Por:Jorge A. González.

Durante más de ocho años cubrí la fuente de la Cumbre Tajín en el municipio de Papantla, Veracruz para el diario Imegen de Veracruz.
Este día, una amiga nos ha llamado a los recuerdos más que profesionales personales. De aquellas travesías que compensaban muchas horas de el arduo trabajo, trabajo que ahí quedó impreso en las páginas del periódico.
Nuestra amiga Wendy Santos Arias con su comentario en facebook al rememorar aquellos años, detonó en mi muchas anécdotas que continúan vivas en mi memoria.
Risas, sorpresas, cansancio, preocupación, relajo. La corredera con Cony Herrera López para cubrir información general (marchas) y cultural a la vez. La empujadera para ver el espectáculo Luz y Voces del Tajín, el traqueteo de los viajes, las desmañanadas.
A veces pernoctar en hoteles muy bonitos como el Azúcar en Casitas,y otros muy ejecutivos en Poza Rica. Quién no desayunó de prisa por que el autobús se iba. Furiosos nos ponía la lentitud del internet de sala de prensa, cuando adjuntar una fotografía tardaba hasta 20mn.
Las famosas pulseras de prensa para ingresar a los eventos. Los dos viajes diarios duarnte ocho días, uno en la noche y otro en la madrugada depende si te quedabas al concierto. El relajo en la redacción, los teléfonos ocupados. Los conciertos a media noche.
La toma de energía en plenas ruinas con un calorón. La espera de las ruedas de prensa en el auditorio del nicho de la UV,o cuando esperamos horas a Miguel Bosé para entrevistarlo, o el día en que Natala Lafurcade llegó tomada a su actuación.
La vez que hubo balacera una madrugada que ibamos de regreso al hotel, o el día que tembló y nos agarró de mañana en el Hotel de Poza Rica.
Todavía muero de risa cuando ahí en el mismo Poza Rica-en la calle-Paco Morales le preguntó a un mudo cómo llegar al mercado para comernos un mondongo, o cuando le dijo a un mesero joven de la Universidad de Gastronomía de Puebla en el nicho Aromas y sabores -quién tenía un dedo vendado: «ay, tu dedito», y toda la mesa estalló en risas.
Cómo olvidar tantos años, tantos recuerdos, a tanta gente que conocimos y sobre todo tanto que aprendimos de la cultura totonaca. Hoy esos recuerdos vuelven y vuelan tan sublimes como los giros en el aire de los voladores de Papantla al sonido del flautín.




