La cornisa


El pase de diapositivas requiere JavaScript.

por Adolfo G. Riande

Por Adolfo G. Riande, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana, desde el estado de Sonora

No sé cuánto tiempo he estado en el camino. Mi memoria ya no es tan eficiente y sé que fácilmente puedo distraerme y ubicarme en etapas irreales.
No obstante, sigo caminando lentamente. El camino se hace angosto, el viento helado golpea mi rostro y mi pelo canoso se agita como bandera. Me cuesta trabajo seguir, pero una voz interior me guía. Quedamente me llama a continuar. Por momentos me detengo, cierro los ojos, me recargo en mis vivencias. Ahora soy el chamaco que corre tras un balón. Soy el pequeñín que le robaba el jamón a Don Tomás y que cada domingo disfrutaba de las matinées y los refrescos cortesía del tío Fito.
Dejo el balón y las películas dominicales, para esperar a mi novia en el atrio de la iglesia, soportar la lluvia ante la esperanza de los besos. Soy además un joven preparatoriano que ve pasar de cerca a un convoy de soldados en una noche de octubre.
De regreso al sendero ,cada vez más estrecho, mi caminar se normaliza, mis pasos me conducen a la cima. De pie, veo un panorama diferente. Ahora sé que el camino es una larga cornisa que ha cincelado todos los días de mi vida.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.