
En el inicio de las campañas políticas, donde participan siete candidatos, cifra impensable hace algunos años, se proyectan diversas maneras de pensar, estilos y formas de actuar en cuya temática se convierten en los personajes idóneos para resolver la gran problemática que ahora vive el Estado de Veracruz, la otrora entidad que era motivo de orgullo y que sus índices económicos eran elevados.
Todo eso terminó para Veracruz desde hace varios años. La tarea del que será el nuevo gobernador de Veracruz, por tan sólo dos años, será reactivar la economía, cubrir los adeudos de todo el Estado y levantar una imagen que, por ahora, se encuentra en niveles paupérrimos.
Es verdad que muchos de los mensajes se centran actualmente en desacreditar al rival, de encontrarle el mayor número de defectos y propiciar que el electorado compre las ofertas del desprestigio. Sin embargo, se ha observado que no es suficiente del todo para que a través de la propaganda negra se llegue a tal objetivo.
Es curioso pero cuando en México se empezó a abrir el abanico de la participación política, precisamente cuando arribó Acción Nacional al poder, a través de las concertacesiones propiciadas por Carlos Salinas, paralelamente empezaron a derrumbarse ciertos principios de los entes que se dedicaban a la actividad política profesional.
El PRI, con todos sus defectos, era una organización partidista que cuajaba desde jóvenes a los políticos y su carrera empezaba desde de las posiciones más modestas que podrían ser el repartidor y pegacarteles en las plazas públicas. Se cuajaban en el oficio político a través del esfuerzo y del sacrificio.
Incluso se contaba con una organización de capacitación, donde se otorgaban los principios elementales de la actividad política y cuando llegaban a un cargo importante era porque ya tenían varios años en el manejo de la cuestión pública-política.
Y quiérase o no, las consecuencias aún siguen presentes. De los actuales candidatos a la gubernatura de Veracruz, por lo menos 6 candidatos son emanados del PRI. Ahí se prepararon, consiguieron relaciones, padrinos y obtuvieron hasta cargos de gran importancia, por lo que no es recomendable que ahora negasen su inicial formación.
En contraste, cuando inició ese ciclo que llegaran políticos de manera automática a la unción de cargos públicos, sin ninguna experiencia anterior, evidentemente los resultados no fueron alentadores. Se escucharon frases imprudentes y muchas cosas empezaron a contaminarse de las más diversas maneras.
Sin embargo sí es conveniente y aconsejable que la persona que llegue a ocupar la gubernatura de Veracruz tenga la suficiente experiencia, que conozca el tejido social veracruzana, los grupos de poder, las intrincadas redes sociales y, sobre todo, que profese interés en ayudar al desarrollo de la entidad veracruzana y no pensar únicamente en el beneficio personal, porque ya ha sido plenamente probado que no es la mejor solución.
Era común que cuando había una renovación de gubernatura en Veracruz, saltaban a la palestra personajes de alto nivel político: secretarios de Estado, directores de importantes dependencias federales, etcétera. Los periódicos mencionaban una larga lista de aspirantes y Veracruz confirmaba su enorme riqueza del recurso y talento humano. Eso, por lo visto, se acabó. Los veracruzanos ya no empezaron a verse en el gabinete federal.
Podríamos decir ahora que, parafraseando a Rubén Figueroa, “la caballada está muy flaca”. Y es verdad, a excepción de Miguel Angel Yunes, Héctor Yunes y Armando Méndez de la Luz, los otros participantes carecen de la suficiente experiencia requerida y deseable para gobernar una entidad difícil y conflictiva que es Veracruz, ahora asolada por la inseguridad, la ausencia de incentivos económicos y con una población cercana a los 8 millones de habitantes.
Hace cinco años se perdió un eslabón. Las consecuencias ahora están a vista de todos. Era necesaria la experiencia, preparación y formación para asumir la enorme responsabilidad que entraña estar al frente de un Estado de grandes perspectivas y de grandes compromisos.
Por lo pronto, las fallas que vayan cometiendo los candidatos podrían tener su factura al término de la campaña. En el tema de la UV, Héctor Yunes llegó a un Foro convocado por la rectora Sara Ladrón, denominado Razonando el Voto, pero al mismo tiempo desdeñó una invitación previa del Colectivo de la UV que había convocado para analizar la Educación Pública Superior en el país, a donde acudieron los demás candidatos.
Eso también podría generar una escisión al interior de la UV, que por ahora sería muy lamentable.
Y hasta la próxima.

