EL PASEO DEL PENDÓN EN LA CIUDAD DE MÉXICO


por Mario Jesús Gaspar Cobarrubias, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
L.C.C. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias *
DERECHOS RESERVADOS

El Pendón (del latín pendere, estar colgado) es un tipo de bandera o estandarte utilizado como distintivo, señal o insignia desde la Edad Media con fines militares, Su forma más habitual era concreta o redondeada. Inicialmente eran un símbolo personal que utilizaban los caballeros en sus lanzas para indicar su presencia, entre los siglos X al XIII. Servían también para identificar unidades militares y a los potentados que podían organizar y llevar tropas al campo de batalla pagadas por ellos mismos: los señores de la nobleza, las ciudades y villas, las órdenes militares y los reyes, cuyo estandarte se conocía como Pendón Real y era el más importante de todos. Siendo usual que acompañara al rey portado por su alférez, y solía reflejar las armas reales en diseño heráldico. De este tipo de divisas provienen las actuales banderas nacionales.

Al evolucionar las poblaciones en villas y ciudades fortificadas y de importancia comercial, los reyes les otorgaron pendones en los reinos de León y Castilla. Siendo de uso exclusivo de sus autoridades municipales y portados por un funcionario exclusivo conocido como el alférez real ((del árabe al-fāris, el caballero o el jinete), que era el ayudante del monarca en los reinos del norte de la península Ibérica y en los cabildos era el regidor o el oficial a cargo de las milicias locales. Con el paso del tiempo este puesto fue ocupado por oficiales profesionales en la guerra y el alférez real derivó en un puesto honorario de gran prestigio social, cuya responsabilidad era principalmente ceremonial, siendo el encargado de llevar el pendón real en los actos públicos y pagar los festejos que los complementaba, por lo que debía ser un personaje de visible riqueza.

Siglos después, realizada la conquista de la ciudad mexica de Tenochtitlán por las huestes de españoles comandados por el capitán-general Hernán Cortés y los contingentes de indígenas aliados dirigidos por sus señores, se comenzó a desarrollar el virreinato de la Nueva España. Y por decreto de la real cédula del 4 de julio de 1523, el rey Carlos I otorgó su escudo de armas a las villas de Villa Rica de la Vera Cruz, fundada con cabildo en 1519, Ciudad de México, Medellín y Espíritu Santo (Coatzacoalcos) cuyos cabildos fueron establecidos en el año de 1522. Junto con la villa de Segura de la Frontera (Tepeaca) cuyo cabildo fue iniciado en 1520. Tales emblemas heráldicos fueron incorporados a sus respectivos pendones y por ley eran guardados y exhibidos en procesión por las calles a los pobladores en distintos momentos del año por las corporaciones municipales, demostrando fidelidad tanto al Dios verdadero de la Cristiandad como al monarca del imperio español.

Visualmente el escudo de armas de la Ciudad de México estaba constituido heráldicamente según la real cédula ya mencionada, de la siguiente manera:

«Que tengan por sus Armas conocidas un escudo, azul, de color de Agua, en señal de la Gran Laguna, en, que la dicha Ciudad esta edificada, y un Castillo, dorado, en medio, y tres Puentes de Piedra de canteria, y en que van a dar en el dicho castillo, las dos, sin llegar a él, en cada una de las dichas dos Puentes, que han de estar a los la-dos, un León Rampante, que hazga con la uñas en dicho castillo, de manera, que tengan los pies, en la puente, y los brazos en el castillo, en señal, de la Victoria, que en ella hubieron los dichos, Cristianos, y por la Orla, Diez hojas de Tuna, verdes, con sus abrojos, que nacen, en la dicha Provincia en Campo Dorado; en un Escudo a tal como éste, las cuales Armas y Divisa, damos a la dicha Ciudad, por sus Armas conocidas, por las que podáis traer, poner, e trayais, é pongais, en los Pendones, y Sellos, y Escudos, y Banderas, de ella, y en otras partes, donde quisiederes, y fueren menester; e según e como e de la forma y manera, que las traen, y ponen las otras ciudades, de estos dichos nuestros Reinos de Castilla, a quien tenemos dado armas» (Baca, 2009:38)

El día escogido para su desfile por la ciudad fue el 13 de agosto, que en el calendario religioso católico, es el día de San Hipólito, quien fuera en vida un soldado romano convertido al cristianismo. Se cree que era carcelero en los tiempos del emperador Decio, a mediados del siglo III. Fue martirizado por haber sepultado el cuerpo del diácono San Lorenzo, razón por la cual, su cuerpo fue arrastrado por las calles de Roma, atado a la cola de un caballo. Se le representa vistiendo armadura medieval, con un puñal o espada en el cinto y a veces acompañado de un caballo, al que se le ha atribuido un doble significado; pues representa el instrumento utilizado para su martirio y el complemento de su profesión militar.

