Espacio Abierto: Consuelo de tontos


ppor  Manolo Victorio Valle

por Manolo Victorio Valle, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
por Manolo Victorio Valle, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Veracruz está metido en una licuadora.

En todos los segmentos que componen el tejido social campean el hartazgo y la incertidumbre.

Los comunicadores que por obligación laboral abordamos los temas de la agenda pública, terminamos asqueados con la podredumbre que emerge cada día. Los duartistas se están robando hasta la dignidad de los veracruzanos.

La impunidad es tal que se les ve en restaurantes de lujo sin ápice de humildad, con alardes de riqueza mal habida, comiendo y bebiendo como en los bacanales romanos. La gente los ve como cínicos profesionales, de carcajada estentórea y palabrería fácil, exhibiéndose como arquetipos de la impunidad en lugares públicos con una autocomplacencia que los proyecta socialmente –piensan ellos, erróneamente- con una aureola de santidad.

El nivel de saqueo es brutal. Veracruz está herido de muerte.

Sumidos en un letargo de pesimismo, los casi ocho millones de veracruzanos ven estos cuatro meses que faltan para que se vaya Javier Duarte como un vasto océano que hay que cruzar a brazada limpia. No es fácil.

Las residencias de descanso en Estados Unidos se amontonan en el archivo periodístico con una profusidad que encuera a la sorpresa, que inhibe a la indignación, que hace a la mente esforzarse para dimensionar el nivel del latrocinio.

No hay día que transcurra sin que reviente un escándalo de corrupción que empañe al inmediato anterior. Las cifras de los desvíos, redondeados por la Auditoría Superior de la Federación en 35 mil millones de pesos, nadan entre las enormes carencias sociales de Veracruz.

Empero, aquí seguimos estoicos, aguantando el vendaval, confiando en que a los hombres del poder saliente no se les ocurra desprender la marmolería de Palacio de Gobierno, dejando al pueblo veracruzano como una horda de tártaros, cohabitando en tiendas de campaña. Solo eso falta.

Apurando la reflexión, vestimos a la estupidez con el ropaje eufemístico de estoicismo para auto justificar nuestra inacción colectiva ante el descarado saqueo que sufre Veracruz. Nadie hace nada por frenar a este grupúsculo criminal que nos ha sumido en este torbellino de miseria. Luego entonces, no somos estoicos, somos tontos. Esa es nuestra realidad.

Los saqueadores se irán a disfrutar el botín al extranjero. Nunca más los veremos por la aldea. Quizá en este consuelo de tontos sea lo menos peor. Sin embargo, las empresas quebradas, familias desintegradas, esperanzas fracturadas por la falta de pagos, el campo desolado, la productividad reducida a cero, será una empresa cuesta arriba para todos. Recomponer la confianza será una tarea de todos.

Miguel Ángel Yunes Linares no será la salvación que esperamos en esta herencia paternalista que nos ha dejado el sistema. La cuestión será ver de qué costal sacarán los mercaderes de la política la esperanza que nos ofrecerán en 2018.

@ManoloVictorio mvictorio33@hotmail.com

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