¿Qué está pasando?: No jalen que descobijan


El_innombrable
Y cuando creíamos que ya se había ido para siempre de Veracruz, resulta que no. Aquí anda todavía, organizando las campañas de sus candidatos, vigilando que todo vaya bien, que no falte nada, ni que sobre tampoco. Con el más descarado de los cinismos, el peor gobernador que ha tenido Veracruz, se pasea impunemente montado sobre un Estado fallido, inseguro, ingobernable, donde cualquiera puede meter la mano al cajón, hablar lo que sea, y hacer lo que se le dé la gana y no porque exista la libertad de hacerlo como lo señalan las leyes constitucionales sino porque, como es del dominio público, no hay gobernabilidad

por Gonzalo C. López

 

 

  Por Gonzalo López Barradas, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Por Gonzalo López Barradas, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Extraño momento y circunstancia. Por una parte, realidad tangible, la situación económica y de crisis en todos los sentidos del pueblo, por la otra la ofensiva verbal que describe  -al alcance de  la mano-  una era de prosperidad. El recurso tranquilizador. El gran calmante de los pobres: mañana será otro día. Entre tanto, se desvanecen  los objetivos inmediatos, modestos y perturbadores, aquellos que, cuando se alcanzan, crean el verdadero bienestar, la vida tranquila y segura, sin absurdas riquezas ni degradante miseria. Éstos son los fines principales de un gobierno, claro está, popularmente fuerte, patriota, realista.

Oscilamos entre la miseria de nuestros días y el espejismo del futuro inmediato. Confiamos en la capacidad de la resistencia del pueblo veracruzano. En su sentido del sacrificio como disciplina secular. Su economía tocó ya los límites, los precios se hacen más grandes y la moneda más pequeña. La prosperidad ¿para cuántos? está muy cerca tal vez. ¿Mañana será otro día?

Y cuando creíamos que ya se había ido para siempre de Veracruz, resulta que no. Aquí anda todavía, organizando las campañas de sus candidatos, vigilando que todo vaya bien, que no falte nada, ni que sobre tampoco. Con el más descarado de los cinismos, el peor gobernador que ha tenido Veracruz, se pasea impunemente montado sobre un Estado fallido, inseguro, ingobernable, donde cualquiera puede meter la mano al cajón, hablar lo que sea, y hacer lo que se le dé la gana y no porque exista la libertad de hacerlo como lo señalan las leyes constitucionales sino porque, como es del dominio público, no hay gobernabilidad. En Veracruz, se dice,  existe el importamadrismo, la impunidad, la opacidad, el saqueo inmisericorde de los pocos dineros que quedan en las arcas estatales y municipales.

Los que tenían que llevarse lo que había, ya se lo llevaron para compras de inmuebles suntuosos, automóviles de lujo, camionetas con vidrios polarizados y blindadas para las esposas, los hijos y las o los amantes  y para pagar sus campañas políticas y hasta jets y avionetas.

Peor aún, el viernes 22 pasado, dejó tiradas sus actividades políticas como delegado de su partido en Oaxaca y vino a ver a su pupila que es candidata a diputada en Boca del Río.

Las crónicas periodísticas de los colegas del puerto de Veracruz dicen que  llegó, chupó, cenó y quién sabe que más hizo esa noche y temprano, al día siguiente, abordó el avión que lo alejó de tierras jarochas, como en su tiempo lo hicieron los juarochos. No sin antes hacer declaraciones  cínicas, sin vergüenza alguna como esa de que “una amplia gama de veracruzanos y mexicanos saben que las cosas en el Gobierno priista se están haciendo bien y los resultados de las reformas estructurales han comenzado a verse”.

Uno se pregunta: ¿en qué se ven esos resultados? ¿En los bolsillos del pueblo?  ¿En la canasta básica donde las amas de casa no ven una? ¿En los empleos? ¿En la seguridad? ¿En los secuestros y homicidios? ¿En dónde pues, señor innombrable, vemos esa gama de cosas buenas que nos da el PRI?, según usted.

Es cierto, el PAN crítica pero también lo hacen los otros partidos. Pero los azules son los únicos que se atreven a señalar el desbarajuste que dejó el innombrable y que lo está siguiendo Duarte en su gobierno. No hay empleos, no hay seguridad. Los asesinatos de periodistas, abogados y de cualquier ciudadano de bien, están al día –aunque se diga que en Veracruz no pasa nada- . ¿Cuál, entonces,  es lo que el PRI propone? ¿Una era de paz y tranquilidad, de desarrollo, de armonía, de optimismo, de confianza, de inversiones y empleos?

De eso pedimos nuestra limosna, pero nunca vemos nada. Al contrario: el estado vive en quiebra económica, política y social. Hay una descomposición terrible, y no es porque lo diga el

PAN y ciertos personajes. Lo sabemos, lo vemos y lo sentimos en carne propia los ocho millones de veracruzanos sin que nos lo tengan que decir.

El PRI, a través de sus candidatos a diputados, no responde porque no tiene nada que responder y si se atrevieran a responder  se expondrían al juicio sumario de los veracruzanos porque miles de ciudadanos los pondrían en evidencia.

Hay momentos en la vida en que es mejor no hablar porque es como escupir hacia arriba.           ¿Acaso creerá  el señor innombrable que al pueblo veracruzano ya se le olvidó que él trajo la delincuencia al Estado? ¿Que ha sido el más grande  saqueador de la riqueza del pueblo y que por eso estamos como estamos? No hay una sola institución del gobierno que no haya sido tocada por el gobierno fidelista para dejarla en ruinas como al Instituto de Pensiones del Estado, la Secretaría de Finanzas, la Secretaría de Salud, la Secretaría de Seguridad Pública, por nombrar algunas.

Esta manzana que hoy veo, mientras escribo estas líneas, sería perfecta, pero cuesta diez pesos con cincuenta centavos. Claro que es un lujo, un producto controlado. Los pobres no deben comer manzanas. Cuántos  veracruzanos del Estado profundo, de los cinturones de miseria, del hambre diaria no tendrán en sus manos jamás, una fruta así. No la esperan. Ellos no saben cuán cercanos estamos de la opulencia. Para ellos mañana no será otro día.

Así es que hay que decirle al señor innombrable que se tomó  su hora de cinismo: que no jale porque se  descobija…

rresumen@hotmail.com

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