GOBIERNOS DE COALICIÓN,
PARA EVITAR RATERÍAS

Quizá la idea-proyecto del ex jerarca del PRI nacional, Manlio Fabio Beltrones Rivera, tenga un fondo interesante de realidad cuando sugiere que ante la baja en la concurrencia de votantes a las urnas electorales y de acabar con el gobierno de un sólo hombre, lo prudente sería conformar en el futuro administraciones de coalición.
Es decir, que si la votación no incluye más que al 42 por ciento de ciudadanos registrados en el padrón electoral, se pueda dar una segunda vuelta o bien desaparecer ésta y que en su lugar el gabinete, que es el caso de la presidencia de la república, se conforme con abanderados de los distintos partidos en la competición.
Está claro que cuando el partido tricolor ejerció hegemónicamente el poder, la concentración de fuerzas se centraba en una sola persona, la cual, si tenía vocación de servicio, era altamente capaz y veía en la democracia la expectativa para promover el cambio y la felicidad del pueblo estaba garantizada, era más que suficiente.
Sólo que cuando sobrevino la pluralidad, igual el encono no permite de manera amplia que el hombre en el timón del poder pueda accionar con la libertad que debiera y se incurra entonces en la constante de los cuestionamientos, buscapiés y obstáculos que se le van anteponiendo para demeritar su mandato.
Lo malo, porque quien tiene que pagar los platos rotos es la ciudadanía y el estado en sí, que ha tenido que navegar en medio de los estruendos que produce la violencia, la inseguridad, la desigualdad social, que se agrava, y la pobreza que raya en la miseria que afronta una mayoría aplastante. El canibalismo político está llevando al despeñadero a un sistema que no ha podido resolver las grandes exigencias sociales y materiales de la sociedad.
Luego entonces, si el sistema político mexicano ha sido agotado, habría que presumir que para el 2018 se pudiera aplicar un ejercicio distinto, que permita a la pluralidad política asumir un papel protagónico a la hora de gobernar, dando su participación a los membretes partidarios que alcancen una suma de votos importante, lo cual se cree que podría evitar el choque de trenes que se da durante todo el sexenio, con la desesperanza de todo un pueblo para alcanzar los mínimos de desarrollo y paz social.
En la teoría de las ideas políticas se contempla la existencia de gobiernos de coalición, cuando el partido supuestamente vencedor no alcanza los mínimos del porcentaje pactado, como ha venido ocurriendo en este país, en donde más del 55 por ciento de ciudadanos no sufraga, tan sólo porque desconfía de que se respete su voto y se entregue el poder al membrete de siempre.
Probado está, en este sentido, el partido gobernante, a menos de la mitad del camino que debe cubrir constitucionalmente, denota cansancio, propicia el hartazgo y por supuesto la infelicidad de sus ciudadanos, el cual no encuentra expectativas ni el aliento para avanzar sobre un camino que está completamente minado.
* EN VERACRUZ, UN PRI
EN VÍAS DE EXTINCIÓN
Lamentable, pero cierto, la gran familia que fue en un pasado que comienza a ser remoto, el priismo contó con un partido plural, fuerte y ruidosamente registraba en sus filas a cientos de miles de ciudadanos que lo concebían como la única fórmula capaz de administrar los bienes del estado y ejercer el poder con alguna decencia.
Esto ocurrió en los años de mayor florecimiento de la causa tricolor, que fueron los que apadrinaron a personajes en los cargos públicos con una calificación que los distinguía por su valentía, vocación de querer hacer bien las cosas y la convicción de que respetarían las arcas del tesoro público.
No hay que olvidar que en tiempos ya idos Veracruz fue un gran productor de alimentos básicos, no sólo para su consumo, sino para la exportación al resto del mundo. El campo se trabajaba, los tres millones de campesinos que había hasta hace un cuarto de siglo vivían y producían la tierra, para nada venían a la ciudad y el membrete de la CNC y aquí la Liga agraria, se depositaban en manos de los grillos que no eran precisamente hombres que hubieran sudado la camiseta en el agro como Agustín G. Alvarado, los herederos de don Arcadio y Lorenzo Azúa.
Los obreros no salían de las fábricas y los académicos forjaban en las aulas a las generaciones de nuevos profesionales, que hoy día con dificultades se ubican laboralmente. Entonces el viejo régimen solía imponerse y la población de alguna manera lo consentía, pues el partido tricolor denotaba hegemonía, fuerza, distinción y sus vicios y corruptelas, las podía cubrir de alguna forma con el antifaz de estar haciendo un papel democrático y de atención a las exigencias de las mayorías empobrecidas.