Las fiestas a San Hipólito nacieron también como iniciativa de los españoles, con el objetivo de recordar a sus compañeros muertos en las batallas contra los mexicas y principalmente en la batalla del 30 de junio de 1520 -la llamada «Noche Triste»- en que el contingente cortesiano logró escapar del cerco de las fuerzas mexicas en Tenochtitlán, aunque perdiendo a cientos de compañeros por combate en las calzadas y ahogados al caer en las aguas del lago de Texcoco. Consiguieron llegar a Tlaxcala después de vencer al ejército mexica en la batalla de Otumba del 7 de julio del mismo año, regresando a establecer el sitio de Tenochtitlán el 26 de mayo de 1521. El 13 de agosto de 1521 fue el último día de guerra, cuando fue capturado Cuauhtémoc, último tlatoani mexica, por cuya orden los últimos focos de resistencia mexica depusieron las armas al finalizar el día.

De esta forma San Hipólito fue nombrado santo patrono de la Ciudad de México y en su honor se construyó un templo iniciado en 1599 y finalizado hasta 1740. Tuvo como antecedente la ermita de los Mártires que Cortés había mandado a construir en la calzada de México-Tacuba depositando los restos de sus hombres caídos durante la batalla de la Noche Triste. Los cuales fueron considerados mártires de la fe cristiana, coincidiendo además con los atributos militares de San Hipólito. Al recibir su escudo de armas en 1523, el 13 de agosto fue considerado también como el día de victoria fundacional de la Ciudad de México, instituyéndose para su uso público un ceremonial acorde a los usos y tradiciones de Castilla por parte del ayuntamiento.

La historiadora María José Garrido Asperó describe el Paseo del Pendón en su trabajo LA FIESTA DE LA CONQUISTA DE LA CIUDAD DE MÉXICO DURANTE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA:

«El paseo cívico-militar del real pendón comenzaba con la entrada la tarde del día 12 de agosto cuando se presentaban en la casa del alférez real dos contadores de la mesa mayor del Tribunal de Cuentas y dos ministros togados, los más modernos de la Real Audiencia de México, quienes por ley debían acudir a recoger al regidor-alférez a su domicilio. Una vez recibidos por éste y el regidor, que hacía las veces de padrino, daba inicio el paseo. Reunidos ahí con otros capitulares, militares de grado de la infantería española y miembros de la primera nobleza de la ciudad -previamente convidados por el alférez- todos montados a caballo formaban filas en pares. A son de timbales, clarines, chirimías y sacabuches se dirigían al Ayuntamiento. En la delantera marchaba el acompañamiento musical y después el alférez debidamente ataviado, quien era escoltado por los dos ministros togados. Seguían el regidor-padrino, los contadores, la caballería y cerraban filas los caballeros de la nobleza.

Así arribaban al Ayuntamiento donde efectuaban el saludo militar consistente en una salva de 21 cañonazos en honor del pendón que posaba en los adornados balcones de la casa de gobierno de la ciudad. Recibidos por los demás miembros del Ayuntamiento, efectuaban la ceremonia del pleito-homenaje. El regidor más antiguo tomaba el estandarte, que era custodiado por cuatro alabarderos; se lo entregaba al alférez, previo juramento de hacer buen uso de él, tratarlo con el decoro y la solemnidad debida y regresarlo al lugar de su custodia, todo en presencia del escribano mayor que daba fe de lo sucedido. Proseguía el paseo, formado por el escuadrón de dragones con las espadas desnudas e incorporados a caballo los restantes miembros de la ciudad. El alférez, enarbolando el pendón, ocupaba el mismo puesto, en medio de los ministros togados. Se dirigían en ese orden, y sin detenerse los clarines y timbales, al real palacio.

En el palacio aguardaban el virrey de la Nueva España, los ministros de la Audiencia de México, los oficiales reales y los funcionarios de los demás tribunales. Hechas las venias requeridas, se incorporaban al paseo, también a caballo. El virrey ocupaba entonces el lugar de en medio, el alférez con el pendón era colocado a su lado izquierdo y el ministro más antiguo de la Audiencia iba al lado derecho del virrey. Los dos ministros togados que habían venido custodiando al alférez se incorporaban con los restantes miembros de la Audiencia, inmediatos al virrey. Eran seguidos por el Tribunal de Cuentas, el Ayuntamiento, los oficiales reales, el resto de los tribunales, la caballería y la nobleza.

Desde el palacio, todos incorporados, se dirigían a la iglesia de San Hipólito. El paseo tomaba por la plaza mayor la calle de Tacuba hasta llegar a la iglesia de dicho santo. En ella eran recibidos por el reverendísimo padre general de San Hipólito y por cuatro padres capellanes de coro, miembros del cabildo eclesiástico, quienes acudían por su parte, ajenos al paseo cívico-militar. En la iglesia el estandarte era colocado en el presbiterio, en un pedestal, al lado del evangelio. Inmediato a él se sentaban en sillas de brazos y de terciopelo el alférez y su padrino. Los demás participantes ocupaban sus lugares en el cuerpo de la iglesia, según como se realizaba en las ceremonias de tabla en la iglesia catedral.

