrir en la práctica constante de ilícitos, lo cual nos revela que las estrategias para combatir a la delincuencia no surten precisamente los efectos que se propagan a través de la información mediática y la propaganda, más con el fin de adoctrinar a una población crecientemente desconfiada y bastante lastimada por todo aquello que no se hace para contener el avance de la delincuencia.

* ZALETA MARTÍNEZ, LAS
GRÚAS Y LOS TAXISTAS

En realidad, son dos los grandes retos que tendrá que enfrentar el papanteco Edmundo Martínez Zaleta, que los xalapeños de nacimiento y corazón seguramente le reconocerán en lo que resta de las acciones de gobierno estatal, en este sexenio.
La ciudad, como lo sabe el viejo socio priista, es un embudo al cual se puede entrar o caer y difícilmente salir.
Sin un plano regulador, la ciudad sigue igual que hace doscientos años cuando menos.
Seguramente, 300 años más atrás, sus fundadores jamás imaginaron que Xalapa sería la capital del estado. Lo supusieron cuando abrió puertas Córdoba de los 30 caballeros, o Veracruz puerto, por los accesos fáciles y cómodos para arribar al puerto y salir de éste por aire, mar o tierra.
Pero Xalapa, nuestra ciudad, jamás lo imaginó. Así que todavía en los primeros veinte años del siglo XX, el corazón de la ciudad se integraba de las mismas calles improvisadas, de piedra o terracería, y sus caserones con techos de teja, porque en sus inmediaciones se fabricaban rústicamente por millares.
Sin embargo, el gobernador Teodoro A. Dehesa supuso, y bien, que por su ubicación geográfica y sus bajadas y subidas, la ciudad más segura para los hombres que ostentaran el poder público sería Xalapa. Inclusive, el aeropuerto de El Lencero, fuera de la ciudad capital, le brindaría las seguridades que no se tienen en Veracruz puerto, por ejemplo. Esto advierten los sabuesos más avezados en cuestiones de seguridad.
Desde entonces Xalapa, mal trazada, se convirtió en el centro de atención política por excelencia. Sin industrias y con escasas empresas, como fueron las relacionadas con los ramos de los hilados y tejidos, la mal llamada Atenas Veracruzana se afirmó como sede de los tres poderes estatales, del mayor número de escuelas y facultades universitarias y, por ende, en la capital por excelencia que poblarían estudiantes, burócratas y políticos de vuelos estatales y municipales y algunos representantes de la esfera federal.
Empero, se descuidó un rubro consistente en que a la falta de estacionamientos públicos, los automovilistas tienen que utilizar necesaria y forzosamente las calles y avenidas para aparcar sus unidades automotrices.
Sin embargo, enemigos de la ciudad inventaron la puesta en marcha de las operaciones grúa, que vinieron a dar al traste con el sello de ciudad cultural y educada.
El atraco que cometen las diversas firmas empresariales, encargadas arbitrariamente de levantar y robar automóviles y las partes mecánicas de éstos, suelen quedar en la impunidad más vil. Bueno, contra este pesado fantasma de extorsión y chantaje, tendrá que librar parte de sus batallas el ex diputado federal, ex dirigente estatal del PRI y ex alcalde del ayuntamiento municipal de Papantla de Olarte.
Obvio, sin olvidarse de que una de las más severas calamidades que enfrentan los xalapeños y los visitantes o de quienes están de paso, es la pandilla de los taxistas, con una mayoría de conductores sin escrúpulos, malosos, porque lo son, atracadores de usuarios, legal o ilegalmente, aprovechando que carecen de tarifas oficiales que cobrar, a los que junto con los autobuseros del servicio urbano les perdonan todo absolutamente los flamantes uniformados de policías viales y las inocentes agentes-mujeres, que hacen como que cuidan la circulación vehicular y el tránsito de personas en el primer cuadro de la ciudad.
Chamba fácil, si la quiere, que habrá de gozar Edmundo Martínez Zaleta, uno de los dinosaurios del viejo régimen priista en la aldea veracruzana. Como definía a la entidad el gobernador Agustín Acosta Lagunes, en corto, entre sus amigos.

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