
Bien haría al estado de Veracruz un poco de democracia en el Partido Revolucionario Institucional, sobretodo ahora que la rumorología, descalificación y confusión reina entre sus militantes con respecto a quien será el candidato para las próximas elecciones. Es cúmulo de dimes y diretes en los cuáles se trasluce, de entrada, la antidemocrática situación de que solo sean dos personajes de la vida política estatal, los que se apuntan como los que ya están en la recta final, descartando la aspiración de otros priistas veracruzanos para contender por la candidatura, no es sano.
En primer lugar, habrá que reconocer que dentro del priismo veracruzano hay distintas corrientes y grupos políticos que pueden, y deberían, manifestar sus simpatías no solo por los que desde hace meses se colocaron en la recta final, asegurando desde entonces, y aún ahora, que no hay nadie más que ellos para la candidatura a la gubernatura, provocando una exclusión que no solo es signo de antidemocracia sino de imposición soterrada para que solo un apellido aparezca como el del potencial nuevo gobernador de Veracruz, por los siguientes dos años de gobierno.
Realmente empobrecedor es el hecho de todas las candidaturas se ciscunscriban al apellido Yunes. Una caso digno de Ripley, como si no fuera posible que otros apellidos de políticos notables también tuvieran la oportunidad de ser mencionados y considerados en sus aspiraciones.Empobrecedor resulta también que, de antemano, se trate de escamotear la oportunidad a la nueva camada de políticos forjados en la actual administración gubernamental.
Estamos ante una lucha despiadada por el poder, donde de manera excluyente se trata de convencer a militantes y población veracruzana, de que no hay más aspirantes que los de una sola familia, llegando al grado ominoso de augurar que serán los únicos candidatos no solo para las elecciones del 2016 sino también para las del 2018. ¿Dónde quedan pues políticos notables como Alejandro Montano, Ignacio Morales Lechuga, Jorge Uscanga, Amadeo Flores Espinoza, Flavino Ríos Alvarado, Francisco Berlín Valenzuela, Miguel Alemán Magnani, Fernando Aportela Rodríguez, José Antonio González Anaya, Erick Lagos Martínez, Alberto Silva y Eduardo Andrade, con los suficientes arrestos, conocimientos, experiencia y seguidores como para ser tomados en cuenta en un proceso democrático para elegir al próximo candidato a gobernador por Veracruz, tanto para el 2016 como para el 2018?
Hablemos ahora de Erick Lagos, un notable político formado en la actual administración gubernamental que tiene no solo un vasto conocimiento de lo que es la administración gubernamental sino también de las estrategias políticas suficientes como para ganar una elección, como lo demuestran los recientes números alcanzados en el distrito donde ganó la diputación federal. ¿Por que se le quiere endilgar una leyenda negra tan solo porque fue formado en el equipo político de Fidel Herrera, al cual le deben también posiciones y trayectorias tanto Héctor Yunes Landa como José Yunes Zorrilla? ¿No es querer tomar ventaja de antemano el descalificarlo, sin tener a la mano ninguna prueba evidente de un mal ejercicio en sus trayectoria como funcionario de gobierno, porque hasta ahora es de los políticos fidelistas el que tiene una hoja de servicios, en los cargos ejercido, sin escándalo ni acusación alguna?
Si hay militantes y organizaciones que ven en él a un serio precandidato a la gubernatura de Veracruz, que debiera contender en buena lid por obtener dicha distinción en una contienda interna partidista, porque no se manifiestan lo más pronto posible y de manera pública, para darle un cauce a esta contienda por la candidatura gubernamental priista que camina por sendas oscuras, del tapadismo, el secreteo y la espera infame de que sea la selección venga de acuerdos externos al estado de Veracruz
Y también, de una vez y en abierto, y participando en un proceso democrático, que se manifiesten los seguidores reales de los Yunes, Héctor y José, y de todos los que estén dispuestos a participar, con apoyo de seguidores que los propongan, en una elección interna de candidato a gobernador por el PRI, en lo que resta de este año, para seleccionar a un candidato por mayoría, en una contienda abierta a las aspiraciones de los que se crean con derecho a ser elegidos. ¿Por qué cerrarse a dos contendientes predestinados por obra y causa de sí mismos? En todo caso, que compitan con otros aspirantes y se apeguen a criterios democráticos paras obtener la candidatura. Se daría un aire fresco a un proceso de elección interna prista que se observa viciado de antemano, destinado más a dividir que a unir al Partido Revolucionario Institucional en Veracruz.