Terminados los oficios divinos, salía el paseo de vuelta con el mismo orden y acompañamiento por las calles de San Francisco hasta llegar al real palacio. En él se despedían el virrey, los miembros de la Audiencia y demás funcionarios reales que lo habían acompañado. Los dos ministros togados tomaban nuevamente el lugar que en principio habían ocupado, esto es a los lados del alférez. Del palacio, por la plaza mayor, se dirigía la comitiva al Ayuntamiento con el mismo acompañamiento. Ahí, el alférez hacía cumplimiento del pleito-homenaje devolviendo el estandarte real al lugar de su custodia. Después, acompañaban al alférez a su casa los mismos que habían ido a recogerlo, donde después del refresco que éste ofrecía a sus acompañantes, se disolvía y daba término la ceremonia del paseo del real pendón o estandarte real.

Al día siguiente, 13 de agosto, aniversario de la conquista, muy temprano, se repetía la ceremonia del paseo de la misma manera que la víspera. En este día, además de la misa de gracias celebrada en la iglesia de San Hipólito, se predicaba el sermón dedicado al estandarte real» (Garrido, 2006)

Durante el paseo participaban tanto los representantes de las poblaciones de origen español como indígena: al frente marchaban el estandarte real era portado por el alférez real del ayuntamiento de la Ciudad de México, acompañado del virrey o capitán-general del virreinato de Nueva España y del presidente de la Real Audiencia, que era el tribunal de justicia de más alto rango. Después seguían los miembros de la Audiencia, cabildo civil y cabildo Catedralicio, así como los caballeros e integrantes de la nobleza hispana e indígena -caciques cuyos señoríos fueron respetados y guerreros ennoblecidos con rango de caballeros cristianos-. Cerraban este destacamento de autoridades, los representantes de cofradías y gremios.

El ayuntamiento de la Ciudad de México mandó a hacer su primer pendón en 1528, a un costo de 16 pesos de oro, y meses después se hizo el estandarte real. El cuál inicialmente representó a la ciudad con un ceremonial instituido hasta 1532, año en que se hizo un pendón que conjugaba las armas del rey con las de la ciudad. Debido a que el 23 de octubre de 1531 se recibió la real cédula de la reina-gobernadora donde se vinculaba el alferazgo real con la Ciudad de México y se indica el protocolo a seguir en el futuro. El Paseo del Pendón era además acompañado de celebraciones religiosas, bailes, fuegos artificiales y corridas de toros por parte de los habitantes.

El Paseo del Pendón era un acto inherente a todas las ciudades del imperio español y si bien era por mandato real, estaba adecuado a las circunstancias locales, según las propias tradiciones de la población. En el caso de la Ciudad de México el acto era muy solemne pues fusionaba el auxilio que prestara el Santo Hipólito a los españoles el 13 de agosto, cuando el gran ejército mixto de indígenas y españoles ganó Tenochtitlán para la cristiandad, con la importancia de la ciudad como cabecera del virreinato de la Nueva España.

En los siglos siguientes, el Paseo del Pendón y su ceremonial fueron cambiando de significado para la población. Para el siglo XVIII pasó de recordar el periodo de la conquista, a centrarse en el ayuntamiento y ser parte de la identidad de la Ciudad de México. Después de 1809, cuando España estaba combatiendo la invasión de los ejércitos napoleónicos, se convirtió en el símbolo de las relaciones al interior de la monarquía española, entre la península Ibérica y los reinos americanos. A veces se le paseó en un vehículo y a veces a caballo.

El paseo del real pendón fue el elemento central de la fiesta de San Hipólito desde 1528 hasta el 1812, en que fue abolido por la aplicación de la constitución liberal de Cádiz promulgada el 19 de marzo de ese año. Sin embargo fue defendido por el ayuntamiento de México, pues no se trataba de justificar un vestigio del antiguo régimen, sino de una de las tradiciones municipales más arraigadas, que llevaba dentro de sí misma ya no el símbolo de la conquista sino el derecho del ayuntamiento a gobernar la Ciudad de México. Cuanto más que entre 1808 y 1815 este ayuntamiento se propuso como la única autoridad legítima en ausencia del rey Fernando VII, cautivo de los franceses.

La ceremonia fue restituida el 11 de febrero de 1815 por decreto del rey Fernando VII y promovida activamente por el virrey Félix María Calleja argumentando que en ella no había nada ofensivo a los españoles americanos. Sin embargo, dado el ruinoso estado de las finanzas públicas, se hizo el paseo en un coche y no a caballo, con evidente desagrado del ayuntamiento apegado a sus tradiciones desde siglos antes. De 1816 a 1818 se hizo de esta forma y fue perdiendo su vistosidad y solemnidad. En 1821 no se realizó pues el ayuntamiento era proclive a la causa de la independencia que sostenía el ejército Trigarante, pero tampoco se hizo mofa ni ceremonia de oposición al Paseo del Pendón.

Se siguió practicando en el México Independiente como una costumbre popular, consistente en llevar el estandarte del ayuntamiento capitalino a caballo, como parte de su identidad como ciudad principal. Durante el Primer Imperio Mexicano la ceremonia con la fiesta de San Hipólito conservó su importancia pues el 13 de agosto se consideraba como el de la introducción de la fe católica al territorio y aquella era una de las bases de la nueva nación que se declaraba católica, apostólica y romana. Casi un siglo después, el 15 de septiembre de 1910, se realizó la recreación del Paseo del Pendón en la Ciudad de México, con caballos y trajes del siglo XVIII, a escasos meses antes del estallido de la Revolución Mexicana (1910-1920).

