
Sorprende la reacción de los priistas después de la derrota estrepitosa del 5 de junio. Por ejemplo, está bien que Héctor Yunes Landa se arrogue el liderazgo del maltrecho partido, invocando el llamado a un pacto que apunta al gobierno de coalición, pero por su posición protagónica como parte de la derrota estrepitosa , en la pasada contienda electoral, ¿no debería antes sentarse, junto con los miembros de su partido, a una jornada de evaluación sobre que se hizo mal, y bien? Sobre todo para comprender, a fondo, porque se perdió en una contienda donde estuvo presente el factor igualitario de los tercios repartidos, en los que cualquiera no podía alzarse con una victoria contundente, pero también cualquiera podía ser el perdedor.
Veamos otro ejemplo, Xalapa, donde con el mínimo esfuerzo de campaña, con una votación basada en la fe de partido, MORENA arrasó tanto en los comicios por la gubernatura del estado como por las dos diputaciones. ¿No se supone que es el centro de operaciones del gobierno del estado y, por ende, del partido que lo llevó al poder? ¿No es el sitio donde Américo Zuñiga, alcalde de renombre nacional, con sus huestes priistas nada pudieron hacer para presentar una pelea digna, a la altura de la capacidad estratégica de su jefe? Si la explicación dada en las pasadas elecciones, cuando perdió Elizabeth Morales por parte del PRI, era que la abandonaron a su suerte porque no había afinidad entre Zuñiga y la perdedora, , ¿que explicación se puede dar hoy de esa barrida morenista en una ciudad donde más labor hacer el PRI en las colonias y en las zonas urbanas? Mínimo, debieron trabajar en pos del voto diferenciado.
Segundo ejemplo, ¿de que dimensión fue realmente el apoyo real a la causa priista por parte de los seguidores del senador, José Yunes Zorrilla, presunto próximo candidato a la gubernatura por parte del PRI? ¿No era su activismo uno de los más publicitados a través de constantes reuniones por todos los rumbos de la entidad? ¿Que números duros puede presentar de sus operativos de apoyo más allá de su justificación de que se perdió por causa de la mala fama de Javier Duarte, hecho que tuvo que ser previsto desde antes de los resultados finales, para contrarrestarlo?
Tercer ejemplo, ¿que informe puede dar el presidente del Partido Revolucionario Institucional, Amadeo Flores Espinoza, respecto a los factores que llevaron a su partido a perder y cuáles fueron las razones que los mismos se salieron de su control? El líder de ese partido debe convocar lo más pronto posible a ese tipo de análisis y su correspondiente documentación, antes, incluso, de presentar su obligada renuncia. O puede adelantar ésta, si no tiene respuestas.
Es el momento de reconocer a los que si ganaron las elecciones para diputaciones, analizando también el como lo lograron en el marco de los sucesos electorales del 5 de junio. ¿Fue el peso de la figura del candidato? ¿Cuáles fueron sus estrategias de comunicación? ¿Hubo una labor muy organizada de penetración en los sectores urbanos, suburbanos y rurales de los distritos donde contendieron? ¿Qué papel jugaron los representantes de seccionales priistas y como apuntalaron votos para el candidato ganador? ¿Qué argumentos se ofrecieron a la ciudadanía para impactar en su decisión a la hora de las votaciones? Eso también es parte de un ejercicio de evaluación que permitiría hacer análisis comparativos en todos los distritos del estado y un justo reconocimiento a ellos y a sus seguidores que ofrecieron buenas cuentas, al final de la contienda.
Estos momentos críticos que vive el Partido Revolucionario Institucional deben ser de oportunidad para reorganizarse y comenzar a trabajar para la contienda electoral del próximo año. Por eso, lo primero es la renovación de sus cuadros directivos y la construcción de un plan estratégico con los priistas que sepan arrastrar lápiz e integrar grupos de trabajo dinámico para reforzar o crear redes de afinidad política en todo el estado. Y que además, quizás mucho pedir, no tengan mala fama pública, sobretodo por su paso en la actual administración gubernamental que está por concluir. Tarea difícil porque hay que excluir a sinvergüenzas. Tarea difícil porque ya hay quienes quieren seguir lucrando con la idea de apoderarse de un membrete institucional partidista.
Cuando se da la posibilidad de una desbandada de priistas hacia los sitios del nuevo gobierno, si el extraño llamado a un pacto entre fuerzas políticas dominantes que hizo Héctor Yunes es realmente atendido por el nuevo gobernador, se debe plantear la renovación estructural y operativa del Partido Revolucionario Institucional, con nuevos participantes, que respondan al conglomerado de votantes, casi un millón, que aún tiene fe en el partido. ¿Quienes deberán convocados para ello? Priistas connotados que destacan no solo en actividades partidarias, sino en el ámbito de la academia, las organizaciones empresariales y sociales, en la sociedad civil. Es un paso obligado porque los priistas son damnificados de un vendaval que hundió sus principales barcos. La tarea es construir barcos nuevos, con nuevos capitanes.

