Siete Párrafos: Los extremos ridículos permitidos en Veracruz por el gobierno de Enrique Peña Nieto


situacionveracruzanaPor Rodolfo Calderón Vivar

 

por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

A estas alturas del partido, con un gobierno totalmente desprestigiado en el estado de Veracruz, comandado por el ínclito Javier Duarte, mucha gente se pregunta no solo en ese estado sino también en el altiplano, la extrema lentitud del gobierno peñista para dar alguna salida a la serie de denuncias que existen en contra de los miembros del gabinete duartista. Es una lentitud que aterroriza, sobretodo por los extremismos ridículos a que se está llegando en la disputa por el poder, entre el gobierno entrante y saliente.

Hay quienes consideran que la serie de noticias sobre ese estado enrarece no solo el clima político veracruzano, sino también el nacional. Incluyen las declaraciones de un exgobernador,  Fidel Herrera Beltrán, que se deslinda del gobierno de Javier Duarte, señalándolo como un gobernador que no respondió a sus expectativas personales, pero que a la vez no halla respuesta alguna por parte del desdeñado heredero, más que amagos a través de periodistas afines, lo cual es indicio de que de ninguna manera hay ruptura entre ambos, sino una aguda complicidad para seguir fomentando un verdadero sainete en la política veracruzana.

Tras las acumuladas denuncias de la Auditoría Superior de la Federación por los desvíos, o extravíos, presupuestales de diversas dependencias gubernamentales en Veracruz, hasta la investigación de las empresas fantasmas por parte del SAT, al gobierno de Javier Duarte parece no importarle mayormente la supuesta batería de grandes cañones apuntados hacia su administración, y reaparece, casi cada quince días con medidas y acciones que buscan la espectacularidad, en contra de su ahora acérrimo rival, Miguel Angel Yunes Linares, gobernador electo, ocupando el espacio noticioso de los principales medios de la entidad.

La más nueva es presentar personalmente una denuncia por enriquecimiento ilícito, con el fin de ponerse al parejo de ser ambos indiciados por los mismos males, en una aventura secundada por lo que queda de un escuálido priismo veracruzano, al cual apela Juan Nicolás Callejas Roldán para justificarse en el acompañamiento en esta nueva aventura duartista, invocando que  lo hace por apegarse a ideales y convicciones. Ni un ápice de sentido común se respira en el grupo que acompaña al todavia mandatario veracruzano. Se la juegan al más puro estilo del oeste, encerrándose en el bar, con las carabinas bien cargadas para recibir a los contrarios yunistas, nomás se divisen por la principal calle del pueblo.

Atónitos, los veracruzanos de bien ven desmoronarse un proyecto político de la peor manera posible, a rajatabla, con las morunas dispuestas para no entregar la plaza tan fácilmente, como si esa decisión no hubiera sido ya determinada en las urnas, donde se votó democráticamente para una transición partidista de manera pacífica. Ahora se invoca a un priismo trasnochado, e inexistente como proyecto político a largo plazo, que sirve de bandera de protección a quienes desde el gobierno de Duarte,  guiado por Fidel Herrera Beltrán, fueron los principales artífices de la derrota tricolor, por acción, omisión y destrucción política, económica y social del ejercicio gubernamental que está por fenecer, según cuentan los mas aguzados cronistas noticiosos en dicho estado.

Si bien, el peso de todas las investigaciones no tienen todavía un sustento  jurídico real que apunte a la persona de Javier Duarte de Ochoa, sino que se ramifica hacia sus subalternos, algunos analistas perciben que  está todavía inusada la solución política, vía de aplicación del poder desde lo alto de la presidencia, para poner fin a una historia mal llevada y mal contada por sus propios protagonistas en esta época aciaga de la política veracruzana. Sin embargo la tardanza es inaudita. La inacción es contraproducente y el camino de Veracruz se llena de abrojos, barricadas y desfiguros que no debieran  ser posible en un ambiente de buena gobernanza federal.

Para algunos, la mancuerna Fidel Herrera-Javier Duarte sigue en pie y lanzando misiles en los estertores de un gobierno  que se está acabando, previendo un escenario inimaginable para el día de la toma de posesión del nuevo gobernador, Miguel Angel Yunes. Demuestran una fuerza que se levanta para desprestigiar no solo a la democracia veracruzana sino al propio gobierno federal, cuyas estrategias no van allá de filtraciones periodísticas, amagos indirectos y  una lenta, lentísima, si es que se está dando, operación de remedio del caso veracruzano. Los observadores se preguntan: ¿Será que el dúo dinámico gobernante aún de Veracruz se refiere también al gobierno de Peña Nieto, cuando afirma que en materia de acusaciones el suelo debe ser parejo y no solo contra la gestión duartista? Mal presagio para el futuro 2018 sería que, en ese sentido, el gobierno de Enrique Peña Nieto esté siendo chantajeado moralmente por esa tesis de la equidad en materia de castigo anticorrupción, que se está invocando como escudo de defensa por los actuales, y pasados, inquilinos del palacio de gobierno veracruzano.

 

 

 

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