
* PENDIENTES DE
CORRUPTELAS
Por Raúl González Rivera

Algunos pendientes quedan de la valiente administración del extinto Sebastián Lerdo de Tejada, y a los cuales había enfocado su actuación en los últimos meses, se relacionan con las viciadas práctica de corruptelas cometidas por autoridades hospitalarias desde el cómodo sillón de la dirección médica nacional del Issste.
El régimen federal en materia de la apertura de plazas para médicos y enfermeras, a diferencia de lo que hace periódicamente el IMSS, hace tiempo que cerró las puertas, no obstante que sus nosocomios se han visto rebasados por sus pacientes y las carencias materiales de espacio, medicamentos de patente y la contratación suspendida de médicos especialistas.
El agobio alcanza al personal laborante del sistema Issste de manera espeluznante. Los hospitales más importantes del sistema lo revelan, como es el 20 de Noviembre y el que lleva por nombre Adolfo López Mateos.
Preferible –para sus titulares– es la escasez en todos los mentideros hospitalarios, que atacar las inexistencias y que tienen que ver con la ausencia de suficientes médicos especialistas, en áreas donde están haciendo falta y, por ende, en donde se expone la vida de los pacientes.
Sin embargo, de alguna manera los servicios médico-asistenciales los presta o brinda el sistema Issste debido a la contratación de servicios externos o subrogados, lo que evidentemente permite a sus timoneles hacerse de cuantiosas cantidades de dinero, entre otros actos de corrupción que con frecuencia se denuncian en linderos del régimen que opera dentro del organismo paraestatal.
Las compras desde la dirección médica nacional del organismo en cuestión, rebasan los numeritos más saludables. Pero de igual forma el desbasto se da en sus farmacias, lo cual le habría sido expuesto al extinto director general y que se proponía abatir con la aplicación de nuevas políticas que comenzaba a instrumentar en favor de la institución y de sus beneficiarios y derechohabientes.
* «A UNA VOZ DE USTED, ESTE
PAÍS SE INCENDIA O APACIGUA»
Alfredo V. Bonfil, cardenal de la CNC y ante Luis Echeverría Álvarez, en una celebración de la Ley del seis de enero de 1915, sentenciaría categóricamente:
«A una voz de usted, señor presidente, este país se incendia o apacigua».
Esta fue la primera y última vez que en linderos de los políticos se escuchó una frase semejante.
Aquellos eran días en que la presidencia de México era inmensamente poderosa. Daniel Cossío Villegas, autor de numerosas obras literarias alusivas a la vida pública nacional, advertía entonces que México se encontraba gobernado por un «presidencialismo exacerbable», que no admitía adversarios ni partidarios de otra sigla, que no fuera la tricolor.
Efectivamente, el poder que ejercía Luis Echeverría, a muchos inclusive hizo presumir que el mandatario a todas luces quería reelegirse y perpetuarse en el uso del poder. El adversario número dos de los estudiantes en el 68, ejerció su fuerza política hasta el último día de su sexenio. Así se sentía. Así lo advertían propios y ajenos al sistema político nacional.
Entonces no se daba la pluralidad partidaria. Tampoco existía la libertad de expresión. Los medios impresos que la ejercían tenían que sufrir el boicot con la venta del papel, que expendía el propio régimen a través de Pipsa, una agencia concesionada a la secretaría de gobernación; los amagos con la autorización de la publicidad oficial sólo para los medios adictos y la persecución a discreción de periodistas y escribidores de artículos de fondo. El grueso de plumas estaba bajo control, con la entrega tradicional de los «embutes» y «chayotes».
Cuando Bonfil emitió la declaración descomunal de comprometer a la sociedad mexicana a responder a un llamado presidencial, con ánimos de apaciguar o incendiar al país, lo hacía, se advertía, en relación al papel protagónico de Luis Echeverría, con inclinaciones hacia la izquierda y contrario a la importación de los granos y demás productos básicos y que ya provenían para consumo nacional del vecino coloso país del norte.
