En Pocas Palabras: Crónica simple de un viaje no tan simple


mexicodesdeavionpor María. Elvira Santamaria Hernández

Por María Elvira Santamaría Hernández, egresada de la Facultad de Ciencias y Tècnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Por María Elvira Santamaría Hernández, egresada de la Facultad de Ciencias y Tècnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Buenos días. Desde el avión observo el difícil paso de los rayos de sol, a través de las nubes grises y la espesa nata amarillenta de contaminación, que da techo a la Ciudad de México.

Y así, estamos aterrizando y me uno a los ciudadanos de la contingencia ambiental….Que respiro el aire, que respiro el aire, que respiras tuuuu…..

Ya voy en auto rumbo a la terminal dos del aeropuerto, donde recogeremos a otro de los integrantes del grupo invitado para sostener reuniones con secretarios y funcionarios federales.

No sé cómo, pero pese a que mi visión desde la ventanilla la domina un interminable paisaje de carros, me sigue pareciendo bella mis ‘smogmoniana’ capital.

Igual me sucede con Coatzacoalcos, que con todo y sus camellones enmontados, sus cuarteadas calles y banquetas, su absoluta falta de fuentes y su anárquico crecimiento que rompió el bello trazo que inicialmente le dieron, me provoca suspiros cuando miro su mar y el cerro de San Martín a la distancia.

PACIENCIA

Llevamos una hora recorriendo el asfalto y aún no llegamos a la primera reunión…frente a mí veo el edificio del hotel Fiesta Americana. Y ahora pasamos bajo el soleado «Caballito», que no mucho me gusta.

Aquí la gente anda apurada pero el tráfico es lento. La urbe imponente parece apabullante, sobre todo cuando te flanquean sendos camiones de transporte. Pero si observas la banqueta, verás a alguien deteniéndose para saludar o platicar unos momentos con un conocido, tal y como lo hacemos en cualquier ciudad pequeña.

Ahora, en una banca del Paseo de la Reforma, un caballeroso marido le cambia las altísimas zapatillas rosa a su mujer, por unas cómodas sandalias, mientras su hijo está mirando la estatua de Ramón Corona, que ignoro qué papel jugo en la historia de México, pero que tuvo que significar algo para estar en tan céntrico lugar, a pocos metros de la Bolsa de Valores.

Hemos llegado al hotel Marquis Reforma, en uno de cuyos salones nos esperan ya para el encuentro de los medios de comunicación de la Republica con el director general de Conagua, Roberto Ramírez de la Parra y el titular de la Semarnat, Rafael Pacchiano Alaman.

Aquí comienza realmente lo interesante y menos anecdótico de este viaje. Espero saber captarlo y posteriormente transmitirlo.

(Apunte al margen: este texto lo escribí el miércoles por la mañana llegando a la Ciudad de México, cuando aún no ocurría la tragedia de Clorados en Coatzacoalcos. No lo envié antes porque después de conocer la gravedad del percance se me hizo vanal e inoportuna mi colaboración. Sigo entendiendo que la muerte y heridas de los trabajadores en Pajaritos es lo verdaderamente importante.)

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.