Abriendo Brecha: 2018, EL WATERLOO DEL PRI


priabPor: Héctor Saldierna

Por Héctor Saldierna  Martínez, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la  Comunicación de la Universidad Veracruzana
Por Héctor Saldierna Martínez, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

El Partido Revolucionario Institucional es una de las organizaciones políticas más longevas del mundo occidental al ser fundado en 1929 con nombre de Partido Nacional Revolucionario. Ha vivido grandes etapas y ha tenido la virtud de mantenerse vigente. Sin embargo, ahora todo parece indicar que lo han programado hasta 2018.

El PRI, volvió a tomar el poder en 2012, luego de permanecer fuera dos sexenios a manos del PAN, mismo que no tuvo la capacidad de retenerlo y lo perdió en tan poco tiempo. No fue capaz de reinventarse, no generaron nuevas expectativas y se convirtió en más de lo mismo.

No obstante la reaparición del PRI no ha sido la mejor. Han realizado una serie de acciones que parecen sugerir que no les interesa la permanencia. Para empezar hicieron cambios en sus Estatutos y Declaración de Principios, al quitarle la esencia de la democracia y de la justicia social.

Esos candados que le retiraron le brindaron la posibilidad de renunciar a los aspectos fundamentales del Constituyente de 1917 y que tendrían que ver con desechar al monopolio estatal de los hidrocarburos y el aspecto estratégico y de reserva para la nación, como lo amparaba el artículo 27 Constitucional.

Para instrumentar ese plan crearon el Pacto por México, con lo que lograron que otros partidos políticos, como el caso del PRD, porque el PAN de hecho es coincidente en la ideología, inclinase la balanza a favor de una serie de cambios a la Constitución y con ello desmantelar todo un proyecto de nación que había surgido a partir del movimiento armado de la Revolución Mexicana.

Todo lo que se había logrado durante varias décadas y con base al sacrificio de millones de mexicanos a principios del siglo XX, lo echaron prácticamente por la borda, al ser cooptados por una corriente conservadora que privilegia el aspecto mercantil y el libre mercado, por encima del desarrollo y protección del ámbito social del país.

En el presente sexenio presentaron sus reformas estructurales que las introdujeron con engaños y con el calzador a través de la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores, que al tener mayoría priísta y la negociación con otras fuerzas políticas, las impusieron a pesar del descontento popular y la ausencia de consulta ante las diversas organizaciones sociales.

Lo que era impensable fue posible con políticos a modo. Han permitido y abierto al sector petrolero, y a través de las rondas petroleras han ido entregando la explotación del hidrocarburo a empresas privadas  extranjeras.

Es verdad que Petróleos Mexicanos había tenido grandes deficiencias, debido principalmente a la corrupción, pero lo prioritario era el saneamiento interno antes de pensar en otro tipo de solución que, evidentemente, no tiene nada de espectro social.

Se perderán importantes impuestos destinados hacia la educación, la vivienda y la salud, pero sí en cambio privilegiarán a grupos empresariales principalmente extranjeros, cuyas divisas se las llevarán y sin dejar beneficios para México. Sólo será una renta que en nada será comparable a lo que se obtenía a través de la paraestatal.

Y decimos que el PRI ha resuelto, a partir de todas estas acciones, buscar su fenecimiento en el año 2018 porque el ánimo popular nacional manifiesta un sólido rechazo en contra de esta organización partidista que, prácticamente, ha vuelto la espalda a toda la estructura social nacional.

El mismo presidente Enrique Peña tiene la calificación más baja que se recuerde a un presidente de la república. Sus colaboradores también son severamente cuestionados, principalmente el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, quien no tiene capacidad para conducir una reforma que abiertamente busca la privatización de la educación pública.

A esto hay que agregarle la deficientísima actuación de gobernadores emanados del PRI, como es el caso de Roberto Borge, de Quintana Roo, donde están solicitando la desaparición de poderes; el de Chihuahua, César Duarte, que ya no lo soportan y Duarte, en Veracruz, que sería más saludable que ya no estuviera más al frente del gobierno.

Sin embargo, lo que más llama la atención es la omisión e inacción del gobierno federal que permanece impávido y sin actuar. Todas estas acciones en lo general sugieren que el PRI perderá las elecciones en 2018 y por un buen margen en las urnas, porque ni siquiera la compra de votos o cualquiera otra argucia es suficiente ante el elevadísimo descontento popular que ya se manifiesta de muy diversas maneras en todas las regiones del país.

Ya está surgiendo el México Bronco, pero las autoridades federales ni siquiera se han dado cuenta. A la derrota de Napoleón Bonaparte en Waterloo en su ambición por conquistar el mundo, será también el ocaso y derrota del PRI, por su desmedida ambición, su descomposición y por su entreguismo a potencias extranjeras. Desgraciadamente la historia vuelve a repetirse.

Sólo un fuerte cambio de timón podría generar otra historia.

Y hasta la próxima.

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