por Celia Rosado Romero

Día día circuló por la avenida 20 de Noviembre desde hace más de 40 años. En el cruce con la calle de Francisco Javier Mina la Dirección de Transito colocó dos “topes” para que los peatones pudiera evadir los vehículos, dada la existencia del Hospital Regional de Veracruz.
El panorama siempre fue desolador por la cantidad de personas pernoctando en las afueras del nosocomio, en espera de poder visitar a sus enfermos para conocer de las condiciones médicas de ellos.
Tal situación cambio, pero no para mejorar sino para empeorar
Cuando en el sexenio de Fidel Herrera Beltrán, empoderado en el poder gubernamental, en el 2009, anunciará la magna obra de la Secretaria de Salud, la Torre Pediátrica, todos aplaudieron la idea y se regocijaron al tener la esperanza de un centro médico dedicado a los infantes.
Con un costo inicial de 190 millones y 300 días para que estuviera en funciones, fue la esperanza de la ciudadanía porteña.
La responsable, al ganar la licitación, fue “Gran Marca Proyectos” la meta era entregar a la población veracruzana infantil un espacio con asistencia médica de primer nivel.
Lo primero que ordenaron al iniciar la obra fue cerrar la vialidad de la calle de Iturbide, calle adyacente al Parque Ecológico, provocando un caos y un embudo de salida de este a oeste.
Ese espacio recreativo dejo de ser pulmón de la ciudad, al quedar encerrado por armatostes acondicionados como oficinas que la constructora edificó y que todavía persisten algunos de ellos, siendo un nido de alimañas y de amontonamiento de desperdicios.
Paso de ser una zona universitaria, en la parte trasera asisten miles de universitarios de las carreras de Medicina, Nutrición, Bioanálisis, Módulo de Salud e inclusive público al Instituto de Investigación Médicas –Biológicas, a un área de peligro y actualmente es imposible transitar, vehículos y peatones.
Con ello, contabilizamos más de una década de padecimiento vial, cuántos más, los vecinos, tendrán que esperar para poder circular, es una incógnita..
Los medios de comunicación, desde esa época han denunciado toda una historia de corrupción, transitando por el sexenio de Javier Duarte de Ochoa y de los anteriores secretarios de Salud, que no cumplieron su cometido al supervisar la obra y que tuvo como colofón el haberse desprendido plafones en un “norte” que llego al puerto con sus rachas de vientos huracanados.
Recordar las pifias y corruptelas, tanto de los responsables de la construcción en la licitación, así como de los garantes del diseño y especificaciones de la edificación, de los departamentos de Gobierno del Estado de Obras Públicas en concordancia con los encargados de las pasadas Secretarias de Salud, es redundante.
Valdría la pena investigar a esos ingenieros que permitieron la obra, en relación al porqué ahora se está derrumbándola. Constatando su irresponsabilidad de certificar la calidad de los materiales de construcción ni el diseño para incrementar los niveles, sin dejar fuera el famoso helipuerto del que se comentó estaría en la parte superior.
Por último, las interrogantes que me saltan a la mente.
Observo miles de toneladas de lo derrumbado, desde vigas, plafones, ladrillos, alambre, alambrón, etc., todo lo que no puede ser utilizado en la obra, ¿a dónde irá a parar?
¿Quién va a pagar todo ese monumento a la corrupción que le costó a los veracruzanos con sus impuestos?
¿Qué se piensa tirar?
¿Quién se beneficiara si se vende como escombro?
No vaya a ser otra jugarreta de algún amigo de un funcionario.
Es una oportunidad para una investigación periodística.
