Siete Párrafos: Peña Nieto, sin congoja por el desgarriate priista veracruzano


tapadoPor Rodolfo Calderón Vivar

 

por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

A estas alturas del partido, los avezados ya deberían darse cuenta que al presidente Peña Nieto no le causa ningún pesar, zozobra o insomnio el caso de Veracruz. Ni están en su ánimo tal o cual candidato de los que ya asomaron la cabeza para apuntarse como los punteros y mejores para ser candidatos a gobernadores. Ni prepara un gran despliegue financiero para fortalecer al PRI para no perder tan importante bastión priista con miras al 2018, ni le da mayor importancia al pacto de Bucareli, tan cacareado por uno de los precandidatos, como una especie de comida corrida con dos sopas, arroz o spagueti y dos guisados. Y le da igual palomear a cualquiera de los cuatro que se han mencionado en la recta final: Héctor Yunes (lo ponemos en primer lugar porque es el mejor palomeado según las encuestas), José Yunes Zorrilla (el segundo mejor palomeado según las mismas encuestas), Alberto Silva (potencial palomeado) y Erick Lagos (que alza la mano ante quien lo puede palomear). Cualquiera de los cuatro garantizan un resultado previsible en la  próxima contienda electoral.

Los mas avezados analistas deberían estar ya estar informados que tampoco le acongoja que Miguel Angel Yunes sea candidato del PAN y gane las elecciones del porvenir. De hecho es uno de los  políticos que cuenta con la amistad del presidente y no pocas veces han tenido oportunidad de platicar en privado. De no ser así, no presidiría la importante Comisión de Seguridad en la Cámara de Diputados y ya hubiera aprovechado la gran denuncia de la diputación veracruzana, para que a través de terceros, ésta procediera para detener al fuerte candidato a la gubernatura veracruzana que, según algunos analistas, pondría en peligro el bastión priista veracruzano, tan importante para las elecciones presidenciales del 2018.

Por supuesto que los avezados analistas no entienden porque, si ya está acotado el gobernador Duarte y el fidelismo, éstos actúan como si no hubiera acotación alguna. Ni por qué están en el plan de jugar a la incógnita de que es posible que uno de ellos sea, finalmente, el candidato a gobernador de Veracruz por parte del PRI. Por supuesto que lo hacen, porque saben que el presidente aún no ha decidido, y porque la relación con el presidente no llega al extremo de buscar su exterminio. Vamos, eso no es de políticos.

En realidad hay un fuego mediático, donde también participan los analistas avezados, inflamado por las fuerzas de Beltrones, Videdagaray, Osorio Chong y Aurelio Nuño, en la que, como en la bíblica torre de Babel, todos están confundidos, como Dios confundió a los súbditos de Nimrod, para que se dividieran y no se pudieran entender entre ellos, con tal de que no se trataran de igualar a quien tenía el poder divino.

Por eso no hay  humo blanco, ni tampoco el tan cacareado programa de gobierno anunciado por Beltrones. Se trata de confundir y de calar los ánimos de los priistas jarochos, tan acostumbrados a solo atisbar, husmear y oler, para doblar la cerviz ante quien sea finalmente el elegido. Asi lo demostraron cuando Carbonell de la Hoz se atrevió a fraguar una candidatura a gobernador, con el apoyo de todos los sectores priistas, en el año 1974, en donde mostró el músculo de tener de su lado a toda la clase política veracruzana, a excepción de Jesús Reyes Heroles quien sagazmente, fue a ver a Echeverría, para dar sus razones de por que no debía ser Carbonell de la Hoz el candidato, siendo autorizado para declarar aquella famosa frase de: «yo, como veracruzano, no he votado por él».

Cualquiera de los cuatro precandidatos es igual para el presidente, a la hora de la selección del nominado por el PRI. Y el proceso puede ser desde un candidato de unidad, poco recomendable a estas alturas, hasta una consulta a la base o una asamblea, que no por tan confrontativa no pueda plancharse, aunque lo difícil es la remendada porque ya el traje político del priismo veracruzano anda un poco raído, es decir con muchos hoyitos, como lo ha podido constatar Alberto Silva, tan obsesionado por andar coleccionando parches de la oposición.

Es más, si fueran mas dados a la pesquisa los analistas veracruzanos, se darían cuenta que si, a lo mejor el señor presidente, puede que le interese Veracruz y decida colocar a un candidato priista a la gubernatura que nada tenga que ver con los cuatro ya mencionados. Alguien que a estas alturas ya lo sabe y trabaja muy en secreto, sin ostentar cargo alguno  en estos meses, permaneciendo en la banca,  pero que prepara la posibilidad de llegar con el bat de emergente para el pánico de los que firmaron el pacto de Bucareli y los que, en altos círculos partidistas de la oposición, perciben que es la hora del cambio de gobierno tricolor, a uno de un color más pálido. Por eso están apurados en filtrar lo que debía ser secreto, nomás para recordar lo pactado. Solo que la firma no fue del presidente, sino de subalternos, y éstos  como que tienen menor peso.

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