
Los partidos políticos se aprestan a iniciar la madre de todas las campañas político-electorales sobre estas tierras veracruzanas, aun cuando el hartazgo y el cansancio asomen en los electores.
Al calor del discurso político seguramente denostar uno de otro será parte medular y la constante de este nuevo peregrinar en busca del voto de los ciudadanos, ya que hace mucho no sabe de milagros.
En esta justa los personajes que aspiran a la gubernatura estatal tratarán de hacer valer las promesas y compromisos que asuman para el caso de que la diosa de la fortuna les favorezca, menos no.
El hartazgo popular exigirá de los contendientes, incluyendo a los pretendientes de curules ante el congreso local, el cumplimiento no de promesas ni compromisos en cascada, sino de aquellas exigencias que continúan sin cubrirse a la gente sencilla del pueblo, que por ningún concepto es influyente, ni beneficiario de favores personales, de grupo o mafia.
Pero que confió su voto en los políticos que al final del día le fallaron irremediablemente.
Sexenalmente el electorado ha visto desfilar ante sus ojos a hombres y mujeres que juran que cumplirán, empezando por resolver las grandes dudas que un pueblo empobrecido experimenta, pero sin embargo, el cumplimiento de las promesas simplemente no se da.
Este fenómeno que se vuelve repetitivo y que en campaña cobra mayor relevancia en las cuales el cruce de palabras altisonantes forma parte del ritual, será apenas el detonante para que la ciudadanía se decida a salir de su casa y votar en urnas electorales, sin obedecer a ismos ni chantajes ni mucho menos acudiendo a la compra de conciencias.
No importa por quién lo hagan, lo trascendente será, a no dudarlo, que las mayorías olviden por un momento que fueron o son víctimas de una mala pasada, siendo que van a coadyuvar con la vida social de la comunidad o, en cada distrito electoral, a transformar la existencia de la colectividad preferentemente.
Empero, una variante en ese devenir será el recordatorio inclusive más acre que se vaya a dar entre los aspirantes al cargo de gobernador y a las curules ante el Congreso local que, por otra parte, levantarán sus giras electorales o se contentarán con mantenerlas metidas en el slump, como suelen ocurrir otras giras, en otros tiempos y con resultados tan pobres que la ciudadanía acaba denostando de todos.
Siendo que la exigencia popular va más allá, porque quizá caminando tengan que ir de prisa las campañas, que arrancaron con pre-giras nomás para calentar garganta y brazo, como en el beisbol, pero sin que gocen de una gran trascendencia, la que espera una ciudadanía que sufre desencanto y enojo colectivo. Esperemos.
* CUAUHTÉMOC CÁRDENAS,
POR LA EXPROPIACIÓN
La figura emblemática de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, en una manifestación pública para recordar la expropiación petrolera de 1938, le afirma un valor sin precedentes al último capítulo de valentía y marco de la gesta heredada a los mexicanos bien nacidos por el Tata Lázaro Cárdenas del Río.
Al recordarse un aniversario más de la histórica expropiación del oro negro y liquidación de las compañías exploradoras y explotadoras de nuestra industria más importante, Cárdenas subrayó a los mexicanos, con goce de una memoria sin par, que la nacionalización de la industria del crudo sin duda se constituye en el evento más valioso del México posrevolucionario hasta la fecha.
El oro negro se diría que es de los mexicanos y de nadie más. Y que las riquezas que acumularon los industriales de Europa occidental y los Estados Unidos de Norteamérica, con el saqueo de los pozos petroleros mexicanos, consolidaría la ofensa mayúscula que los aztecas de los años 30, a la cual se enfrentaría el presidente Cárdenas expulsando de estas tierras a quienes se hartaron saqueando los recursos energéticos del país.
En memoria a todo ello, el ex candidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas, con la marcha que encabezó en Coatzacoalcos, hizo o logró hacer vibrar la emoción y la simbología que trae consigo refrescar a los connacionales la medida que por decenios dio al país la certidumbre de que era una nación rica inmensamente, gracia a su petróleo.
