
México está viviendo grandes transformaciones y los signos más evidentes se muestran a través de la política y de la economía, que son los baluartes de una nación. La estabilidad y progreso de una nación tiene que ver con un adecuado manejo de estas variables y suele ser la diferencia entre las naciones desarrolladas y las tercermundistas.
En los albores del siglo XIX México dependía de la corona española y las decisiones partían de la península ibérica. La situación, sin embargo, era insostenible porque el abismo de la pobreza se había ensanchado y los españoles nacidos en México reclamaban una mayor participación.
Empezó a gestarse el movimiento social de grandes proporciones. Sólo faltaba el líder que encabezara la revuelta porque ya no se contemplaba un cambio pacífico, sino que tenía que ser únicamente a través de las armas y tomar la estafeta para otorgar otra dirección a la entonces Nueva España.
La responsabilidad recayó en Miguel Hidalgo, un cura que tenía a su cargo la Iglesia de Dolores en Guanajuato. Años antes, Hidalgo había sido el rector del Colegio de San Nicolás en Morelia, Michoacán y era conocido popularmente como El Zorro, en reconocimiento a su astucia y sagacidad.
Ahí conoció a José María Morelos, quien a la postre también sería el rector del afamado Colegio con sede en la capital michoacana.
México habría de emerger ya en ese siglo como una nación libre e independiente luego de varios años de una intensa lucha y derrotando al ejército español, combinado con algunos acontecimientos en Europa. Es en 1824 que se concreta la liberación del país y es primer presidente Guadalupe Victoria.
El siglo XIX no fue nada fácil para esta nación. Ahí surge, no obstante, una figura gloriosa y de grandes luces: Benito Juárez García, quien se rodea de grandes hombres y logra diseñar una nación, aprobando las Leyes de Reforma, con lo que logra desplazar al gran poder representado en la Iglesia y luego combate al ejército francés, considerado el mejor del mundo, derrotándolo y llevando al cadalso a Maximiliano de Habsburgo a través de un consejo de Guerra presidido por el veracruzano Platón Sánchez.
Otra gran figura de esta etapa es Porfirio Díaz, quien se engolosina en el poder y se empecina en gobernar por más de 30 años, siendo destituido por Francisco I. Madero, con lo que se origina la primer revolución del siglo XX, producto del hartazgo del pueblo mexicano.
México ahora vive una situación con ciertos signos coincidentes del inicio de 1800 y de los inicios de 1900. Se observa una fuerte descomposición de las instituciones nacionales. Del país que fue durante varios años del siglo próximo pasado, poco le está quedando.
México había logrado obtener grandes logros y su economía estaba fuerte gracias a su mercado interno. Era ejemplo de varias naciones y las desplazaba como era el caso de Corea del Norte, China, entre otras. Ahora, esas naciones son auténticos tigres asiáticos que han desarrollado su economía a grados superlativos y, en contraste, México se ha ido rezagando.
Una nación que tiene 120 millones de mexicanos, y cerca de 60 millones de ellos viven en la pobreza extrema, quiere decir que las cosas no están bien. Lo peor que le puede ocurrir a una nación es que insista en probar el mismo camino cuando sabe que no solamente no le funciona, sino que sigue produciendo anualmente millones de mexicanos sumidos en la pobreza y en la ignorancia.
A México le está ocurriendo el síndrome de la ranita en un comal, el cual se está calentando paulatinamente, pero parece que estuviese en un espacio de comodidad y cuando reacciona, entonces ya está quemándose. Eso está sucediendo en el país, donde las altas autoridades no han querido ni quieren reconocer que el comal está a punto de estallar.
Existe una fuerte animosidad y existen factores adversos que no presagian nada bueno. Los funcionarios, como nunca antes, se autoasignan salarios insultantes; manejo corruptísimo de las finanzas; las instituciones se están desmoronando, se han dado 27 mil desapariciones forzadas tan solo este año y los ataques al medio ambiente llegan al grado que, incluso, se respaldan en granaderos para cometer fechorías. Veracruz, sin ser para nada la excepción, enfrenta la desaparición de cinco jóvenes por la policía estatal en Tierra Blanca, sin que haya renuncias ni resultados.
Hemos llegado a un grado extremo. Y como dice el tango: La historia vuelve a repetirse. Tal vez ya estén los nuevos hidalgos y morelos en la búsqueda de la estafeta.
Y hasta la próxima

