60 Segundos: * Siguen sin cobrar las constructoras


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Si bien es cierto que las compañías constructoras son caldo de cultivo para la corrupción, como lo acusa Félix Grajales Montiel, presidente de la CMIC Veracruz, no es menos cierto que numerosos alcaldes le entraron al negocio de la obra pública, pero que suele constituirse en un fantasma, porque no edificaron nada, pero sí facturaron y los alcaldes –claro, sólo los pillines–, se prestaron a fabricar proyectos que no cumplieron con sus gobernados

Por Raúl González Rivera

Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Si bien es cierto que las compañías constructoras son caldo de cultivo para la corrupción, como lo acusa Félix Grajales Montiel, presidente de la CMIC Veracruz, no es menos cierto que numerosos alcaldes le entraron al negocio de la obra pública, pero que suele constituirse en un fantasma, porque no edificaron nada, pero sí facturaron y los alcaldes –claro, sólo los pillines–, se prestaron a fabricar proyectos que no cumplieron con sus gobernados.

En los alrededores de la ciudad capital hay cuando menos una docena de comunas que ordenaron obras y servicios públicos, pero que no las realizaron, o si se ejecutaron no las pagaron a los contratistas y pasaron ya los años y siguen en espera de sus pagos correspondientes.
Las Vigas de Ramírez, La Joya y Acajete, son tres municipios cuyas comunas edilicias contrajeron deudas propias y las que fueron heredadas por anteriores cuadros edilicios y que hoy, sin recursos, se niegan sistemáticamente a hacer los pagos institucionales, que no corresponden a caprichos personales de sus ediles, que es la hora de estar a la espera de que un milagro los salve de morir (hipotéticamente) de inanición, cuando apenas están en el segundo año de su ejercicio municipal.
Esto por cuanto a que existen las constructoras con un domicilio sobre tierras veracruzanas, que no fueron temporaleras y que están dispuestas a mostrar con documentos que operan de manera permanente. Su entrada al mundillo de la construcción, en no pocos, abrió las expectativas para que ajenos, con padrinazgos políticos, incurrieran en la creación de firmas empresariales inexistentes o que en su oportunidad, tras prestar algunos de los servicios, se esfumaron, levantaron vuelo.
Cierto es que la aparición de constructoras efímeras dio al traste con el funcionamiento de firmas semejantes y que sirven eficientemente a las comunas y al propio gobierno del estado.
Empero, las que se crearon al vapor y se coludieron con ediles tramposos, dejaron un amargo sabor de boca en un electorado, coincidente con las constructoras incumplidas y ediles pillines, lo que le llevará a cobrar facturas en la fecha de celebrarse futuros comicios electorales.
Una limpia en el escenario de la construcción se antoja difícil, pero no imposible, y que los funcionarios públicos, en cualquiera de sus jerarquías, jueguen limpio, no más influyentes del tráfico de proyectos, que al final del día exhiben a autoridades, pero igual a constructores.

