
por María Elvira Santamaria Hernández

En la mente de muchos, muchísimos mexicanos se enredan las ideas y se dificulta hacer juicios sobre lo que está pasando en el mundo, en el país, en el estado de Veracruz, en nuestra ciudad de Coatzacoalcos. Paradójicamente, apabullados de información, nos sentimos desinformados por múltiples visiones ingenua o deliberadamente fragmentadas.
¿Es que en todo tenemos que colocarnos en algún bando? ¿Es que las situaciones siempre nos están orillando a estar en favor o en contra de alguien o de algo? ¿De dónde asirnos para contar con los elementos que nos permitan tener un criterio claro de lo que está pasando?
Tenemos constantemente que revolvernos en debates sobre lo que es justo e injusto, verdadero o falso. ¿Cómo saberlo si los canales de información para conocer lo que ocurre están plagados de intereses o de convicciones que les hacen inclinarse hacia un lado u otro; y tanto o más limitados en sus capacidades de percepción, de interpretación y de objetividad que nosotros mismos?
En esta deliberación, los líderes de opinión, llámense artistas, políticos, escritores, pintores, periodistas, etc., etc.,juegan un papel importante, y no siempre su sentido de la responsabilidad va aparejado a su influencia. Ni la profundidad de sus afirmaciones está siempre basada en la investigación exhaustiva e imparcial de los hechos.
Y ahí estamos sumergidos hasta el cuello en un mar de opiniones contradictorias, queriendo dilucidar lo que es cierto; porque nadie parece estar equivocado. Nadie reconoce fallas, omisiones, intransigencias ni errores. Todos son buenos, todos nos defienden, todos buscan el bien y la justicia.
Sin explicaciones claras, este «mal humor social» se ha convertido en una migraña nacional que ya no nos deja dormir. ¿Tú estás bien? Yo tampoco.