Sobre todo cuando el retorno de las firmas extranjeras es un hecho, sobre todo en los puntos de la geografía nacional de donde se extrae el petróleo, en tanto encarece aun más la vida para las familias aztecas, se grava el desempleo, se incurre en una mayor dependencia de las potencias existentes en el orbe y se empequeñece el espíritu de los aztecas para sacar la casta y entrar en defensa de los valores patrios.
Es evidente que mientras los Romero Deschamps secunden la entrega de la riqueza del oro negro a los extranjeros, dan al traste con la industria, por un lado, y, por el otro, ya asoma en los linderos de la empresa por excelencia nacional, los tentáculos del poder que ostentan las firmas de la Iniciativa privada prestas para realizar el corte del «pastel» en la fiesta preparada exprofeso sólo para los invitados del norte y los que puedan de estas angustiadas tierras aztecas.
Aunque los modernos Judas y vendepatrias salgan airosos de esta novedosa entrega, no cabe la menor duda de que en un porvenir serán recordados igualmente como a Santa Anna y otros que prefirieron entregar su alma al diablo, a cambio de forrar sus bolsillos personales. Por eso, actos como el que celebró Cárdenas Solórzano ayudan a que los mexicanos pensantes y amantes de su país, tengan frescas en sus mentes las acciones de unos cuantos en detrimento de muchos, que son el pueblo azteca.
* UNA DE TURISTAS
Y TRÁNSITO
Xalapa no es una ciudad que cubra exitosamente su doble escenario de ser una capital altamente turística y tampoco puede presumir que los señalamientos viales más completos y por añadidura ilustrativos, sean los que aparecen en las calles y avenidas de la ciudad.
Sin embargo, en algunos periodos de gobierno sexenal o de trienio, las autoridades mantienen una cara amable y disposición para ofrecer al visitante o turista un rostro amable y las condiciones indispensables para que se desenvuelva dentro de la misma localidad y sus alrededores.
Tres familias que viajaron desde el estado de Quintana Roo a esta capital, por carretera conduciendo su propio automóvil, habrían de cumplir tres días de tener su estancia en Xalapa, pero la adversidad les ha jugada tan malas pasadas como es el hecho de que el lunes fueron a Jalcomulco y se encontraron con que la carretera se podría llamar bachelandia, incluidos algunos tramos con potenciales cráteres.
El río que cruzaba el poblado de los langostinos y camarones, ya no lo es tanto. Los pedruscos sobresalen y el pueblo ahora se muestra desconfiado y desangelado. Los precios en platillos a base de mariscos y pescados, podrían estar a la par que en Cancún, siendo este un puerto al cual acude principalmente turismo europeo y estadounidense.
La tirolesa, para una familia de recursos medios, resulta cara.
Pero bien, los viajeros ayer fueron a Naolinco de Victoria y detectaron de nueva cuenta una carretera que va de Xalapa a la tierra del botín y del extinto Marce, en deplorables condiciones. Su asfalto roto, en casi total destrucción, salva usted un bache y cae en otro más profundo. La industria del calzado que le dio fama y proyección al municipio, ya no lo es. El costo de zapatos se asemeja al que mantienen las tiendas departamentales de las más sofisticadas ciudades del interior del país.
Las dos familias que viajaban en tres automóviles, quienes de retorno a Xalapa equivocaron el entronque con la carretera a Banderilla, debido a una pésima señalética, se metieron unos metros en la rúa equivocada y enseguida les dieron alcance los exigentes uniformados de tránsito del estado, quienes no quisieron escuchar explicaciones, uno con cara de enojón sacó el reglamento o ley de tránsito y sin chistar les dice a los automovilistas que en Veracruz la ley es la ley y que tendrían que pagar multas de hasta cinco mil pesos cada uno de los presuntos infractores.
Obviamente, sobrevino el alegato de rigor, pero respetuoso de los turistas, quienes precisamente invocaron su condición de viajeros por estas tierras, pero los agentes viales se mostraron inflexibles, pero comprendieron que no había forma de detenerlos tampoco, así que acabaron por extorsionarlos con 300 pesos a cada automovilista y que se fueran inmediatamente, antes de que se enojaran y les obligaran a hacer cumplir el reglamento.
Con esos prestadores de servicios públicos, para qué queremos más turistas, podría advertirse tras la sucia jugada de patrulleros viales. ¿No le parece a usted?