En el siglo XXI ha resurgido gracias al esfuerzo de grupos hispanistas, recreando además las vestimentas, armas e insignias europeas e indígenas del siglo XVI, además de ser acompañados por quienes se ocupan en el mismo sentido del periodo de la Edad Media (476-1453 d. C.). Mismos que ofrecen al público no solo la historia y la ruta por donde marcha el desfile, sino también conferencias, diversos actos culturales y combates con trajes y armas antiguas, en las que sus portadores han invertido mucho tiempo de investigación histórica con la finalidad de acercarse en fidelidad lo más posible a los que muestran los antiguos códices y libros de antaño.

No se trata de un caso único, pues en la ciudad de Chilpancingo, Guerrero se sigue llevando a cabo, en el mes de diciembre durante el domingo previo a la Navidad y sin presentar conflicto con la tradición insurgente del Estado de Guerrero. Para la celebración, se reúnen en el antiguo barrio de San Mateo más de 150 grupos de danza tradicional provenientes de 75 de los 81 municipios de las 7 regiones del Estado. Con el desfile se inaugura la clásica feria de Navidad y de Año Nuevo. Esta tradición sobrevivió después de la Independencia y en Chilpancingo, con la edición de este año, se cuenta ya con una tradición que perdura desde hace 193 años. Es una fiesta en la cual participan más de 1 500 danzantes en el desfile y en 2021 contó con la asistencia de 200 000 personas. Con la celebración se genera una atmósfera de alegría, acompañada de música y del tradicional mezcal durante el desfile, multitudes de hombres, mujeres y niños fluyen disfrazados, de acuerdo con la danza representativa de su propio barrio o pueblo.

EN LA ACTUALIDAD

La recreación histórica del Paseo del Pendón resurgió en el año 2021 y en 2024 fue realizada a través del esfuerzo conjunto del Museo Nacional de las Culturas del Mundo, Comité Organizador del Paseo del Pendón de la Ciudad de México, Templo de San Hipólito, Youalli-Ehecatl, Promoción Cultural, Cuauhocelocalli, Héroes de Cavite, A. C., Aztecorum, México Hispano/Héroes de Cavite en México, A. C. y Furor Draconum.

CUAUHOCELOCALLI (Confederación de recreacionistas históricos de la época prehispánica mexicana, distribuidos en diferentes partes de la República Mexicana):

1. Rodrigo Adrián Bedolla Paz.
2. Víctor Manuel Escalante Hernández.
3. Melody Yamilet Fuentes Benítez.
4. Adolfo García Segura.
5. Stefany Juárez Ledo.
6. Javier Macias Figueroa.
7. Jorge Bertín Nicolás Salazar.
8. Miriam Sarahí Piña Segura.
9. Benjamín Ruíz Pachuca.
10. Xiucipactli.

FUROR DRACONUM (Equipo dedicado a la práctica y difusión del Combate Medieval Armado, mejor conocido como HMB):

11. Elías Emmanuel Olguín Guerrero.
12. Brenda Vianney Guerrero Balderas.
13. Adán Josué Lara.
14. Ricardo Aldaraca Fernández.
15. Román Ramsés Silva Espinosa.
16. Johan Reyes Pérez.
17. Gerardo Emmanuel Olguín Cervantes.

SOCIEDAD RECREACIONISTA DE MÉXICO (Recreación histórica de México, de 1519 a 1950):

18. Daniel Zanabria Iturbide.
19. Ernesto Alejandro Blancas Estrada.

RECREADORES INDEPENDIENTES (Fabricantes de su propio equipo en forma individual o en pareja):

20. ︎Airet Guadalupe Arvizu Plata.
21. María Lizbeth Alonso.
22. Ruth Carmona Jiménez.
23. Mario Alberto Sanabria Hernández.
24. Jessica Daniela Victoria Serrano.

COMITÉ ORGANIZADOR DEL PASEO DEL PENDÓN DE LA CIUDAD DE MÉXICO (Recreación del principal festejo cívico en la Ciudad de México durante el Virreinato):

26. Gerardo Alonso Tovar Ruíz.
27. Luis Samir Temoatzin Tovar Rodríguez.
28. Presbitero Manuel Berdeja.

MÉXICO HISPANO/HÉROES DE CAVITE EN MÉXICO (Asociación cultural de carácter internacional que trabaja en la investigación y divulgación de la historia del continente americano, con todos los beneficios que esto conlleva. Fomentando además un saludable debate acerca del pasado y futuro de Hispanoamérica, con pleno respeto de las raíces hispanas, indígenas, africanas y asiáticas, cuyo mestizaje generó el actual país de México):

29. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias (presidente).
30. Eduardo Vázquez Cruz (vicepresidente).
31. Daniel Pérez Mendoza (secretario general).
32. Emmanuel Ramírez Chávez (administrador de medios).
33. Cristián Alfonso Bautista Martínez (club de lectura).
34. Irene Rodríguez (vocal).

