por María Elvira Santamaría Hernández

Perseguido por el terrorismo que originalmente incubó y que envuelto en ropajes religiosos y nacionalistas avanza con furioso paso, el miedo está aplastando las frágiles plantas de la igualdad humana que comenzaron a crecer en la segunda mitad del siglo veinte, reemplazándolas por semillas de odio.
Y pensar que por encima de nosotros, que solo somos las miopes y medrosas marionetas del planeta, los que deciden seguirán jugando a la guerra -creando o magnificando conflictos basados en el miedo y escudándose en credos, colores de piel o lengua, mientras ocultan sus verdaderos intereses económicos y estratégicos-, para redefinir fronteras, riquezas y zonas de influencia.
Sobre el desbocado caballo del miedo va un jinete tirano e inmoral con el rostro cubierto, que más tarde, quizá demasiado tarde para nosotros, mostrará su verdadero rostro.
