PosData: El apostolado del periodismo


deaPor Luis Velázquez Rivera

Por Luis Velázquez Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Por Luis Velázquez Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana (Desde el puerto de Veracruz)

El diarismo es el más fascinante, mágico y bello oficio del mundo

Cada día se vive la pasión de contar historias tal cual

Lucha frontal por ganar la noticia de 8 columnas en portada

Importante una definición a tiempo: si se está del lado del político o del lado de los desheredados de la fortuna como les llamaba Albert Camus

El periodismo es el más fascinante y el más bello oficio del mundo. Quizá, tan antiguo como las cortesanas, tiempo aquel cuando los llamados heraldos andaban de pueblo en pueblo contando historias y cuando Herodoto agarró su mochila con dos mudas de ropa y se fue a cronicar el continente asiático, 450 años de Jesucristo.

Y es el más fascinante y bello de los quehaceres humanos por muchas cositas, entre otras, las siguientes:

Por ejemplo, abre las puertas en todos los espacios y rincones del mundo para llegar, digamos, a todos los niveles de la población que el reportero desee.

Tal cual, puede llegar hasta la recámara de las elites políticas en turno, pero de igual manera, a la cocina de los indígenas y los campesinos en lo más alto de la montaña, ahí donde cocinan con un brasero de piedra y echan tortilla a mano para tirarla al fogón donde la leña arde y el humo se levanta hacia el techo para dispersarse en el cielo.

Claro, todo depende del camino que cada trabajador de la información desee tomar, es decir, si reportea del lado del político o cronica del lado de los jodidos.

Incluso, podría quizá el reportero cuajar una amistad ya con un secretario del gabinete, por ejemplo, y/o en contraparte, hacerse compadre de un indígena en la sierra de Zongolica para de vez en vez viajar el fin de semana a comer las verduritas que siembran en el patio de la casa.

Así, cada cronista va definiendo su vida. Si cohabitando con los políticos dueños del poder sexenal, o por el contrario, teniendo como interlocutores a los desheredados de la fortuna como les llamaba Albert Camus.

El oficio periodístico también permite reproducir hasta donde sea posible, y por ejemplo, la pasión con que Ricardo Flores Magón, Filomeno Mata, Ignacio Ramírez, Ignacio Manuel Altamirano, Francisco Zarco, Julio Scherer García, Ryzard Kapuscinski, Gabriel García Márquez y Eduardo Galeano, entre otros, tomaron el periodismo y lo convirtieron en un apostolado, mejor dicho, en una religión.
TODOS LOS DÍAS, A LA CAZA DE LA INFORMACIÓN

Y es que por un lado, vivir todos los días a la caza de la información puede considerarse una forma de esclavitud, pero para quienes aman el oficio por el oficio mismo, que es contar la historia puntual de cada día, la esclavitud se convierte en una rara y extraña y satisfactoria y feliz forma de servidumbre, vasallaje o yugo, como se le quiera llamar.

Nada, pues, vuelve más contento a un reportero que gastarse en la mañana la suela de los zapatos atrás de la noticia y en la tarde molerse la columna vertebral frente a la computadora escribiendo la historia, contando el hecho.

Incluso, a costa de los miserables, pésimos, humillantes y ofensivos salarios y sin que las prestaciones sociales, económicas y médicas establecidas en la Ley Federal del Trabajo aterricen en la vida del diarista, pero más aún, de su familia.

Un trabajador de la información que entra al diarismo sabe, está consciente, de que será explotado por el patrón. Por eso, un día, el diputado federal del PAN, Rafael Acosta Croda, apodado “El loco”, llamó a los reporteros muertos de hambre.

Pero con todo y tales epítetos, y el menosprecio laboral de los magnates del periodismo, el cronista apuesta hasta la esperanza de que algún día le hagan justicia salarial, porque en un reportero en vez de que corra sangre en sus venas, se decía en el siglo pasado, corre tinta, la tinta con que se imprime el periódico.

Y es que cuando una mujer, un hombre, huelen la tinta del periódico y escuchan el ruido de la rotativa imprimiendo la edición del día y se estresan buscando la nota para evitar que la competencia la gane y pelea por las 8 columnas de la portada, la pasión por contar historias se vuelve una adicción, una droga, un vicio, un hábito.

Todos los días, en el periodismo como en la vida, es volver a empezar. Y se inicia de cero. La noticia que ayer ganara el reportero en la trinchera y en el frente de batalla compitiendo con los demás forma parte de su historia personal. El desafío está en seguir empujando la carreta para volver a ganar la portada.

Y es ahí donde el reportero alcanza la plenitud en el diario vivir, como un apóstol y un sacerdote de la religión periodística, consciente y seguro de una realidad avasallante: todos los días hay un reportero, varios incluso, mejor que uno… que ganaron la nota, que supieron reportear mejor, que la agarraron mejor en perspectiva, que la escribieron mucho mejor.

Y por tanto, en ese vértigo reside la fascinación del oficio. El día de hoy, un diarista se llevará la princesa, como en el siglo anterior se llamaba a la nota principal de portada. Pero mañana, y durante una, dos, tres semanas, quizá, acaso, ni siquiera aparezca en la edición, porque nunca pudo encontrar en cada nuevo amanecer una historia modelo.

El vértigo estresante que se vive y que es como una sinfonía al oído, el ruido de las olas desembarcando en la playa con ritmo y gracia.

Por eso el periodismo, visto así, es el más fascinante y mágico oficio en la historia de la humanidad, con todo y sus grandes y graves limitaciones.

 

Publicado en: http://www.blog.expediente.mx/nota/12260/portales-de-noticias-de-veracruz/el-apostolado-del-periodismo

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