De acuerdo a su programa trazado, se inició la recepción de los participantes a las 9:00 AM en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, donde se prepararon con sus vestimentas y armas, para participar. También se hizo una sesión especial de fotos conforme se alistaban. Este año el desfile se hizo a la inversa de la ruta tradicional: partiendo de San Hipólito a la calle Dr. Mora y después Avenida Juárez y posteriormente a la de Francisco Madero hasta llegar al zócalo, marchando a paso ligero a lo largo de aproximadamente 2 kilómetros.

Después de ultimar preparativos, los diferentes colectivos participantes se pusieron en marcha al Templo de San Hipólito, localizado en el cruce del paseo de la Reforma y la avenida Hidalgo, donde a partir de las 11:00 AM se realizó la misa de gracias y donde se mencionó esta antigua ceremonia ligada a la historia del edificio.

A las 11:50 AM se formó la columna para partir hacia el antiguo edificio del ayuntamiento de la Ciudad de México y finalizar en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo. Antes de salir se realizó la representación de la ceremonia en que los virreyes nombraban a los llamados «Caballeros Tecles». Esto se remonta a la carta que en 1537 el virrey Don Antonio de Mendoza y Pacheco propuso al rey Don Carlos I la creación de una orden cristiana de caballería entre los indios, denominada «Orden de Caballeros Tecles».

La Confederación CUAUHOCELOCALLI los describe:

«Nuestro colectivo busca visibilizar la imagen histórica de los caballeros tecles, a través de la recreación histórica. Los tecles fueron la primera orden de caballería conformada por los nobles indígenas. Esta tomo elementos del concepto de la caballería medieval, así como de las costumbres indígenas asociadas al poder, como el uso de estandartes y divisas de plumas. Tecle, viene del nahuatl tecuhtli, que significa señor.

También fueron la primera generación de nahuas letrados en el latín y el castellano. Gracias a las obras históricas que escribieron, podemos conocer la historia de Mesoamérica, antes de la llegada de los españoles.

Para la nobleza indígena, que siempre tuvo un carácter multicultural y cosmopolita, conocer la cultura del viejo mundo era algo importante para legitimar su poder y proteger a su pueblo ante el nuevo orden político. Ganaron por las armas el derecho sobre sus tierras, conformando las repúblicas de indios, territorios donde pudieron mantener autonomía y preservar gran parte de sus antiguas costumbres.

Para nosotros es importante honrar la memoria de los caballeros Tecles, al ser los defensores de la cultura indígena, así como los primeros exponentes del verdadero mestizaje Mexicano.

Para nosotros es importante ir mas allá de los discursos polarizantes de indigenismo vs hispanismo y entender que Los mexicanos somos lo mejor de dos mundos. La hidalguía del viejo mundo y la ancestralidad mesoamericana» (Cuauhocelocalli, 2024)

Los Caballeros Tecles fueron el equivalente a la baja nobleza castellana -a la que pertenecieron Cortes y decenas de conquistadores- con los privilegios y obligaciones de ser hidalgos, pudiendo ser aceptados en cargos civiles y eclesiásticos, así como estar autorizados a montar a caballos y usar espadas. Como defensores de la fe cristiana, según los canones señoriales y aristocráticos vigentes en su época y también en sociedades fuertemente militarizadas como la de Japón del siglo XVI, se entendía que si los señores aceptaban el cristianismo, lo hacían no solo individualmente sino también a nombre de sus propios vasallos, por lo que no había contradicción alguna entre lo particular y general.

La columna fue encabezada por el Lic. Daniel Pérez Mendoza, secretario-general de MÉXICO HISPANO, A. C., quien se hizo cargo de guiar a través de las calles y avenidas, además de explicar asistido con micrófono y una gran bocina móvil, la historia y significado de los diversos edificios históricos ligados en diferentes siglos a los grupos sociales recreados en el Paseo del Pendón. Estos fueron:

1. Templo de la Vera Cruz. Cofradía de la Vera Cruz de Hidalgos y Conquistadores (por el cambio de ruta se pasó al Templo de Corpus Christi).

2. Templo del ex convento de San Francisco El Grande. Real Orden de Caballeros Tecles.

3. Ex Palacio de Iturbide. Nobles.

4. Templo de la Profesa. Órdenes religiosas.

5. Portal de Mercaderes. Comerciantes y artesanos.

6. Catedral Metropolitana. Jerarquía eclesiástica.

7. Antigua Real y Pontificia Universidad de México. Autoridades académicas.

La formación inició su marcha a las 11:58 AM observando en todo momento el buen comportamiento cívico y el respeto a las raíces indígenas e hispanas presentes en la población y arquitectura de una urbe tan cosmopolita como lo fue y sigue siendo la Ciudad de México. Se respetó la regla de no politización, no confrontación y la abstención del uso de comportamientos, símbolos y consignas partidistas. Gracias a eso, el desfile fue muy armonioso y llamó muchísimo la atención de los miles de mexicanos y extranjeros que tuvieron la oportunidad de verlo en las calles y avenidas.

A la vanguardia marchaba el alférez real, que este año fue el Lic. Gerardo Alonso Tovar Ruíz (actual tesorero de MÉXICO HISPANO, A. C.) portando el estandarte real con las armas de los reinos de Castilla y León. Se utiliza en la península Ibérica desde tiempos tan lejanos como 1230 por el rey Fernando III y es el mismo que enarbolaron los barcos del almirante Cristóbal al descubrir el continente americano para Europa en 1492 y los del capitán Fernando de Magallanes al dar la primera vuelta al mundo entre 1519 y 1522.

