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Comenzamos a partir de los 530 metros de altitud y el terreno se hace cada vez más accidentado, encontrando pedaceríos de piedra caliza casi a cada paso, y que ocultos por la hojarasca, causan tropiezos y caídas. El maestro Espacio Padelma Andrés Fernández se proveé de una vara para facilitar su ascenso, pues la pendiente se hace más pronunciada, no hay camino ni sendero que indiquen la dirección si uno se queda rezagado. Es muy común que, por diversas causas, la columna se fragmente o los punteros terminen siendo los últimos. Por ello es útil portar ropas de colores brillantes y vivos, para divisarnos fácilmente entre el verde y el ocre del terreno.