Hoy, cuando se escucha que Héctor Yunes anuncia su regreso para buscar la gubernatura en 2018, creyendo que de esta forma silencia a José Yunes Zorrilla, quien anda en precampaña desde hace cuando menos tres años, los veracruzanos más sensatos se preguntan si únicamente –como en las guerras–, únicamente quedan dos combatientes por la presa que es en este caso la gubernatura estatal. Es decir, que el priismo sigue pensando que sólo uno, dos o tres son los dueños de la verdad partidaria y del destino de un pueblo.
Siendo que la gente está hasta el tope de políticos rapaces, porque siempre los había tenido, pero jamás le habrían robado sobre todo la esperanza y la paz, que de una y otra forma los siete y ahora ocho millones de veracruzanos, como quiera habían ostentado como bandera de cara al resto de entidades progresistas del país. Hoy, evidentemente no es así. Pero a sabiendas de que todavía no asume los poderes estatales el partido vencedor en la última elección y ya aprovechando la imagen «bonita» de la televisión, el candidato perdedor en la última jornada, anuncia que en 2018 irá por la revancha.
Tan adormecido estaba el pueblo que no había visto la suya en los últimos 35 años, o al menos eso creían los dos únicos candidatos priistas que han saltado al terreno de las especulaciones, para tratar de calentar planchas, siendo que está por estrenarse con un régimen de oposición a la causa, seguramente en vías de extinción por largo tiempo, del ex partido aplanadora. Al tiempo.
* DECISIÓN TARDÍA,
NO BENEFICIA A NADIE
Un tanto tardía la solicitud de licencia al cargo de gobernador que hizo el señor Javier Duarte, hoy a nadie beneficia ni aparentemente perjudica.
Hay un gobierno interino que dice que celebrará una transición en la forma más democrática, en santa paz y tranquilidad para todos.
Seguramente así será, porque es lo más deseable.
Sin embargo, los pendientes que consisten en adeudos millonarios, seguramente quedarán para ser resueltos por tribunales judiciales, es posible que se dé el arraigo de algunos de los cabecillas que se encargaron de las áreas álgidas del poder estatal y por ningún concepto habrá el funcionario, como aseguran algunos, que si ellos se van, también sus cuentas ya no las pagan.
Sobre este error de apreciación, debe aclararse a todos aquellos entes que se endeudaron y no pagaron a sus tantos acreedores, que las cosas no son tan fáciles como presumen. Los adeudos viejos y nuevos se pagan hoy o mañana, pero de otra suerte no puede ser. Los funcionarios que hicieron mal uso de sus cuentas, podrían ser arraigados y en los meses siguientes se les habrá de citar para comparecer ante las instancias judiciales, en las que se encuentren ubicados ya sus casos.
Lo otro, que tiene que ver con la violencia, la inseguridad y las matanzas que diariamente se realizan sobre espacios de tierras veracruzanas, es o serán parte importante del compromiso que asuma el gobierno de estreno, en el sentido de exterminar los males que agobian a los veracruzanos de hace cuando menos doce años. La urgencia es de un cambio de fondo en los rubros de la procuración de justicia, la aplicación de la ley y la violación a los derechos humanos.
Veracruz ha sido marcado históricamente en el resto del mundo, como una entidad violenta, pobre y atracada.
Muchos noveles políticos hicieron caso omiso de las recomendaciones que les rindieron al iniciar sus faenas, en el sentido de que tendrían que velar por la vida y el patrimonio de los veracruzanos. Un ejemplo de lo que no debiera ocurrir jamás, acaba de pasar como una severa pesadilla, con lo cual, igualmente, quedaron sepultados algunos viejos anhelos y esperanzas que al final del día hicieron crisis, provocaron que apareciera la práctica violenta, que hoy por hoy los veracruzanos de suyo quisieran dejar atrás para la eternidad.
El estado como institución que se dieron los hombres, previo un pacto para armonizar sus relaciones en sociedad, optó por tener un gobierno, uno de los tres elementos formales –como observan los teóricos de la ciencia política– para la existencia de aquélla y pudiera en la vida cotidiana de sus habitantes brindarles el bienestar que es lo mínimo a que tiene derecho la población para poder ser feliz, sin descontar los rubros de la educación, el empleo, la salud, la seguridad y recreación.