Fue acompañado por quienes recrearon las figuras del virrey y el oidor de la Real Audiencia, los representantes de la iglesia y la nobleza indígena. Después seguía el centro de la formación. En el flanco derecho por la infantería ataviada al estilo español del siglo XVI y armada con cascos, petos metálicos, lanzas, rodelas, espadas y ballestas, portando varios de ellos las banderas de la roja Aspa o Cruz de Borgoña sobre fondo blanco. Esta cruz es una representación de la cruz donde muriese el apóstol San Andrés crucificado en Grecia. Representa la humildad y sufrimiento, en la heráldica simboliza al caudillo invicto en combate.

A la izquierda caminaban los guerreros de la nobleza prehispánica con sus extraordinarios trajes y plumajes, estandartes atados a la espalda, armados con macanas de madera dotadas de cuchillas de obsidiana cortante (macuahuitl), escudos de madera ornamentados con grecas (chimalli) y protegidos con petos de algodón trenzado (ichcahuipilli). Uno de ellos tocaba una flauta prehispánica y otro de los guerreros bailaba cada tanto una danza.

En medio de la formación destacó la belleza y gran porte de varias jóvenes mujeres vestidas con las túnicas holgadas mesoamericanas (huipiles) y adornadas como hijas o esposas de la nobleza indígena, portando abanicos hechos con material propio de su cultura. Una portaba su estandarte de la Cruz de Borgoña e iba vestida con un traje que ya mostraba influencia europea como el que podría haber llevado Malintzin (también conocida como «Doña Marina» o «La Malinche»).

Representando a Tlaxcala hizo acto de presencia una siempre sonriente dama con un refulgente huipil azul acompañada de su pareja que mostraba con orgullo la bandera rojiblanca con el escudo de armas de Tlaxcala concedido el 22 de abril de 1535 al señorío de Ocotelulco que representaba a toda la ciudad.

Otra joven con cabello peinado en trenzas y ropaje color naranja, caminaba armada con escudo y macuahuitl, rindiendo silencioso homenaje al valor heroico de las mujeres tanto hispanas como indígenas que participaron en las batallas con igual valor y determinación que sus hombres. Pues muchas acompañaron a sus esposos, padres, hermanos y parientes en las expediciones, refriegas e igualmente sufrieron y murieron a causa de las penalidades inherentes a esta época de grandes cambios y violencia en todos los continentes.

Cerrando la retaguardia caminaba el impresionante grupo de caballeros medievales, con sus pesadas armaduras, cascos y cotas de malla. Aunque el evento retrata a la sociedad novohispana del siglo XVI y no a la europea feudal de los siglos XIV y XV, el armamento de los españoles y que después fue copiado y adaptado por los contingentes indígenas -como tlaxcaltecas y mexicas entre otros después de 1521- que les acompañaron en la conquista de lejanas tierras América del Norte, del Sur y las islas Filipinas, es descendiente tecnológico de ellos.

La columna fue acompañada por un nutrido grupo de compañeros de las diferentes asociaciones, que iban realizando la cobertura fotográfica, grabación en video, distribuyendo agua y asistiendo en la relatoría histórica, sin importar su rango dentro de sus propios grupos. Procedentes de diversas partes del país, vinieron personas desde Tlaxcala, Veracruz, la Ciudad de México, España, los estados vecinos a la capital, etcétera. Esta sinergia fue fundamental en el éxito del Paseo del Pendón, al que se sumó una considerable cantidad de personas que se interesaron en saber que se representaba y acompañaron la caminata.

En cada parada, muchos se tomaron fotos con las damas de la nobleza y con los guerreros que les acompañaban, dándole un aire mezcla de solemnidad y festividad, que era muy seguramente lo que también se buscaba impregnar en la población hace siglos. A pesar de incorporar a las autoridades civiles, religiosas y militares con todos los caracteres solemne, respetuoso y marcial que conllevan, el Paseo del Pendón era también una fiesta del pueblo y por ello reflejaba las integraciones, contradicciones y peculiaridades de la sociedad que lo llevaba a cabo.

Fue un momento especial cuando hacia las 12:45 PM, abriéndose paso en medio de miles de ciudadanos, turistas y comerciantes, la formación llegó a la réplica de la pirámide de Kukulkán (dios maya de la lluvia y los vientos) levantada en el zócalo de la Ciudad de México. Recibida también con el repique de campanas de la catedral, hizo imaginar por varios minutos como pudo haber sido el arribo del ejército mixto de españoles, totonacas, tlaxcaltecas, auxiliares africanos y otros aliados a Tenochtitlan el 8 de noviembre de 1519, siendo recibidos en paz por el tlatoani Moctezuma Xocoyotzin. Fue el momento cumbre del desfile y la pirámide recreó con su imponente arquitectura, la unión de las dos grandes civilizaciones que dieron origen al México actual. Ahí fue la sesión de foto grupal más emotiva por parte de los integrantes del desfile que desplegaron totalmente su alegría y las numerosas personas que supieron admirar y valorar la belleza y marcialidad del trabajo hecho por los recreacionistas.