* MES DE LA MUJER, PERO
SIGUEN DISCRIMINADAS

Simulación o festejo en serio, la celebración del día internacional de la mujer y que en Xalapa se hará por espacio de un mes.
El discurso de los políticos suele ser ocurrente o simpático, porque cada que se acerca una selección de diputados federales, que es el proceso en puerta dentro del terreno electoral, se aceleran las festividades que tienen que ver con el folclore del pueblo, pero en esta ocasión la especie va más allá, pues se trata de las féminas.
En linderos de lo público, entiéndase gobierno en sus tres jerarquías político-burocráticas, la especie cobra un valor demagógico, fantasioso o simplemente de cómic.
Se invoca que el respeto a la equidad de género va a registrarse con bombo y platillos, pero nomás recorre usted las oficinas públicas y la cifra o porcentaje de mujeres es minoritario.
Un recorrido por los tribunales judiciales, sean del fuero común como los federales, es la misma cosa. Los jefes son caballeros, los secretarios son varones y los intendentes son hombres.
La cauda de mujeres se localiza en los menesteres menos comprometedores para los timoneles políticos.
Vaya usted a los centros hospitalarios y la mayoría de doctores caballeros gozan del privilegio de ser mano en los consultorios exprofeso creados para los especialistas. Las damas, por más que se esfuerzan con la presentación de sus exámenes para la certificación de rigor, sus jefes las prefieren de oficinistas. Y esto ocurre en linderos estatales, federales y hasta municipales.
Cuando se anuncia un homenaje a la mujer por el lapso de un mes, en verdad que la noticia caló hondo entre quienes justamente consideran que el vasallaje del sexo opuesto continúa siendo avasallador en las diversas esferas de la actividad pública, profesional y privada.
Sin embargo, una mayoría de mujeres, más que concurrir a conferencias, agasajos musicales y saraos en la plaza pública o en los bajos del puente Xallitic, estarían más dispuestas para la realización de los eventos que les ayuden a conseguir el bienestar suyo y el de sus demás familiares, sus hijos, sus hermanos menores y quizá sus progenitores.
El éxodo de familias completas, porque quedaron mujeres al frente de las mismas, para buscar su sostenimiento en las entidades circunvecinas, se debe a que en estas tierras las condiciones de igualdad continúan siendo una quimera, un sueño o una ilusión, que se aleja considerablemente de su entorno, lo que a ojos de propios y extraños, no deja de ser la misma jeringa con diferente bitoque.

* FERNANDO DEL PASO Y EL
ESTADO EN DESMORONAMIENTO

Cuando el escritor Fernando del Paso, muchas veces homenajeado en esta ciudad por el gobernador Agustín Acosta Lagunes, dijo que el estado mexicano se está desmoronando, muchos creyeron que se trataba de un trozo de pan que estaba siendo consumido por las decenas de pedigüeños, limpiaparabrisas y payasitos, que vuelven a tomar los cruceros de las calles más socorridas por automovilistas y caminantes de la otrora Atenas veracruzana.
Pero no. Se trata de una verdad que muchos invocan en días como los actuales y que no encuentran fácilmente la salida, porque los políticos hablan un idioma que el pueblo definitivamente no entiende.
Cuando se evidencia que la maquinaria estatal se va derruyendo hasta verse confinada a los infiernos que provocan los gobernantes sin condiciones morales y políticas para representar la voluntad mayoritaria de los mexicanos, tanto en los rincones que componen la geografía nacional y, por otro lado, la intolerancia, el sentido dictatorial para decir las cosas y el archiconocido juicio que hacen los políticos, en el sentido de que las cosas marchan bien, no queda al pueblo más que aguantar, tener que soportar, para evitar que su desmoronamiento –como dice Fernando del Paso– le lleve a tronar en mil pedazos.
La caída comienza con el agente de tránsito extorsionador, el trámite que entraña pagar una mordida, porque si no tarda semanas y meses en caminar, cuando en cuestión de horas se puede y hasta resultaría más eficaz y positivo.
El burócrata perdonavidas del sector educativo, la dirección de comunicaciones, la obra pública que reclama la comisión de rigor, vaya, hasta el escrito que se quiere en 24 horas en el registro público de la propiedad, porque de lo contrario, si no se cubre la cuota extraordinaria, tardaría quince días Y qué ocurre en los juzgados donde se aplica la ley y se impone la justicia, casi nada, que el asunto menos complicado tarda meses y años, argumentando el juzgador que son inexistentes las condiciones para proyectar un juicio justo e imparcial en el menor de los casos, que pueden ser las diligencias para promover un cambio de nombre.
Todo oliendo a corrupción, podredumbre y una falaz repetición de lo mismo, en aras de hacer la justicia, se dice. Pero que al final del día, van socavando y demoliendo precisamente el estado y sus poderes constituidos hoy más que nunca expuestos al desequilibrio tan sólo por el mentado tráfico de influencias y, por obviedad, el repetitivo conflicto de interés.

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