LEA se negaba realmente a aceptar de entrada de los productos yanquis porque aducía que México era lo suficientemente productivo en la rama alimentaria. En efecto, los mexicanos más empobrecidos comían tres veces al día y gozaban de tener en sus mesas los cinco alimentos básicos de toda la dieta consistente en leche, huevo, carne, frijoles y frutas.
Entonces, si algún peligro se produjera con el rechazo del gobierno azteca a las cuantiosas importaciones, los mexicanos, el país todo, dijo Alfredo V. Bonfil, a una voz de su presidente, «se apacigua o incendia».
Hoy, un candidato independiente a la gubernatura de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón «El Bronco», ha advertido a los regiomontanos, particularmente, que «si me matan, México se incendia». Inspirado el político en Bonfil hace recordar que alguien se le adelantó para acuñar una frase que quedó para la posteridad.
* LORENZO CÓRDOVA
E INE, SIGLAS DIFERENTES
Por más que se desdiga el presidente consejero del Instituto Nacional Electoral de su dicho para mofarse de un dirigente indígena, tras de ser espiado cuando hablaba telefónicamente con el secretario de dicho organismo, no es posible, y lo mejor sería que reflexionara y dejara su cargo.
Quizá el personaje aludido olvida que en este país hay alrededor de trece millones de indígenas a los cuales el Congreso les ha reconocido atribuciones y facultades para conducirse conforme a usos y costumbres.
El presidente consejero ha estado recibiendo el apoyo de consejeros y partidos políticos PRI, PAN y PRD, bajo el prurito de que se trata de desprestigiar al organismo, lo que nadie coincide, pues los conceptos son dos cosas distintas. La persona física, que es Lorenzo Córdova, y el INE, una persona moral, sin una vida propia.
De sus culpas personales, el presidente del INE ha tratado de desvirtuar la ola de ataques a su persona, diciendo que de lo que se trata es erosionar la credibilidad pública del INE de cara a la celebración de la elección federal. Lo cierto es que hay decenas de organizaciones indígenas que han hecho saber su repulsa y condena contra lo dicho por Lorenzo Córdova y que como lo haya dicho a título personal o como árbitro electoral, lastima la dignidad de uno de los representantes de los pueblos indígenas más reconocidos en este país.
Obviamente, los representantes de los tres partidos políticos mayoritarios, hasta hoy, han arropado con su manto protector al presidente del INE, provocando entre los indígenas precisamente un enojo mayúsculo, lo que en vísperas de una elección que viene, puede propiciar que vaya a registrarse una elección violenta, insegura y con tintes preocupantes, como los que ya pesan en el electorado mexicano.
Y es que con su ataque personal, el presidente del INE incurre en una flagrante violación a la autonomía de los pueblos indígenas y que una simple disculpa no hace que se concluya este feo episodio de burda discriminación racial, esbozada precisamente por el árbitro electoral en vísperas de que se produzca una elección, que a todas luces se vaticina que será insegura y violenta.
Empero, una cosa es el instituto, la sigla que asumió el árbitro electoral federal. Y lo otro es que Lorenzo, un ente de carne y hueso, despreciativo como fue con un dirigente del sector indígena que tuvo la osadía o desgracia de entrevistarse con el funcionario y éste, de manera burlona, grosera y como un patán, ridiculizó, se burló, mofó y groseramente no sólo imitó, sino enderezó una serie de adjetivos, propios de un cargador de muelle portuario y nunca de alguien que supuestamente pasó por las aulas universitarias.
Si la molestia colectiva continúa haciendo presa suya al señor Córdova, lo más conveniente sería que presentara su renuncia al cargo de consejero presidente del INE, porque queda claro que el desprecio popular es para su dicho, no para el órgano electoral, que está de estreno en el escenario de lo público electoral.