Siendo justos, la recreación histórica no es disfrazarse con cosas que haya al alcance, se trata de una actividad especializada que busca, recrear o volver a la vida el pasado con la mayor fidelidad posible. Desde ropas hasta comidas, pasando por la reconstrucción de armas y herramientas y llegando a la tematización de entornos históricos. Por ello no es raro que muchos recreacionistas sean historiadores, arqueólogos, investigadores y personas que invierten gran cantidad de tiempo, dinero y esfuerzo en reconstruir lo que fue, pues no basta con hacerse un traje llamativo a la vista, sino que debe hacerse con los materiales, técnicas, estilos y usarse con los movimientos, actitudes y lenguaje más aproximados a los originales. Para eso se estudia mucho, se trabaja con artesanos, herreros, armeros y se entrena para darles el uso correcto y no simulado, sobre todo si se trata de armas. La dedicación de los recreacionistas en el Paseo del Pendón fue destacada y digna de todos los elogios.

También emotiva fue la parada en el antiguo palacio del ayuntamiento de la Ciudad de México, a donde se llegó a las 1:04 PM. Ahí era el punto de partida original del estandarte real. Hubo otra sesión especial de fotos con la población presente y buena interacción con ella. Gracias a la buena organización, el único percance registrado fue cuando una de las jóvenes recreacionistas vestida a la usanza mexica y armada con escudo y macuahuitl perdió el sentido al sentirse mal de salud, pero fue rápidamente atendida por su novio -un historiador vestido y armado como piquero español- y el personal médico del área.

En el trabajo de recrear el pasado, no fue raro ver parejas en que participaban ambas partes o acompañaban al ser amado, ayudándole con el equipo o dándole ánimos. El apoyo y solidaridad entre novios y esposos es muy importante, pues por un lado motiva al esfuerzo físico cuando se cargan muchos kilos de metal sobre el cuerpo o se despliega la belleza con su intrínseco mar de emociones. Y por otro, refuerza el vínculo emocional y amoroso al compartir la misma actividad y hacer su respectivo esfuerzo por el éxito en común, desde cargar parte del armamento, dar agua en el camino y hasta conseguir las telas hechas por artesanos, lo cual no siempre se logra.

Hacia la 1:30 PM finalizó el desfile regresando a descansar y almorzar en el interior del Museo Nacional de las Culturas del Mundo. El día fue excelente para caminar -como dicen los practicantes del senderismo- pues fue nublado, fresco y si bien hubo amenaza de lluvia, esta se registró muchas horas después.

Hubo tiempo entre el retorno y las 3:50 PM, para hacer la gran sesión de fotos oficiales por el joven fotógrafo Erick Vega y organizada por el Lic. Cristián Alfonso Bautista Martínez (quien coordina el exitoso Taller de Lectura de MÉXICO HISPANO, A. C. con el valioso apoyo desde Michoacán, de Emmanuel Ramírez Chávez actual administrador de medios de la asociación). Muchos participantes no pudieron quedarse hasta el final pues tenían diversos compromisos que atender. Por lo que al final de la espectacular demostración de combate individual y en grupos de los caballeros medievales -con golpes no simulados y con armas sin filo para evitar heridas-, se hizo la despedida por los representantes de cada colectivo, correspondiendo a Eduardo Vázquez Cruz, actual vicepresidente de MÉXICO HISPANO, A. C. dar los agradecimientos por la entusiasta participación en el Paseo del Pendón del año 2024.

Después, en uno de los salones del Museo dio inició un delicioso almuerzo con pizzas y se dio paso a un conversatorio donde conducidos nuevamente por Daniel Pérez Mendoza, intervinieron el arqueólogo Jorge Bertín Nicolás Salazar, miembro de la Confederación CUAUHOCELOCALLI, quien desfiló ataviado como Caballero Tecle, armado con escudo indígena de colores verde y amarillo y una espada europea, protegido el torso con un peto de algodón trenzado para defenderse de flechas y cortes. Y el comunicólogo dedicado a la investigación y exploración históricas desde hace 15 años, Mario Jesús Gaspar Cobarruvias, originario de la ciudad de Veracruz y actual presidente de MÉXICO HISPANO, A. C. Fue su primera participación en el Paseo del Pendón e hizo del viaje después de impartir éxitosamente una conferencia de Fortificaciones del Camino Real de Veracruz a México en la ciudad de Orizaba, para apoyar a sus compañeros de Mesa Directiva, realizando la dinámica cobertura fotográfica y en video del desfile a nivel de calle, además de escribir la crónica detallada ayudado por los datos de los organizadores. Se habló de la importancia del mestizaje y de los ayuntamientos en la vida y formación de México como país desde el siglo XVI.

En la sesión de preguntas y respuestas, se trató de responder a la cuestión si el ayuntamiento fundado por el capitán-general Hernán Cortés hacia el 20 de mayo de 1519 -no el 22 de abril- en los arenales frente al islote de San Juan de Ulúa y para la población llamada Villa Rica de la Vera Cruz, era legal o no. Para mayor comprensión de los asistentes, se explicó iniciando con los antecedentes de aquella expedición en Cuba, la promesa de poblamiento, la división en bandos estando ya en las costas veracruzanas obteniendo oro por el comercio pacífico con los indígenas y los regalos enviados por Moctezuma, los problemas entre el teniente de gobernador Diego de Velázquez y Cortés, los parentescos entre los capitanes, la justificación en las Leyes de las Siete Partidas del rey Alfonso X y como los reyes de España tuvieron que objetar y a la vez premiar, los esfuerzos de sus súbditos en tierras lejanas, donde por las comunicaciones de la época, no se podían aplicar las leyes con igual fuerza que en la península Ibérica. Cuanto se hubo que negociar y sancionar dando poder y autonomía a los cabildos hispanoamericanos, habiendo diversos casos parecidos al de Cortés, como el de Fernández de Enciso y Núñez de Balboa en la selva del Darién en 1510. Se expusieron también las opiniones que vierten en sus libros, los ilustres historiadores Juan Miralles (mexicano, autor de HERNÁN CORTÉS, CONSTRUCTOR DE MÉXICO) y Demetrio Ramos (español, autor de HERNÁN CORTÉS, MENTALIDAD Y PROPÓSITOS) para determinar con un buen conocimiento del contexto, usos, costumbres y leyes de la época, cuantos de los actos de Cortés eran ilegales o legales y sobre todo, a los ojos de quien y el por qué de su realización. La cuestión es mucho más compleja de lo que el público muchas veces reduce a simples afirmaciones a favor o en contra pero que no hacen justicia a los personajes históricos en debate.

En medio de aplausos y felicitaciones, se clausuró el evento del Paseo del Pendón a las 4:49 PM. Sin embargo, después de limpiar la parte utilizada del Museo y dejar todo en orden, los últimos participantes abandonaron el edificio hasta las 5:36 PM, cerrando un capítulo más en el estudio y difusión de la historia de América y la construcción de una sociedad más tolerante y justa para todos.

* El autor es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Veracruzana titulado con honores en 2003, director del equipo de Exploración y Estudio del Camino Real de Veracruz a México, director de Investigación, Análisis y Proyección Históricas del Proyecto Ruta de Cortés del Consorcio Constructor de Empresas Mexicanas y coordinador-estatal de cultura del Estado de Veracruz en la Promotora Nacional de Economía Solidaria. También es miembro-historiador en Cronistas de Veracruz, A. C., del Patronato de la Casa de la Cultura en ciudad José Cardel, de los grupos culturales Arte, Ciencia y Cultura, Amigos del Museo Comunitario del Cocuite y en los comités “Conmemoración Batalla de Tolome 1832” desde 2020, “Festejos 180 años del Ilustre Instituto Veracruzano” y “80 años de la escuela primaria Salvador Díaz Mirón”. Es presidente de México Hispano/Héroes de Cavite en México, A. C., presidente del comité Veracruz-Boca del Río en Profesionales por México, A. P. N. y miembro de la Academia Nacional de Historia y Geografía Filial Veracruz. Es diplomado en Historia del Arte prehispánico, colonial y mexicano por el Instituto Veracruzano de la Cultura, explorador/guía senderista, conferencista internacional, documentalista, fotógrafo profesional, poeta, artista plástico y audiovisual. Ha sido dos veces galardonado con la medalla y diploma de honor de la Institución de la Superación Ciudadana del H. Ayuntamiento de Veracruz y el Conservatorio Nacional de Historia y Civismo, tiene el nombramiento honorífico de «Hijo adoptivo del pueblo de Tolome», entre otros muchos reconocimientos a su trayectoria profesional para México y otros países de América y Europa.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Miralles, Juan. HERNÁN CORTÉS, EL INVENTOR DE MÉXICO. Tusquets Editores, 1a. Edición, México, 2001.

Ramos, Demetrio. HERNÁN CORTÉS, MENTALIDAD Y PROPÓSITOS. Ediciones RIALP, S. A., Madrid, 1992.

REFERENCIAS ELECTRÓNICAS

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https://ellaberintodeanansi.com/2024/08/24/galeria-paseo-del-pendon-2014/

Giraudo, Laura. CONQUISTA Y CONSTITUCIÓN: EL PASEO DEL REAL PENDÓN EN LA CIUDAD DE MÉXICO (1809-1810). Estudios Iberoamericanos, junio de 1999:
https://digital.csic.es/bitstream/10261/34309/1/Paseo_Real-Giraudo.pdf

Garrido Asperó, María José. LA FIESTA DE LA CONQUISTA DE LA CIUDAD DE MÉXICO DURANTE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA. Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, México, 2006:
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Bustamante García, Jesús. NUEVA ROMA: EL SEÑORÍO INDÍGENA NOVOHISPANO Y SU ASIMILACIÓN POLÍTICA (LA ORDEN DE CABALLEROS TECLES, EL COLEGIO IMPERIAL DE SANTA CRUZ Y LAS NUEVAS ÉLITES DE PODER LOCAL. UAM Biblioteca, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2001:
https://repositorio.uam.es/bitstream/handle/10486/1244/17129_D1.pdf?sequence=1&isAllowed=y

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